El otro día mientras comíamos hablábamos sobre la compresión. La compresión siempre es placentera, decía él, apretujándose las manos. Pero si comprimes tanto, entre costes y beneficios sólo sobra en este panorama una cosa: el ser humano.
No queremos creerlo, pero tal vez todos los indicios apunten a eso. También Luis García Montero escribía el pasado fin de semana un artículo pequeño pero soberbio, “El paro como negocio” donde decía textualmente: “El hombre sobra en los movimientos abstractos del dinero, se le puede dar a elegir entre desempleo y esclavismo”. La mujer, en estos casos, está incluida en el epígrafe y que la caridad la asista…
Si el estado anuncia agresivas reformas laborales que empeoran la situación de las personas empleadas, si plantea el copago sanitario, si elimina subvenciones para la investigación médica y las energías renovables, si aumenta los impuestos en servicios básicos como el agua al tiempo que empeora su calidad, si la educación se mutila y la justicia es puesta en duda, si los medios de comunicación ahondan en discursos económicos y violentos, y si de resultas todas estas personas solo pueden permitirse comprar comida basura, es decir de sospechosos fast food y baratas marcas blancas…
¿No huele todo ello a exterminio literal de la clase media-baja?
El 15m nos enseñó a organizarnos pacíficamente. El 15m hoy no sería ya posible. Demasiadas voces empiezan a pensar que el contrapoder pacífico ya no es posible. Y tal vez, incluso eso, la violencia sea de nuevo una macabra estrategia de los grupos de poder para agilizar el extermino y rentabilizarlo.
Vivimos en jaulas urbanas que no nos permiten ser autárquicos, hemos hipotecado nuestra vida para ser esclavos de un sistema contaminado. Ya no tenemos tierras donde cultivar tomates, ni pozos de donde sacar agua, ni hornos donde cocer galletas, ni tejados donde instalar células fotovoltaicas para autoabastecernos de energía. La vida en la ciudad nos liberó del vasallaje y la clericatura y ahora, creyéndonos libres porque somos más educados, abrimos los ojos a esta esclavitud de pandereta en pleno siglo XXI para descubrir trágicamente que las dictaduras se disfrazan de democracia adulta y que los poderes separados por las luces parecen cohabitar ahora en una misma zona de sombra.
No veo más solución que dejar de consumir. Dejar de utilizar el dinero y dejar de trabajar para ellos. Que el dinero desaparezca del planeta, de la historia que la humanidad escriba en el futuro. Volver a las virtudes de la vida nómada, al trueque, al sistema colaborativo que favorece a quien produce creativamente y condena al ostracismo a quien especula. Y que haya una Marie Tussaud que si es preciso saque moldes de cera de las cabezas que caigan en el camino, para no olvidarlo.
Hablamos de un cambio total de paradigma, la vida en el cuarto entorno, un entorno natural interconectado. ¿Difícil solución? No si la imaginamos juntos.
TREMENTINA LUX

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