
Iba escuchando la radio esta mañana. Dylan. Decía un comentarista «experto»: -Oh sí, Dylan era muy aficionado a las músicas negroides… Y pienso un insulto y se lo dedico al comentarista. ¿Negroide? ¿Acaso es la música de Dylan «blancoide»?
¿Dónde está la responsabilidad social de los medios de comunicación?
Invito a este comentarista y a otros muchos a que realicen un sencillo ejercicio de sinestesia. Que escuchen la música, cierren los ojos y traten de visualizar colores y ritmos mientras el Jazz suena. Y que luego afirme engolando la voz si es negroide o blancoide o naranjoide. -Oide es un sufijo del arcipielago de la palabra imbécil, por cierto. Pero le estoy agradecida, si hubiera dicho negra no hubiera reflexionado ni escrito este Post.
En un experimento sinestésico de estas características el 80% de personas que escucharon con los ojos cerrados El Cabaret Galactic de Pascal Comelade, afirmaron que el color percibido durante su escucha era perdominantemente un amarillo poco saturado con tendencia al verde y al naranja.
Así mismo tras la escucha de ABC de los Jackson Five, un 93% de las personas sometidas al experimento determinó que la gama cromática era altamente contrastada y saturada con una preeminencia de colores primarios, rojo, amarillo y azul en forma de salpicaduras, sobre fondo blanco (70%)
Tras la escucha de All saints de David Bowie el 100% afirmó haber visualizado un fondo muy oscuro, con variaciones entre negro, gris y azul, y destellos puntuales blancos y agrisados.
La música no es negra o blanca en función del color de la piel de quien la compone o la interpreta. Del mismo modo la música no es delicada o fuerte, o femenina o masculina dependiendo del género de quien la compone o la interpreta, o culta o popular dependiendo de la clase social de sus autores.
A un neófito puede confundirle este hecho pero es indecente que confunda a un «experto», que el experto nos confunda y que su discurso sea amplificado por un mmcc. Los valores intrínsecos de una obra tienen bien poco que ver con los atributos de quien la creó. Asimilar ambos es pura manipulación ideológica. ¿Dónde está el código deontológico de los profesionales que cubren o incubren la información?
Es lo que le sucedió a Tchaikovsky. Cuando la crítrica conoció su tendencia sexual, los calificativos aplicados a su música cambiaron: delicada, carente de fuerza, sutil y afeminada. Prejuicios que intentan deslegitimar la obra en función de los atributos de quien la crea (deslegitimado previamente por el status quo) con el objetivo de subordinar su existencia en el margen de lo normativo: Negroide.
Es lo que le sucede a Russian Red, o a Christina Rosenvinge cuando en las entrevistas de los mmcc las califican de delicada o de «bella musa indie que se codea con artistas de verdadera talla». Como si ellas no tuvieran por sí mismas una talla descomunal como artistas. Los prejuicios raciales, de clase o género tiñen el producto y lo convierten en una excrecencia del sistema hegemónico. Lo normativizado frente a lo alternativo. Nunca de igual a igual.
El resultado es que deberemos seguir practicando historia contributiva con las mujeres vivas y los negroides y los amarilloides y todos los otros oides que al sistema se le antoje significar como diferentes. Es decir que aunque ellas están trabajando y son historia en presente cuando pasen a mejor urna pasarán al olvido de la historia, porque quien escribe la historia sigue considerando hegemónico lo blanco, masculino y occidental, basta ver «Seven ages of rock» de la BBC y preguntarse cuantos capítulos, minutos, segundos dedican por ejemplo a las Bangles o a las Riot Girrls. ¿Qué no estaban a la altura? ¿Y quien pone la vara de medir? Ya lo decía Simone de Beauvoir, famosilla intelectual feminista, cuyas importantísimas obras están la mayoría descatalogadas.
Así que, querido comentarista, si quieres empezar a parecer un experto ponte unos cascos, cierra los ojos, escucha una pieza de Jazz tras otra y dime entonces si ves la luz más allá de la inopia sistémica a la que estás encadenado.
Dime si después del 15 M la excrecencia son las plazas vivas o las urnas muertas. Porque yo no tengo nada claro que nada haya empezado a cambiar ya el curso de la historia.
TREMENTINA LUX
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