Link video en blanco de la noche en blanco
La reproducción es un proceso biológico que permite la creación de nuevos organismos, siendo una característica común de todas las formas de vida conocidas. Las dos modalidades básicas se agrupan en dos tipos, que reciben los nombres de asexual o vegetativa y de sexual o generativa.
Estuve en la Noche en Blanco. ¿Qué es eso? Es una noche de luna llena propicia para la puesta y la fertilización del alma. ¿Dónde? En las calles de Madrid. Viajé bien acompañada con lobinas, arlequines y peces payaso a los que no conocía. Conocer otras especies es un gran modo de sumergirse en el fondo de una misma, de perderse en el océano de otras historias, tan ajenas como lo son las propias cuando te inventas una personalidad, mientras fumas shisha de manzana en un bar de madrugada. Un nido de burbujas entre las plantas.
Eso fue la Noche en Blanco, una noche en proceso de construcción del laberinto, que según dicen los piscifactores, es el órgano con el que respiramos. Bebimos, comimos, fumamos, cantamos, bailamos sentados, mandamos mensajes, nadamos en la marea, nos encontramos de nuevo, identificamos sonrisas familiares al otro lado de la multitud y vuelta a empezar. Alevines nacidos en la oscuridad, nutridos con infusorios culturales y nauplius de arte salino, Gran Vía, Malasaña, Sol, Callao, Espoz Mina, Cibeles, Alcalá… Un gran Acuario en una ciudad sin mar.
Cabe decir que el proyecto de la Noche en Blanco era difuso y si me apuráis, petulante. En los días previos accedías a su web y una lechada de información te embotaba las branquias. Poesía aquí, conciertos allá, performances por acullá… Las calles tomadas por el arte, los museos espatarrados como una cefalópoda en celo. Toda la noche, al cuerno la pureza, las vírgenes, los camarones de bote y las anunciaciones, !viva el imperio del plenilunio! Sí, picamos en esos anzuelos cargados de expectación.
El proyecto venía a proclamar lascivamente y entre líneas algo así como: no le temamos por una noche a la gripe, aunque las campañas municipales diagnostiquen y promuevan el horror al estornudo del prójimo. Abracémonos, besémonos, eclosionemos, por ejemplo, en una sala pequeña y que los músicos, tan cerca en su acústico, nos suden y nos escupan. Compartamos los vasos, la respiración, desfloremos pitillos que migran de unos labios a otros, procurémonos, amantes de la urbe, una orgía sensorial, vivamos en blanco para no soñar jamás con lo que pudo ser… y no fue.
Primero esperamos. -Todo empieza a las nueve- nos decíamos subyugados por unas birritas junto al mercado de San Miguel. Y llegaron las nueve y se nos hicieron las diez enamorados de un provocativo pulpo a Feira. A esa hora, más o menos, conversábamos acerca de los amores y la paciencia mientras la poesía de Ajo («si no amamos como zorras nos aburriremos como ostras…») se diseminaba en miles de globos blancos, como un precioso desove en el cielo negro de Madrid… ¡Cuánta fecundidad!
Tanto se nos hicieron las diez que comenzaron las colas. Colas de racionamiento para contarle tu vida a un ilustrador y que te la ilustrara, colas de racionamiento para atarse a la muñeca un globo poético, colas para esquivar las obras de Sol, colas y rabas y algas para llegar a Matadero con el metro, colas en la Gran Vía iluminada con farolas cabareteras, ¡Qué espanto…! Colas para no ver la exposición de Annie Leibovich… que cerraba a las 12… ¿?…
Una horrible gestión de las colas que nos racionaban los posibles dejándonos en blanco. Como peces bobalicones, mareados y rebozados, pasamos de la vida en el acuario a ser carne de fritanga, servidos en el plato de la noche, en una impotencia, a la romana. Pero que lindo el callejeo, el tapeo, la vidilla capitalina tras el cristal del merendero y las bandas de música a su pachanga.
Tuve la suerte de poder, al menos, entrar en el concierto de Sidonie. Antes habían tocado Sidecars y Supersubmarina, no pude verlos, estaba haciendo cola. El concierto tuvo lugar entre las rocas. Fue, fijaros en la paradoja, en unos grandes almacenes (de cuyo nombre no me quiero acordar) con un forum pequeñísimo, húmedo y caluroso. Allí estuvimos 150 personas crepitando de ardor y brincando sentadas, como salta la sepia en una sartén. ¿Os lo imagináis? Grabé un video (que subiré) y luego se me estropeo el HDD que por lo que me han dicho tiene que ver con la memoria de la máquina. Mejor, así guardo el directo en el recuerdo y prescindo de las pantallas. Y si alguna vez me olvido, ya no tendré razones para preocuparme, probablemente, estaré muerta. En confianza, estos tres estimulan en mí algo así como La Ampolla de Lorenzini de los tiburones.
Ni que decir tiene que estuvieron sublimes sin interrupción y que sudar, a El Incendio, le sienta muy requetebién. Se nota que los temas van cogiendo elasticidad y ellos se superan con el trabajo diario. Como decía alguien, estos chicos en directo se convierten en una fuerza de la naturaleza. Faltaron los teclados de Baldo, pero la tarima no daba para más. ¿Ventajas? Que quienes estuvimos no sufrimos las barreras de un gran concierto, ni el frío de los grandes escenarios protegidos por obtusos agentes. Fue tan próximo que diría que fue carnal. ¿Inconvenientes? Pero, ¿cómo se plantea un concierto así para una minoría…? !!Sacad el Arte a la calle!! ¿No era esto una noche abierta?
Al acabar, justo a la una, fui directa al segundo pase de “Almas latentes” un proyecto de video instalación urbana ambicioso, interesante, gestado por un colectivo de artistas valencianos, “Niño viejo” que han trabajado duro durísimo, con cincuenta y tantos actores para lograr un resultado impactante. Proyectaron 18.000 lúmenes sobre una vieja fachada, donde se sucedían historias del ayer y del hoy. Derrumbes y excavadoras que acaban con la memoria, almas que se quedan en los muros, aunque ardan. Y es que en Valencia estamos ya demasiado acostumbrados a las demoliciones. El teatro Princesa, sin ir más lejos, ha sido una de las últimas víctimas de esta sanguinaria y silenciosa finiquitación del Patrimonio Cultural que tiene lugar en la terreta. Al menos el Cabanyal sigue agonizando a gritos, que se sepa, like a cochinillo en día de matanza.
“Almas latentes” Fue una de las pocas oportunidades que tuvimos de encontrarnos de bruces con el Arte, sin colas. Fue espectacular descubrir el poder de las imágenes gigantescas al doblar la esquina, el audio bien compuesto y además, con discurso y autenticidad… Ese tipo de iniciativas se echaron en falta. Al final recorrimos Malasaña huyendo del agua dulce y blanda, tan mortífera para las especies de mentalidad inquieta, en busca de un local que no se si llegamos a encontrar. Pasamos por Fuencarral y otras calles infrasuburbiales que diferencian una ciudad de una gran ciudad.
Durante estas horas, de escasa iluminación, incurrimos en un inmenso gasto de energía vital. Por eso al día siguiente, repantigados al sol de la Gran Vía, nos procuramos un ambiente muy tranquilo y bien oxigenado, con alimentos ricos en nutrientes: brioches, café, frutas y miel. Queríamos multiplicarnos, crecer y olvidar la decepcionante organización del evento marcado por la grandilocuencia de iniciativas populistas que no planifican con rigor y sentido común sino que lanzan los huevos a millares para que quien pueda, empolle en la cola y fertilice uno o ninguno. Parecía un canto a la promiscuidad artística y se convirtió en un adocenamiento monógamo, elitista y de dudoso roce.
Aún así, debo deciros que pasé una gran noche compartida y que de mí ya han nacido letras electrizadas que fluyen solitas hacia el agua turbulenta y fresca de vuestra lectura.
Vamos, que la virgen se fecundó sin ser devorada.
Besiños
TREMENTINA LUX
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17 sep 2009
La vida en la torre de marfil
«No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo» Oscar Wilde.
Llevo 350 días contestando a las preguntas de los demás. La vida me ha puesto en un lugar en el que me encargo de dar respuestas a los demás. Me piden respuestas, a todas horas. No soy burócrata, ni confesora, ni comercial. No. Me encargo de dar respuestas profundas con el objetivo, no de demostrar lo que se, sino de que quien pregunta encuentre en sí mismo la respuesta… o la pregunta.
Yo no se nada. Y llega un momento en que me pregunto ¿quién responde a mis numerosísimas preguntas? Nadie.
Y llega otro momento en que me pregunto, y si yo me pregunto y me respondo a mí misma, ¿por qué estas cientos, miles ya de personas, buscan en mí las respuestas, que por otra parte, es evidente, no poseo?
Concluyo que estoy agotada y que ese esfuerzo por saber lo que los demás no saben me convierte en vidente y mentirosa a partes iguales. En verdad, me importan un carajo sus preguntas, o eso creo. Todo parece a veces pura invención. Tanto, que si nadie me pregunta acabo respondiendo al vacío.
Pienso que si me equivoco cuando respondo el tiempo pondrá las cosas en su sitio, dará lo mismo y si acierto tan solo sucederá lo que ya había sucedido. Hay que ser valiente para aceptar esto. Creo que los valientes acabamos respondiendo al resto, pero no lo se a ciencia cierta… Si alguien pudiera responderme…
TREMENTINA LUX
Al borde de un ataque de preguntas.
¿Hay alguien ahí?
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