Ayer y anteayer estuve en CIMUAT.
Las siglas no ayudan mucho a saber qué pudo ser eso. El caso es que ayer noche no pude dormir, tampoco la noche anterior. En CIMUAT conviví con muchas mujeres y algunos hombres. Ayer comí con C. Curiosamente C. yo nos conocimos hace 17 años durmiendo en un autobús, de noche, frente a las costas de Niza. Cuando conoces a alguien durmiendo le tomas mucho cariño. Así que pasan los años y cada vez que nos encontramos mi percepción de C. es la de un almohadón mullido, y por breve que sea el encuentro acabamos recostando lo que tenemos en ese momento en la cabeza, en el hombro del otro.
Fue un congreso. El Congreso Internacional Mujer Arte y Tecnología en la nueva Esfera Pública, y por raro que parezca se celebró en Valencia. Con todo lo monolítica y obsoleta que puede llegar a ser la estructura de un congreso institucional es meritoria la capacidad de sus directoras, Mau Monleón y Empar Cubells, para crear, convocar y organizar un evento tan rico y tan necesario. Vaya por delante mi agradecimiento por tantas horas compartidas de pensamiento y de desvelo, y por todas las horas de fructífero placer en solitario que, prueba de ello es este post, ya están viniendo.
¿Y por qué os cuento esto? Creo que merece la pena ser un altavoz horizontal de la memoria, y por cierto, pido disculpas por las posibles lagunas y las imprecisiones, para más info recurrid a la fuente oficial.
Gail Levin habló de Lee Krasner, a quien conoció personalmente en sus años de estudiante. Vimos a Lee Krasner ser entrevistada en algunos vídeos, “no se puede cambiar una historia de miles de años, pero si que puedo cambiar el presente”. Lee Krasner fue Lee Krasner, pintora de impresionante talento y producción artística, además de ser la mujer-viuda de Jackson Pollock: “¿Qué posibilidades tengo yo de tener una perspectiva objetiva de mi obra? Primero por ser mujer y segundo por ser la viuda de Pollock. Todos los que están unidos por interés al “mundo Pollock», subrayan estos prejuicios… ¿Qué posibilidades tengo yo de obtener este punto de vista objetivo que tienen otros artistas?»
Marina Núñez hizo una interesantísima reflexión sobre el canon hegemónico de lo que es considerado una persona “normal” y una persona cuyos atributos pueden llegar a alterar el orden establecido. Observó que mujeres, monstruos y locos han compartido en su devenir simbólico tres categorías que los definen como seres inestables, inquietantes y perturbadores: la capacidad para metamorfosearse, la multiplicidad y la conectividad. Concluyó evidenciando que pese a que se observa también una feminización de un canon que se ha quedado estrecho y represor sigue existiendo una incoherencia debilitadora de esta autonomía, y es que lo que no es propio sigue siendo considerado contaminante. María mostró algunas de sus video-creaciones digitales, y vaya, qué interesantes son, no os las contaré, es absurdo hablar de imágenes… !Buscádlas!
María Llopis empezó su ponencia exhibiendo partes de su cuerpo ante una webcam. En la pantalla gigante se proyectaba su equipo, acababa de entrar en una página que funciona como una enorme ruleta rusa masturbatoria digital y un hombre se entusiasmaba con la idea de ella. A la mujer le está vedada la mostración de su cuerpo, pese a que el 90% de las mujeres que hay en los museos están desnudas, María hablaba de que su dignidad va mucho más allá de la mostración o la ocultación de su imagen y que no pensaba que a ellos, a los hombres, les importara tanto mostrarse. Así era, un tipo tras otro se mostraban ahí, postrados, masturbándose ridículamente ante una audiencia mayoritariamente femenina, en un congreso feminista, como objetos sexuales descontextualizados, desposeídos de todo deseo, básicos, esperpénticos. Bastaba para excitarlos con que ella enseñara un pecho, una cadera, un ombligo, o simplemente su hombro cubierto por una camiseta negra, mientras leía su ponencia. María incluyó citas a su último libro, una reflexión sobre el amor por la máquina y breves referencias a sus proyectos de vídeo sobre la barbarie y la brutalidad conceptual de las intervenciones ginecológicas actuales…Next, next, next.
Luego vinieron las responsables de Donestech y presentaron su proyecto. Ya no sé si en ese momento o en otro, el caso es que se habló mucho de Software libre. De la necesidad de no ser sólo grandes prosumidoras de contenidos sino creadoras de plataformas libres… Se habló de las cuentas censuradas en Facebook, en Myspace, en Flickr… Y confieso que aquí, salí al baño, lo siento.
Por la tarde Berta Sichel y Gloria G. Durán hablaron de cómo el vídeo fue una herramienta básica de trabajo para las mujeres artistas de los años 70, mención destacable el trabajo de Valie Export. También presentaron el proyecto de Suzanne Lacy sobre la violencia de género, “El esqueleto tatuado” que se expondrá, difundirá, en el Reina Sofía este próximo mes. Al respecto de este proyecto tuvimos al día siguiente un enconado debate, cosas de la pelirroja…
Por la tarde Claudia Giannetti denunció la muerte de la crítica de arte a manos del mercado, de los museos y del efecto inhibidor del poder de los media. Habló de cómo los museos se convierten en un desfile de cuerpos femeninos desnudos y de cómo el arte feminista contribuye a través de la falacia de las buenas intenciones y la tecnocultura a estos clichés, bajo la máscara neológica del ciberfeminismo. Incidió en la occidentalización de la forma de mirar, somos un producto de la colonización del imaginario, la estética se ha mundializado. Claudia afirmó que existe un falso gusto por lo exótico y lo reprochable de otras culturas, sobre las que se sigue proyectando una mirada domesticada en el discurso neoimperialista. A este respecto criticó, por ejemplo, la insensatez de Shirin Neshat y calificó sus fotografías de ingenuas, de un neorromanticismo nefasto que muestra la diferencia de su propia cultura bajo un prisma occidental y patentiza la explotación y la discriminación. ¿Su conclusión? Liberar la mirada del barniz superficial, de la crítica hipócrita y los discursos triviales. Que la artista se defina como una outsider capaz de cuestionar y derrumbar los estereotipos diseminados por este potente mercado que controla Internet y la tecnocultura. (¡Casi nada!)
Ana Martínez Collado charló sobre políticas feministas, mencionó algunos proyectos expositivos, entre ellos el que la misma Ana Navarrete explicaría con detalle en la siguiente sesión, y de cómo las nuevas tecnologías pueden aplicarse la los estudios de género y las prácticas artísticas. Los enlaces a Cyberfem y Tegpa fueron algunas de sus contribuciones.
Marisela Montenegro, portavoz de Generatech, se puso de pie en el atril y nos proporcionó un agradable momento de verticalidad. Marisela comenzó con una premisa, la tecnología está “generizada”, el binomio género-tecnología reifica el binarismo patriarcal de género. Si entendemos el género como un proceso dinámico de interacción, entonces es necesaria una perspectiva tecnofeminista. Como solución abogó por el código libre y estableció una metáfora de trabajo interesantísima: Si el código es equiparable al cuerpo y establecemos un código libre entonces el cuerpo será más libre y esto permitirá subversiones más amplias y por lo tanto una cultura más libre. ¿Su objetivo? Contribuir a la producción de nuevos imaginarios y nuevas subjetividades a través de la práctica cotidiana, una libre generación de experiencias y un libre flujo de conocimientos en la plataforma virtual. Sus compañeras, admirablemente anárquicas le echaron en cara el haber aceptado participar en una mesa institucional y es que es cierto que lo queer y otras posiciones combativas dejan de ser lo que son cuando son absorbidas, nombradas siquiera por la institución, por ese formato jerárquico del congreso, que ya establece un orden y un poder en el discurso. Unas hablan, por turnos y las otras callan. Interesante intervención. Mucho.
¿Cansados? ¿Cansadas? Noooooo, ¡!!esto fue sólo la primera sesión!!
Imaginad como bullían las cabecitas. Todo eran preguntas ¿Y qué podemos hacer? Casi cuatrocientas personas reunidas en esa catacumba, pensando en la igualdad de género, en liberar la mirada y la cultura, en el cese de los feminicidios en Guatemala, México, España… Y sin esperarlo, un minuto de silencio por una nueva persona asesinada en Madrid a manos de su ¿…? (aquí debería ir su foto y su DNI) Y la noticia de que ha desaparecido el Ministerio de Igualdad, y las declaraciones del zangano ese con respecto a los morritos de la ministra, y el poema del académico de la RAE sobre los huevos del ministro saliente y la apología de la prostitución que ese otro líder simbólico de la comunidad patriarcal hace en su último libro… ¿Y qué podemos hacer?
Remedios Zafra abrió las charlas del día siguiente. Me deslumbró su idea de pantalla fantasmática y la relación que estableció a caballo entre lo público y lo privado, entre espacio (ciber), trabajo y subjetividad. Fue realmente inspiradora su visión del cuarto propio conectado como un lugar en casa, feminizado, doméstico, en el que no sólo hay que estar, sino al que hay que volver después de haber salido. Las habitaciones conectadas permiten cada vez más una mirada inmersiva y son muchos los grupos ajenos a instituciones unidos por vínculos afectivos y por la cohesión de compartir proyectos que están realizando una labor artística y activista impresionante. Donna Haraway ya preconizó esta huída de la identidad hacia la afinidad en su manifiesto Cyborg. Se habló de trabajo inmaterial y también de cómo esos jóvenes varones creadores de grandes negocios con estructuras patriarcales han podido disfrutar de tiempo para la creación en el cuarto propio porque alguien cercano, una mujer probablemente, ha invertido su tiempo resolviendo las labores domésticas de esos muchachos triunfadores. ¿Quién hace qué y a costa del trabajo de quien? Remedios invitó a la creación de nuestras propias herramientas, presentó X0y1 e invitó a transgredir los límites de la institución para conseguir un cambio colectivo de imaginario que contagie a las industrias culturales y de producción del imágenes. Me impregnó su idea de que el cuarto propio es espacio propio con potencia revolucionaria, es tiempo para jugar, para hacer y deshacer máscaras, tiempo propio para la creación, frente al tiempo veloz y ligué eso a lo que decía María Llopis sobre el teclado pegajoso por los flujos, en resumen un guiño al manifiesto de Anne de Haan “ De vagina is de bass op in internet”.
Monika Fleischmann presentó algunos proyectos artísticos basados en las nuevas tecnologías, entre ellos “Energie passagen” y “Liquid views”. Tienen su web y son harto visuales, así que no me extiendo.
Spiderales presentó Lorea, redes libres, federadas y autogestionadas, una iniciativa tecnológica de constitución de redes sociales basada en la privacidad de los datos, en la visibilidad y en la interconectividad entre redes de diferentes intereses, que funciona hace un año y tiene visos de permanencia. Partidarias de una web semántica, dicen que van por el buen camino porque: son tachadas de ilegales, son menospreciadas por los illuminati de las redes y no ganan dinero por ello. Las visitaré.
Gloria G. Durán intervino en nombre de Toxic Lesbian presentado la labor de activismo que como colectivo realizan y su participación en el proyecto de Suzanne Lacy, “El esqueleto tatuado”. Fue entonces cuando se produjo el debate sobre la pertinencia de la estrategia comunicacional de basar este proyecto artístico en la visibilización reduccionista de la figura de la víctima, mediante testimonios, videos con estética snuff y performances algo autopunitivos. Sobre si sería necesario un cambio de estrategia comunicacional que visibilice al agresor y evite esa dinámica a que los medios nos tienen tan acostumbrados: a la invisibilización del maltratador y la omisión salvatífica de su imagen, lo que le concede total impunidad social, evitando su reprobación, su escarnio público. Y es que en la tradición judeo-cristiana la imagen de la víctima genera un dispositivo de pasión pero no de salvación. La victima es lo que es porque es insalvable, esa es su categoría y es inamovible, así que ¿tiene sentido tiene volver a incidir sobre ella y crear, ingenua o irresponsablemente más material audiovisual que contribuya a solidificar desde la violencia simbólica esta categoría, esta perpetuación de la mirada patriarcal sobre el asunto de la violencia de género? ¿Qué sentido tiene que sea precisamente un grupo de personas con conciencia de género quienes lleven a un museo esta mirada, que cae sin pretenderlo de nuevo en la trampa hegemónica, tan manoseada ya por los mass media? Tal vez un cambio de conciencia colectivo ayude a un cambio en las actitudes individuales.
Monterrat Boix, especialista en teoría de la información que presentó un fabuloso blog personal lleno de interesantes vínculos (El manifiesto de la zorra mutante de las Venus Matrix, mujeresenred.net, exgae, la taberna del escocés, hacklabs, redsostenible, fundación casa del bosque, la obra de Francesca de Rimini, barbie liberation, Hypatia…) se sumó a este debate afirmando que ha costado mucho tiempo hacer que los medios muestren a las víctimas, pero que es necesario ir ahora más allá del mero conteo y lograr otras narrativas.
Berta Sichel y Gloria G. Durán defendieron el proyecto, es probable que pocos minutos de presentación hicieran maltinterpretar un laborioso trabajo bien planificado, el caso es que dio la sensación de que dentro de los límites de un profundo respeto, la audiencia deseó que más allá de la defensa existiera una reflexión posterior al congreso y previa a la exhibición. El caso es que las charlas de la tarde arrojaron intensa luz sobre estas cuestiones.
C. y yo comimos juntos una ensalada al sol, en un banco de madera en el ágora, rodeados de césped y estudiantes. Entre gamba y lechuga C. que tiene niños y pareja estable desde hace tiempo, dice: -al menos vosotras sabéis dónde estáis, lo que sois. -No te creas. Le respondo, -ahora pienso que no soy lo bastante femenina para responder a los estereotipos de la masculinidad, ni lo bastante hembra para responder a las provocaciones de las feministas más extremas…C contesta: ¿Y yo? No me siento identificado con la categoría de hombre que la sociedad me impone. Y sólo hay que mirarlo, tan mullido, para darse cuenta de que en efecto no es un hombre al estilo de ..la RAE.., es un sol. –Tenéis mucho trabajo por hacer, le digo entre risas, es a vosotros, a los hombres que tenéis una sensibilidad distinta, a los que os corresponde uniros por un movimiento que busque la igualdad, por homologar el término machismo al término feminismo, por lograr positivizarlo, desterrar su significado y a los que en él se significan. –Ya. Dice, -pero somos cómodos, aunque no me sienta un hombre al uso, me aprovecho de todas las ventajas que el sistema patriarcal me proporciona, ninguno de nosotros tenemos necesidad de buscar una igualdad. Sé que C. está en lo cierto y que también se equivoca, en esa ilusión de libertad, hay muchas parcelas que os están prohibidas.
A las cuatro de la tarde Patricia Mayayo Bost que tiene publicados algunos libros que leo y leo con avidez estos días, pronunció un discurso apasionante, inteligente, vindicativo y muy bien construido sobre bases teóricas y ejemplos claros. Lo tituló “Del harén colonial al sexo global. Arte, industria del sexo y tecnologías de control del cuerpo. ¿La hipótesis de trabajo? Retoma la idea de Saskia Sassen que afirmaba que la industria del sexo se convierte en una atalaya privilegiada en la que los procesos económicos internacionales pueden entenderse desde una perspectiva de género. De este modo evidencia una línea de continuidad entre la globalización actual y el imperialismo post-colonial. Los tópicos de la transformación histórica (los retos del nuevo siglo, la nueva tecnología y la crisis financiera) se utilizan por los medios como coartadas para imponer recetas no novedosas que responden a intereses creados. El negocio de los cuerpos no es pues una anomalía inexplicable sino un componente estructural del capitalismo transnacional. ¿Cómo es posible que en países que poseen un alto grado de libertad sexual siga habiendo prostitución? Tal vez porque la prostitución se sustenta en un imaginario arraigado que define algunos cuerpos por naturaleza a ser explotados sexual o laboralmente. El género, el estatus y la raza condicionan el puesto de un ser humano dentro de la organización social del trabajo, cabría preguntarse por ejemplo, porqué las migrantes del sur suelen tener asignadas tareas de limpieza y cuidados mientras que las migrantes del este suelen ser trabajadoras sexuales. Patricia se interrogaba sobre el papel de la cultura visual, en la construcción de este imaginario. Numerosas imágenes del romanticismo vinieron a dar cuenta de la feminización de los lugares y de la inclusión de la figura de la mujer exótica como reclamo sexual para los colonos y los soldados tanto en los grandes lienzos, como en las tarjetas postales, económicas y numerosas que producían estereotipos como las gaviotas guano y fertilizaban en occidente la visión colonial. Para concluir propuso el estudio de la obra de Ursula Biemann, el vídeo-ensayo “Writing desire” cuyo objetivo era el análisis de la industria matrimonial en Internet en los años 90. Bueno, no me extiendo, la conferencia de Patricia Mayayo fue de una lucidez impresionante.
Y luego a cerrar el Congreso y antes de las últimas sesiones de comunicados, vinieron Virginia Villaplana que nos habló de su trabajo en la cárcel de León con presas de varios módulos. Una gran lección de trabajo creativo que en una de sus fases permite una reordenación de la memoria a través de la creación, ordenación y exposición del álbum de fotografías familiares. Virginia aportó una conclusión tremebunda firmada, según entendí, por las propias presas que nos hacían llegar su voz reflexiva al respecto de las condenas a las que son sometidos los acusados de violencia de género. Ellas, desde el conocimiento total, intrauterino, de la prisión, se preguntaban si son eficaces los programas penitenciarios contra los agresores. Y venían a concluir que la cárcel favorece la visión violenta, patriarcal y reincidente. Que el status de integración de estas personas en la cárcel se refuerza, no son marginados sociales, reciben un trato especial, tienen poder (status, genero, raza) pero no son resocializados en una valorización de la mujer…No sé donde estará alojado este magnifico texto y no podría reproducirlo en toda su magnitud, el caso es que merece su difusión, ya.
Cristina Vega Solís hizo una magnifica aportación sobre el tratamiento mediático de la violencia de género en nuestro país. De cómo había observado y analizado un cambio de sujeto enunciador: en los comienzos fue el movimiento feminista el que se hizo eco de la situación, pero pronto la denuncia social pasó a manos de la institución. Cristina nos habló de cómo se vínculo el hecho a una lacra social heredada del antiguo régimen y se consideró extemporáneo a la naciente democracia. Luego hizo hincapié en la construcción reduccionista de la figura de la víctima. Mientras el feminismo trataba el asunto como relaciones de poder, la Institución, mediante la creación del Instituto de la mujer y las políticas asistenciales, aisló la figura de la víctima de un contexto de sentido basado en el apoyo mutuo y acabó por exigirle una actitud activa y de responsabilidad, -llama, denuncia, no te calles! El marco legislativo y penal se convirtió en una suerte de pedagogía social y el lenguaje propio de un marco de interpretación del terrorismo (tolerancia cero), fue importado a la violencia de género. Esto, unido a una espectacularización del asesinato y la no concesión de interés por las historias de supervivencia constituyó un reduccionismo enorme del tema. Estudios posteriores llevaron a Cristina y a Amparo Navarro a publicar “Mediaciones y traslaciones. Gramáticas visuales de la violencia machista en la Universidad”. Y claro, apareció el término de Bourdieu, «violencia simbólica», amortiguada, invisible, insensible, incluso para las víctimas… Concepto que ya protagonizó los debates de la mañana.
Y cerró Ana Navarrete con la presentación de un excepcional proyecto artístico que titula n-340 y en el que realiza una cartografía de la carretera nacional que cruza la península de norte a sur y que está dedicada al tránsito de mercancías pesadas. En el proyecto se pone de manifiesto que el traslado de mercancías y de cuerpos está estrechamente relacionado. El proyecto tiene su propia web: http://www.n340.org/ y se compone de un nutrido grupo de mapas, vídeos y otros documentos. Sí, las que están en los prostíbulos son las más protegidas, comentaba Ana, pero hay niñas migrantes que son llevadas a los naranjos por los proxenetas y allí, se prostituyen…
Después vinieron algunos comunicados, y descubrí la obra de Regina José Galindo, pero empecé a sentir un frío inmenso, doloroso, y me fui a casa mientras en la pantalla se hablaba de las repercusiones sociales del mito de la Virgen María, el hombre violento, los feminicidios y las himenoplastias en Guatemala. Y me fui en esa noche cerrada pensando que debería ser el “cliente” (vaya un nombre limpio) el que se expusiera allí, durante horas, en el linde de ese polígono, en esa carretera, al frío de la mirada implacable de todos los coches que pasan y lo ven con el miembro fuera, arrugado por el viento gélido del invierno, como un idiota, sin impunidad ninguna, esperando que llegue alguien…¿Cuántos “clientes” estarían dispuestos a visibilizarse, exponerse así? Hablo de empatía, empatía.
¿Y qué podemos hacer? ¿Cuántos congresos como este, llenos de buenas intenciones y falaz ingenuidad, haría falta celebrar para darle la vuelta al cruel imaginario de este mundo patriarcal?
TREMENTINA LUX

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