Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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Hoy soy Berlín y ya he subido una foto

Hoy soy Berlín. Con sus calles acodadas en el muro. Entre la sospecha y la esperanza, por reunificar.

Hoy soy Berlín. Con sus anchas plazas medio soviéticas sin estructura de plaza, con una lengua en la llaga que me impide hablar. Estoy callada, estoy callada hace una semana y me reúno en la intimidad y por eso escribo. Por callarme en los andenes cuando escucho Dachau. Aunque en mis venas se evoque el horror y sepa que en esas vías se acumuló la sangre miedosa, empolvada ya por la distancia de los días que se van a otra estación.

Hoy soy Berlín. Hoy miro por las ventanas despiadadas en mi patio decadente, donde huele tanto a orines y aguarrás que decido hacer un concierto de guitarra y una fundición de forja. Hoy hace calor aquí, por eso esparzo en mi suelo arena de playa y me acomodo en una hamaca escuchando el verano, con una cerveza entre las maletas. Hoy soy Berlín y me creo la playa aunque lluevan agujeros de balas en los triunfantes capiteles. Y subo las escaleras de la fábrica de margarina sin perder de vista la incertidumbre, mi fiel lazarilla.

Y aún así, me paseo y me pierdo. Cojo trenes y me exhausto con los idiomas y las normas. Renuncio a encontrarme entre la memoria de los muertos y el olvido de los muertos cuyos monumentos me tragan. Dejo de ser pisada, solo el silencio roto en este Berlín libre, roto en el que disfruto del encierro, libre y rota.

Pero no soy la más apropiada para ser Berlín. Porque no entiendo la historia como la ordenación cronológica de los acontecimientos en busca de causas y efectos, ese invento, y peco de no saber leer la geografía humana, tan delicada. Cuando más me conozco menos sé donde encontrar el Norte. U2, bajo al metro a buscarte. Te fuiste por el túnel, dice el display, volveras en 2 minutos, a llevarme. Pero serás otro, tu te fuiste hacia la oscuridad, engalanado de amor, repleto de éxito cada vagón, como un cobarde.

Hoy puedo ser un Berlín que no entiende como acabó. Te pido un plano del exterminio y me das tierra y piedras y celdas de tortura de ladrillo caravista. Y me dices estamos vivos. Y el eco retumba entonces donde cayeron formando fila, y el sol incide en los azulejos. Te ríes, es todo mentira y los turistas hacen fotos entonces, posando obscenos donde nace el último hálito.

El terror no es intrínseco a Dachau, al nombre, a las letras. Pero sale a tu encuentro, es la sorpresa lo que te atenaza una y otra vez. Miras la D junto a la a, crees escuchar por megafonía ..chau y ya estás temblando. Cada minuto en que anuncian ese tren se invocan todos los trenes que fueron a Dachau. Y estás casi desnuda junto a los raíles, aunque ahora rías. Y sin embargo, hoy soy un Berlín que se dejaría arrastrar por un hombre coronado pagando el precio más alto. Hoy sería un Berlín que dijera: Nada. Y te seguiría, y te perseguiría.

Se hace la noche, pinto graffiti en el lado que nunca verás, mientras me visto de nudismo en mi parte DDR y me convierto en fan de los Puhdys. Crezco con los gustos de mi tiempo, gustos a medida que me hacen ser feliz vestida de sintética Sybila, leyendo a Marx mientras no pienso y te observo pasando la aspiradora en mis recuerdos. Esa invisibilidad del destino construído se funde también con el horror. Si moriste, si viviste al otro lado del muro que andamia mi espina dorsal. Pude ser el dinosaurio más grande jamás montado, por tí, en Berlín.

Y cuando cesa todo, como un escalofrío que te recorre, salgo a nado de la isla de los museos donde escondo a Friederich y a Böcklin, esos malditos sombríos, para colgar a Frida Kahlo, esa carnal veracruzana en mis paredes. Tanto dolor expuesto, tanta máscara, tanta firmeza, tanto símbolo, tanto amor, tanta cama, tanta muerte, tanta solvencia, tanta desaparición en este Berlín… Y lloro. Tú debes de ser de las que lloran con las películas. Ahora lloro con las pinceladas que se desmiembran, con el muro entre yo y yo, como esa lengua que me ha salido en la llaga, y callada grita y callada pinta y callada escribe esto, este empalamiento al que las circunstancias nos someten para dividirnos.

Hay lugares en que las cosas pasan sin hacer nostalgia, como una bicicleta por tu mano.
En Berlín pasa la Historia y te traga. Entre el orgullo y la vergüenza, entre el perdón y la furia, entre el silencio y el escándalo, entre la caída y el ascenso, entre la memoria y el olvido, no te creas, nada me ha libertado.

TREMBERLINA LUX
Volviendo al Mediterráneo

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