Querida M, me pides que escriba sobre mi proceso creativo. Ahora mismo, en este mismo momento, estoy tan alejada de mi creatividad que sólo encuentro una manera de redactar este texto. Creando.
Para crear necesito una palabra fundadora. Esa palabra puede ser una palabra no dicha. También puede no ser una palabra, simplemente ser. Me inspiran más las ausencias que las presencias. Miento, las presencias a veces sí, son mucho más origen y causa, lo son.
A la palabra le sigue el amor, o la rabia. Le sigue algo, como una estela cósmica en la que quedo atrapada. Entonces vienen los sueños, y más palabras. Un tejido frágil e inestable, con una potencia salvaje, variable, mutable, imanente, sí, lleno de adjetivos en mi caso.
Esto consolida un pedrusco de dimensiones oníricas. Inexistente. Entrelazado. Y surgen de eso tentáculos hacia otras palabras y otros amores y otras rabias que no sabía dónde estaban, y se conectan. Necesito conectarme.
Y mientras, el tiempo y los párrafos están pasando. En un automatismo vulnerable, pero a la vez, ya escrito, es decir, poderosísimo. Preexistiéndome. Todo lo que surge cambia el universo, el universo está cambiado ya, antes de cada cambio inevitable. Desde esa primera tarde.
Si pinto, entonces, algo pasa. Los pinceles, las manos, las arterias se expanden y surge, me abandono, me dejo ir para volver y redactar el agua, reconducirla, decirle, -aquí esta mancha, algo lo dice, tan fuerte es, -aquí esta bruma, sí, observando la falta en cada momento, acunándome y retorciéndome en sus necesidades, la de eso, enfrente, a lo que me enfrenta mi creatividad, ese espejo en el que no me reconozco y que me convierte mientras nace en una fuerza sobrenatural, más allá de los miedos y las limitaciones de mi cuerpo.
Y si escribo, que también pasa, entonces, esto, esto es lo que pasa. Desaparezco. Aparezco en algo que me perpetúa, en lo que se supone que estoy porque he estado. Una cadena de letras que me encadenan y me liberan. Algo que puedo llegar a olvidar, como de otra, o algo que queda fijo en la memoria, repetido, macerando nuevos nudos que me llevan a ser y disolverme, estado primitivo de la consciencia embrionaria. Nacerme, cada vez.
Para crear necesito soledad, necesito angustia, necesito calma, necesito talento, necesito bondad, necesito ecos, necesito camas, necesito sombras, necesito aire, necesito sed. Y no lo sabía, hasta hoy, M, en que me has pedido que lo supiera.
Gracias
TREMENTINA LUX

There are no comments published yet.