Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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La Bragueta Inteligente

Aviso: sigo con fiebre y leyendo a Foucault y a Teresa de Laurentis. El/la que quiera seguirme por esta senda de vocablos piréticos que se suba la temperatura, el método que lo elija cada cual, y después, que linke en los textitos de marras.

Cuando estéis de subidón, al otro lado del telón del género, seguid leyendo si os place y si no, buscad el placer allá donde las tormentas abren montañas. La temperatura me permitirá escuchar vuestros gemidos y aplaudirlos con los latidos de mis jarabes.
Tomar conciencia de género implica esto, seré escueta: estar dentro del sistema y fuera de él a un tiempo, o por un tiempo, el tiempo de la fiebre.
Cuando se está dentro y fuera de un sistema de pensamiento una se apercibe de cosas como esta: ¿Por qué las mujeres no meamos de pie? La hija de una amiga mía de cuatro años lo hace, imita a su padre, yo he visto a otras niñas intentarlo y sé que una conocida que entró en el ejercito tuvo que aprender a hacerlo de inmediato, mear de cuclillas es darle mucha ventaja al enemigo.

Pensamos que no es «cultural» sino «natural» mear sentadas porque la tecnología occidental de las tazas de wc y el diseño moda nos lo pone bastante difícil para hacerlo de otra forma. También porque las cremalleras o los botones de los vaqueros no nos sirven para nada ahí, donde están situados.

Primero, ¿Por qué se llaman braguetas?
Segundo, ¿Por qué las braguetas están situadas ahí?

Sólo se me ocurre una razón (disculpadme, no estoy formada en esto) para que los chicos tengáis total accesibilidad a vuestro miembro y os la saquéis cuando os plazca sin que esto suponga un descrédito para ninguno de vosotros, sino más bien un ritual felizmente compartido. No es mi intención ponerme escatológica.

Sigo. La bragueta que nosotras necesitamos en los vaqueros debería empezar y continuar más abajo. Pero claro, esto se confundiría con una manifiesta accesibilidad sexual, que no urinaria, y la reputación, repito, re-putación, cuando no la integridad física de la portante de tan ingeniosa prenda se vería en entredicho, así siguen siendo las cosas y por estas cosas se siguen tirando piedras a la cabeza de las adúlteras.

Los diseñadores de vaqueros no hacen más que sacar modelos nuevos para mujeres; que si slim, que si culo latino, que si caderas tal, vientre tal y el talle cada vez más bajo, y a ninguno se le ocurre poner la bendita cremallera en la entrepierna, con la de horas de fiesta que nos garantizaría no tener que andar esperando en los aseos públicos tanto rato en mitad de por ejemplo, un concierto. Y exactamente lo mismo vale para las medias, ni siquiera en el sexshop he podido encontrar algo parecido. Y cuando digo fiesta, también me refiero a fiesta, claro.

Lo revolucionario de la bragueta inteligente no es la idea en sí, se puede ver en ciertas prendas rubber, sino en su uso urbanita, cotidiano, ¿Podría la prenda implantarse masivamente con naturalidad o se convertiría en una rareza, un fetiche sexual para usos específicos?
Creo que nos falta mucho para aspirar a mear de pie, a ver quien es la primera en abrir la mano. Y otro día, hablaré de los tacones.
Esto es tomar conciencia de género. Darte cuenta de que estamos metidos/as en un sistema absurdo que bien poco podemos hacer por cambiar, lo que nos condena, al menos temporalmente, a convertirnos en mediocres visionarias o en recalcitrantes vindicadoras capaces de aburrir incluso a los antipiréticos.
Somos victimas y verdugos de un sistema de mercado hipócrita que nos segmenta en lo más absurdo creando bicis, pianos, guitarras, rosas o azules (los colores no son hembras o machos, son colores y los pianos, pianos y las guitarras, guitarras, y las bicis, bicis) y nos deja en un limbo de incomodidad en las necesidades más primarias, las fisiológicas (valga el ejemplo de la bragueta inteligente) según la pirámide de Maslow.
Creo que Natasha Walter en su libro “Muñecas vivientes” lo explica mejor que yo, que sigo con fiebre… Ella denuncia estas cosas; la abusiva segmentación de mercado y el sospechoso determinismo biológico que lo fundamenta, os lo cito:

“Mi hija está creciendo en un mundo que potencia valores medievales, en el que todas las niñas son princesas y los niños, luchadores; en el que todas las niñas llevan hadas y todos los niños, superhéroes en los estuches del colegio”
Conocí a P. hace dos meses. Tiene 26 años, es un chico inteligente, hábil, despierto aunque siempre parece aletargado, hace las cosas con calma aunque transmite una serena preocupación. Tiene estudios y hace tiempo que no va al cine a ver una película de miedo. Lo dice con tristeza en el almuerzo, mientras conversamos sobre “Buried”. Yo no sabía nada de P. No sabía nada de él hasta que supe que solo ve películas de la “pava esa y sus amigas”, la Jennifer nosequé. No supe nada de él hasta que dijo, “es que voy a ser padre en enero”. Entonces leí mejor su expresión de miedo mimético.
P. que fue educado con soldaditos, coches, metralletas, dragones y otros objetos azules con superhéroes agresivos, ama el fútbol, las carreras, las pelis de miedo y acción, pero el sistema le aboca a formar una familia heterosexual con una princesa, llamémosla S. que educada, ahogada mejor dicho, en un universo rosa, de purpurina, canciones ligeras, amor cortés, biberones y ternura, detesta todo lo que él ama. Él prefería un chico, aunque dice, la querrá igual. El prefería un aliado y P. dijo esto con resignación, pero sin letargo.
La segmentación de mercado es una plaga. Es un argumento destructivo y alienador que nos subsume en un “deber ser”,“deber demostrar“ constante ante los otros y nos impide desarrollarnos como personas explorando todos nuestros potenciales.
P y S están abocados al fracaso en su vida compartida porque al tiempo que son hijos de un mercado segmentado y sus gustos son antitéticos, irreconciliables, son también hijos de un sistema hegemónico, consensuado, que prima la pareja heterosexual y la familia tradicional como núcleo fundamental de la reproducción del poder y la creación de nuevas generaciones de trabajadores alienados. (Esto es Foucaltiano, Hala.)
No tienen escapatoria. Ya no. ¿O sí? -Edúcala como una persona, le dije abrumada por su tristeza, intentando hacerle un poco más feliz, -no se nace mujer, ni hombre, el hombre y la mujer, se hacen. (Y esto es de Beauvoir)

No quiero ponerme seria, he empezado a tomar antibiótico y ahora puedo iluminarme más, incluso sobreexponerme hasta desaparecer. Sigo, y acabo. Aquello que no se nombra no existe. Una sociedad que no tiene palabras en su vocabulario para nombrar un concepto, no podrá aplicar, asimilar, entender, discutir, valorar, hacer propio, ese concepto.

Os pongo un ejemplo y os dejo reflexionando. La palabra que léxicamente debería corresponderse a feminismo es machismo. Sin embargo, estas son sus acepciones según el diccionario:
Feminismo.

1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.
2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.
Machismo.

1. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres
Mientras que el feminismo tiene el rango de doctrina social y movimiento, el machismo es tan solo una actitud. Mientras que el feminismo es favorable a la igualdad el machismo es prepotencia.
¿Cuándo tendréis los varones un término propio, capaz de definirse como un movimiento social que persiga la justa igualdad entre los sexos y no un término que os degrade como colectivo prepotente?
¡Ah, queridos! Nosotras seguiremos meando sentaditas y vosotros según os apetezca, pero lo que es innegable es que os estáis perdiendo una barbaridad de días de descanso por baja paternal y un mundo de sensaciones, purpurinas y colores apasionante.
Voy a recostarme un rato. Soñaré con el sexo de las sirenas y las braguetas de los mamelucos.
Ah! y mi enhorabuena a Llüísa Cunillé por el Nacional de Literatura Dramática y a La Hongaresa por la cercanía que le toca, con noticias como estas  «El alma se serena».

TREMENTINA GENDERLUX

Link al articulito de Teresa de Laurentis.

http://www.disidenciasexual.cl/2009/03/la-tecnologia-del-genero/

Link a la página de Natasha Walter. Atención a la diferencia de las imágenes entre las portadas de la edición anglosajona y la española. Es obvio que se ha buscado des-atractivar la edición española, porque pasar de una foto valiente, con gancho, combativa, a una ilustración monocromática, pequeña y en plan poupee rota que pasará totalmente desapercibida en la selva editorial no da pie a pensar en positivo…digo yo, pero es una opinión…

http://natashawalter.com/

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