Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

Translate:

Redes Sociales:

Educación, Intonaco y sexualidad

POST PUBLICADO EL 18 DE JULIO DE 2011. PERDIDO EN LA INMENSIDAD HIPERESPACIAL POR NEGLIGENCIAS DEL SERVIDOR Y RECUPERADO, NO SE SI EN PARTE O TOTALMENTE, HOY. FELIZ RE-LECTURA

Todo el cúmulo social de conocimiento se actualiza en cada biografía individual. Cada uno lo hace todo y lo sabe todo. El problema de la integración de significados es exclusivamente subjetivo. Berger y Lukmann

JUICIO FINAL
No sé si alguna vez habéis pintado un mural con la técnica de la pintura al fresco. La Capilla Sixtina es uno de los máximos exponentes de esta técnica pictórica. Los frescos más célebres los pintó Buonarroti y sin duda tuvo mucho mérito colocar ahí, en la sede del cónclave papal, ese paisaje de pieles que es el Juicio Final. El imponente mural visto desde una perspectiva meramente icónica no es sino un cúmulo de cuerpos juntos, revueltos y desnudos, es decir, algo absolutamente bello y mirado con lascivia, absolutamente sublime.

Miguel Ángel sabía que las convenciones del gran Arte serían suficientemente pretextuales como para transformar la mirada inquisidora de sus patrocinadores en una mirada contemplativa, al más puro estilo de la distinción Kantiana. No en vano en 1459 se fundó la Academia Platónica de Florencia que buscaba una imitación del estilo de vida de la Atenas de Pericles. Es en el contexto de esta sensibilidad neoplatónica donde la belleza masculina se consideró superior a la femenina y el amor entre hombres maduros y tiernos mancebos se justificó como una práctica noble y honorable. Una forma de validar a través de la filosofía las relaciones carnales entre ancianos respetables con cierto poder y púberes deslumbrados por ellos.

En el Buon Fresco del Juicio Final los sin ropa están vestidos por el Arte, por la contención en un marco la Sixtina, una forma, la artística y una narración, la sacra. Así, la mitología reificada del humanismo alentó en este sentido ciertas prácticas amorosas que hoy, a falta de un sistema simbólico convincente, no serían aceptadas, y no me refiero a la homosexualidad sino a la pederastia. De modo que Bounarroti pasó años de su vida pintando magníficos desnudos en la salita de estar donde una casta de ancianos respetables iban a pasar horas concentrados, sin levantar cabeza hacia la tentación, deliberando cuestiones altamente morales.

FIN DEL MUNDO 1
Exterior noche. Barbacoa, ese domingo otra vez, entre papas y Martinis.
P: ¿Qué tal le va a J. el fútbol?
L: ¡Se lo ha dejado ya! Era ya la única chica del equipo y yo que sé, con todo lo que nos dijo el entrenador, la borramos… Lo que pasa que a ella le encanta el deporte, el tenis le gusta, la hemos apuntado, se le da bien… No (pausa) la nena ha cambiado mucho este año. Ha disfrutado mucho, eligió ella el traje, le gustó vestirse de princesa, estaba muy contenta porque comulgó con sus amigos…
P: ¡Y con Dios!
L: ¡Claro y con Dios! La estamos educando para eso, en casa no, pero en el cole sí. Ha cambiado mucho, ya le gusta el rosa, imagínate: ¡pidió un reloj rosa! ¿Cuándo has visto tu a J. con algo rosa? Ha cambiado mucho este año, la estamos educando para eso, oye cuando sea mayor, que elija, pero de momento…

INCISO
Yo suelo utilizar guantes para no quemarme las manos y un tamiz para separar la arena fina de la gruesa. El Trullisatio es la primera capa de enlucido. Es una capa tosca, desigual, una argamasa de cal y grava en proporción 1/3 que se arroja enérgicamente sobre la pared húmeda. La segunda capa que se pone es más fina, se llama Arriccio. La arena que utilizo para esa mezcla es más fina, la lanzo también a paletadas sobre el Trullisatio y luego la aliso lo suficiente como para hacer un dibujo preliminar, lo que se conoce como Sinopia. Suelo hacerlo con ocre rojo, según la tradición y mediante la técnica del estarcido. La última capa se denomina Intonaco. Es una capa fina de masilla de cal y arena en proporción 1/1, debe ser alisada pero sin anular el poro y se aplica por zonas, pues la mezcla debe permanecer húmeda durante la jornada de trabajo. Esta parte es la que más te conecta con la parte honda, es como preparar el alma para lo que está por venir.

Recién aplicado el Intonaco escojo los pigmentos y los mezclo en pocillos con agua destilada y a veces si quiero apagarlos más, con agua de cal. Entonces empiezo a pintar suavemente sintiendo la rugosidad del Intonaco en las cerdas del pincel mientras la mezcla está tierna, mordente. Si, el Buon Fresco, de ahí su nombre, se trabaja con agua destilada o agua de cal. Nada más, sin colas, sin barnices, sólo con los colores disueltos en un médium sin aparente poder de convicción, el agua. Y sin embargo, tanto es el poder del agua sobre la cal que cuando comienza la carbonatación y la mezcla se seca, la sesión en esa zona ha acabado y si una pincelada se dio mal habrá que arrancar el Intonaco y volver a enlucir. Si ahora observáis de nuevo un mural hecho así podréis apreciar por las juntas del Intonaco las distintas jornadas de trabajo.

La magia del fresco es esa, que no permite el error y que los pigmentos fraguan con la pared, se convierten en ella, se incorporan a ella petrificándose mediante la carbonatación de la cal. Están dentro y el poro permanece abierto dejando que el vapor de agua salga, dejando que el muro respire. Por eso, si los materiales y los pigmentos utilizados son los correctos, la pintura realizada al Buon fresco es casi indestructible. Lo sabía Miguel Ángel y la curia que se lo encargó.

FIN DEL MUNDO 2
Exterior día. Refugio junto al río, otro domingo distinto.
Tardan en sacar los costillares. La mesa se ha llenado de moscas. El agua del río ha secado la piel. Tersa y fría. Ella hojea la prensa del domingo. Lee. Mientras esperan comparte esa noticia, la que habla de cómo curar la homosexualidad. Habla del blog de un prestigioso predicador. Dice que la culpa es de las madres por proteger o no proteger, da varias razones, también es causa de ello impedir que los varones practiquen juegos violentos en la infancia. Propone unos textos guía que son delirantes, el de Lot que ofreció a sus hijas vírgenes y otras barbaridades pseudocientíficas de píos disfrazados de investigadores sociales.

Llegan las costillas. La prensa sirve de mantel para los restos. El se ríe del artículo. Pero no le hace gracia, le insulta. Como a su madre. Y comenta cabizbajo -sólo dicen tonterías. Cuando acaba de leerlo madre pregunta, -¿qué leías? -Esto le dice él. -Toma te siguen arrojando a la hoguera para salvarte, eso sí, con un exquisito respeto, estás de suerte. Y le tiende la prensa de ese domingo del siglo XXI.

Las moscas se comen el periódico engrasado por los restos. Piden un helado, él y sus dos madres van al río, a bañarse de nuevo, sin ropa. Por la tarde la lluvia. La lluvia y el granizo sobre el cubo de basura, el artículo del ministro, los anuncios de los proxenetas, las mondas de melón, las latas de cerveza, los pañales y las colillas, una argamasa de detritus expuesta a la tormenta de verano, a ese granizo beligerante, a esa agua que el cielo envía con furia. Absolutamente bella, absolutamente sublime.

MORDENTE
P. no podrá elegir, sus progenitores se equivocan. Su padre se llama Arriccio y su madre Trullisatio, o al revés, que más da, son grava gorda, aplicada a la fuerza, enérgicamente sobre el muro en blanco que es esa niña. El colegio concertado al que la llevan le aplica cada día una fina capa de Intonaco, tan fina que sus progenitores piensan que el dibujo que en ella se estarce es reponsabilidad suya. Pero se equivocan. ¿Quién tiene hoy en día tiempo de andar estarciendo a sus hijos, cuidadosamente durante años? No. El fresco requiere una técnica muy depurada y requiere un plan de ejecución muy preciso porque se pinta mientras el ser humano está tierno y dado que no cabe el error ni la rectificación el guión debe estar basado en el dogma, sin asomo de duda, que es la madre de la ciencia.

Así es como el año de su primera comunión P. empezó a cambiar en función de las jornadas de trabajo firme que los educadores obraron con mimo sobre su capa de Intonaco. La ciencia ministerial, fuertemente jerarquizada lo sabe. Sabe que lo que pinte al agua parece reversible, inofensivo, pero, como quien no quiere la cosa el mensaje queda carbonatado ahí, en la tábula rasa que todos somos durante nuestra tierna fase de internalización, esa en la que comprendemos a los semejantes y aprehendemos el mundo en tanto que realidad significante y social.

Esa es la técnica. P. considerará objetivos esos valores que internalizó cuando no era consciente de que otro sistema de valores morales y culturales era posible. Ella no internalizará una pluralidad de posibles, sino un único posible válido (el sentido objetivo del mundo institucional) y por oposición varias alternativas sospechosas. La realidad en la que nos educan es para nosotros una realidad objetiva, la Verdad con mayúsculas. Si existe mucha diferencia entre esa verdad objetiva internalizada en la infancia, consignas como por ejemplo: la homosexualidad tiene cura, luego es patológica, o llega virgen al matrimonio (sin comentario) y los consensos sociales del mundo futuro en que nos tocará vivir, la persona así aleccionada tendrá no sólo muchísimas dificultades subjetivas para internalizar nuevos significados socialmente aceptados, sino muchísimas dificultades para aceptarse a sí misma si su experiencia y su sentir individual contravienen las normas aprendidas.

De ahí que a personas educadas en otra cultura y con otros valores les resulte doblemente compleja la horrible exigencia de “integrarse” en otros sistemas sociales, de renunciar a la validez absoluta de su realidad objetiva. Pero sobre todo de ahí el miedo hacia el extranjero, (o hacia el feminismo) porque aportan con su perspectiva incómodas realidades que ponen en cuestión la validez de lo hegemónico, sacudiéndolo y obligando a reformular una sociedad fuertemente institucionalizada en la que las élites de poder disfrutan perpetuando un status quo alienante para la mayoría.

Así que, de cómo gestionemos la relación entre nuestras dos realidades, la objetiva internalizada y la subjetiva que nos permita aceptar posteriores consensos sociales, dependerá tanto nuestra salud mental como nuestra capacidad de ser felices dentro de nuestro cuerpo y de la sociedad en que nos desarrollemos. Si un día P. quiere vivir su cuerpo con entera libertad decidiendo qué hace y con quien sin sentir odio hacia sí misma, ni miedo, ni culpa tendrá que arrancarse a martillazos el Intonaco y repintarse entera, pero, ¿en que espejo podrá mirarse entonces para conocer su propia forma más allá de esa feminidad que le impusieron y que entiende sin asomo de duda como propia?

LA ÚLTIMA CENA
La cuestión es que todo aquello que repintemos encima del Intonaco será lo que se llama un Fresco Secco, que ya es en sí mismo un oximorón. Será una máscara, una ocultación que habrá que mantener al día, con mucho esfuerzo, evitando que tape el poro, que permita transpirar, que no craquele, que no dilate y contraiga a un ritmo diferente al del cuerpo porque siempre será una especie de maquillaje del alma, con el riesgo y la fragilidad que todo maquillaje comporta cuando por ejemplo hace calor, lloras, o te bajan las defensas. Leonardo, que tenía ciertas dificultades con el Buon Fresco pinto su versión de la «Última cena» con una técnica de fresco secco y la pintura craqueló al poco tiempo, proporcionando a los restauradores una magnífica ocasión de poner a prueba sus conocimientos.

Es decir, a base de lecturas, aprendizaje, mentalidad abierta, ciencia y compañías que merecen la pena, pinturas firmes que resistan la inclemencia y el carácter ácido de la cal fundadora, una P. adulta podrá cuestionarse el rostro impuesto, verse como una extraña y tratar de construirse verdaderamente, a su propia imagen y semejanza.

Y ahora, la pregunta y por ende la denuncia. Ignoro qué sucede en otros lares, pero al menos en la Comunidad Valenciana el número de colegios religiosos concertados, esto es que reciben ayudas y subvenciones públicas es muy superior al número de colegios concertados laicos y por supuesto al número de colegios públicos, la mayoría de ellos sin apenas recursos, con instalaciones precarias y poco personal docente.

La elección de centro educativo no es sólo ardua sino que convierte en piratas a personas honradas que acaban falsificando padrones, fingiendo divorcios o embarazos gemelares con tal de obtener más puntos para que sus hijos no estudien en un colegio público, rodeados de extranjeros en barracones, así de bestia es la cosa, aunque no se den cuenta de la maldita capa de Intonaco que les caerá encima a sus retoños.

Para una neófita en estas cuestiones parece que la incomprensible estrategia educativa del estado aconfesional consiste en estrangular los recursos de la educación pública de calidad, esa en la que los docentes acceden a su plaza mediante concurso oposición, esa en la que incluso se incorporaron temarios sobre sexualidad y ciudadanía. Estrangularla con el objetivo de degradarla, desprestigiarla y en paralelo ceder privilegios a centros concertados que además de proporcionar una visión anacrónica y fundamentalista sobre el género, la sexualidad y la ciudadanía, acaban por cobrar una cuota tan ilegal como frecuente que sirve para disuadir a personas con poco poder adquisitivo, es decir, para fomentar una velada segregación clasista.

Y esto cumple una doble función: cuando un progenitor falsifica sus circunstancias demográficas y paga por una enseñanza que debiera ser gratuita ha sido eficazmente manipulado por una juiciosa tecnología de las circunstancias, de modo que se compromete, en una situación de sumisión libremente consentida, a defender a toda costa su decisión y muy probablemente a no retractarse de ella jamás. He aquí a Arriccio y Trullisatio.

Mientras los centros públicos intentan educar a futuros ciudadanos en barracones los colegios concertados religiosos amplían a base de cuotas y subvenciones públicas unas instalaciones que los hacen cada vez más atractivos a los ojos de esos miles de progenitores incautos y muchas veces equívocamente progresistas que piensan que donde verdaderamente se educa es en casa. Y es que es comprensible porque aunque no compartan convicciones, instruidos en las bondades de la meritocrácia, apretados por un sistema que los convierte tanto en cazadores como en víctimas, y siempre buscando lo mejor para sus hijos minimizan las consecuencias de una educación confesional.

ENTRE LA SALVACIÓN Y LA DENUNCIA

¿Es constitucional que un estado aconfesional privilegie la subvención a centros educativos dependientes de una institución cuyos ministros pregonan sin arrobo una doctrina que atenta contra el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales? Los poderes públicos están obligados a garantizar el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. Pero no a fomentar, mediante un modelo de financiación totalitarista que la educación en una confesión asuma a efectos prácticos un carácter estatal, contraviniendo el derecho básico a una educación pública, laica y gratuita de calidad, es decir garantizando también el acceso, al menos en igualdad de condiciones a una formación aconfesional.

Y la verdad es que me viene la duda ahora: Restaurar frescos bellos en hermosas cúpulas que sirven a horribles mensajes subyacentes ¿es contribuir a perpetuar la belleza o a perpetuar el horror? No sé, en cualquier caso os recomiendo leer los sonetos de Miguel Ángel y utilizar sabiamente el tamiz.

TREMENTINA LUX

There are no comments published yet.

Leave a Comment

Translate »