“La ociosidad absoluta de mi vida aparente, en contraste con la incesante actividad de mis ideas, me conduce a cóleras inauditas.”…“El hecho es que de unos meses a esta parte vivo en un estado sobrenatural”.
Charles Baudelaire. “Cartas a la madre”
Por razones que no vienen al caso estoy escuchando películas de Wong Kar-wai. Me siento en mi sillón con un antifaz de raso negro, le doy al play y escucho “Deseando amar” o “2046”. Me acuno en las palabras, en la música, en los sonidos ambientes, en las transiciones, es tan limpio Wong, tan purista…
Llevo el antifaz para evitar la tentación de mirar. El ojo es una herramienta educada para ir a la luz y al movimiento. Probad a donde se dirije vuestra mirada por las mañanas si amanecéis con una rendija de luz en la persiana. Probad lo incómoda que puede resultar la penumbra y lo duro que puede llegar a ser sobrevivir en ella. Para evitar esa suerte de espera insostenible, de incertidumbre del ánimo utilizo el antifaz, que me procura sombra absoluta.
Así, escuchando y sólo escuchando, me sumo en un inevitable y plácido sueño sin imágenes, un sueño tejido en audio, de susurros, de jadeos, de risas, de pasos, de trenes, de acordes, violines y teclados en diferentes planos sonoros. Y me duermo y me despierto renovada, como si de pronto mi percepción hubiera abierto sus puertas a un nuevo territorio.
Y esa tarde iluminada, en que descubro un universo paralelo, me apunto casualmente a ver “Retrato de Oscar Wilde” una coreografía de Gustavo Ramírez para la compañía Proyecto Titoyaya y sólo os diré que es ahí, cuando creí saberlo todo, que me quedo sin palabras, expresión de cuerpo y alma, que sutil, inteligente y enardecedor semanticismo.
Desde entonces estoy muda, como una carta en la penumbra, viendo pasar su destino por la rendija del buzón. Que es más o menos, a lo que se refería Charles.
TREMENTINA LUX
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