Mi madre vendió su piano…
Y yo he empezado hoy a tocar el de otra mujer.
Creo que el día en que entre en mi casa un piano saldrán de mi vida los hombres.
Ella dice que debo esforzarme por leer. Por leer las partituras. Tiene razón.
He cerrado los ojos. Las yemas de mis dedos sudan. Toco las teclas blancas, las presiono hasta que nace la piel de la madera sin barnizar y responde con su armonía a mi torpeza. Me llena, sueno a través de él y ambos desaparecemos en la música.
Tiene todas las cualidades de un gran amante a quien merece la pena esforzarse en conocer.
Responde amplificando la caricia, entra en resonancia con el alma de quien lo toca, es educado, elegante, fiero, firme, potente, sensible, inteligente y siempre está dispuesto a decirte más allá de los oídos: Estamos vivos, tú y yo.
Hoy he descubierto lo mudas que son mis manos cuando no tocan el piano.
TREMENTINA LUX
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