Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

Translate:

Redes Sociales:

El discreto síndrome de Barba Azul

«Perfumados herbajes de mi pecho,
Hojas tuyas recojo, escribo, a fin de investigarlas
mejor luego»
Walt Whitman

Llevo días aprendiendo. Tanto aprendo que pienso en una frase que escuché en la montaña este invierno pasado: «Evolucionamos como especie, pero apenas lo hacemos como individuos».

No la entendí bien o no le presté suficiente atención entonces, pero ahora resuena, vibra, me afina el oído cuando por ejemplo, un grupo de adolescentes dice en su tertulia al salir del yugo escolástico, «-Pues yo no tenía ganas de bañarme pero como me estaba meando pues me metí en el agua, solo para mear… -Pues yo tiré en el mar la compresa. -Hala! exclama otra…»

Y pienso, esta es su primera vez. Y me pregunto, ¿Por qué estamos destinados a vivir todos lo mismo? A experimentar en nuestra propia vejiga lo que es desaguar en el mar por primera vez, y contarlo, a vivir la pérdida y el encuentro, a vivir por primera vez la muerte de tus padres y la venida de tus hijos, a aprender por primera vez a leer, a saber lo que las palabras significan. A darte cuenta tarde de que las palabras nos construyen y que si algo no se nombra, entonces no sabrás ni siquiera que puede existir.

Una amiga me facilitó el otro día más de veinte palabras inglesas para designar la lluvia que por aquí recibe el nombre casi improvisado de calabobos. Sé que los esquimales tienen cientos de palabras para nombrar el color blanco. Y sé que hasta ahora las negras, las blancas y las corcheas en una partitura no tenían para mí significado alguno. Y ahora lo tienen, lo empiezan a tener, por primera vez.

Me pregunto: Si un ser humano ha adquirido gran destreza en el arte de componer partituras y tocar instrumentos, ¿Por qué no nacemos todos ya con ese conocimiento adquirido? ¿Por qué no nacemos sabiendo tanto de física o de matemática o de arte o de filosofía como el ser humano que más supo de ello antes de nuestro nacimiento? ¿Por qué quien quiera continuar el trabajo de Einstein, por ejemplo, debe comenzar de cero y superarlo? ¿No es esto un esfuerzo vano?

Y vivimos tan tranquilos dando por válida esta forma tan poco económica de crecer en conocimiento que tiene nuestra especie. Repetirnos como personas nos sirve para sacar patrones de conducta que los psicólogos utilizan en sus estudios, pero nosotros…. !Ni siquiera somos conscientes de que, en lo básico, toda nuestra vida es una repetición de la vida de los demás! Pensamos que somos las primeras en mear en el mar, en enamorarnos, en tomar decisiones, incluso en leer a Lao- Tse con quince años.

¿Por qué no puedo tocar aún el concierto «fácil» para piano de Mozart? Cada uno de nosotros esconde un Barba Azul de los conocimientos, una caja de Pandora genética donde se almacena en silencio y en secreto lo que los demás aprendieron.

Sufro aprendiendo y me apasiono con ello. Lo que me recuerda una frase magnifica que forma parte de esta instrucción musical a la que me estoy gozosamente sometiendo. Es de Laura Viñuela, citando a Mc Clary, una musicóloga feminista empeñada en hacer ver a los musicólogos tradicionales la relación entre música y cuerpo, música e identidad, música y sentido social. ¿Obviedades? No tanto, hablamos de abrir los ojos a esto en los años 90… ¿Qué estuvieron haciendo antes los expertos? Considerar la música como algo trascendental, irracional, ajeno al cuerpo, al tiempo y a la sociedad.

La frase está en su libro sobre género y música popular y habla sobre lo que se ha dado en llamar «Semiótica del deseo». Yo la he entendido practicando con los dedos sobre el teclado. Que la disfrutéis.

«Los efectos que la música produce en el oyente no son simples abstracciones intelectuales, sino síntomas físicos reales. Gran parte de estos efectos se basan en la simulación musical de la actividad sexual humana y el sistema tonal es un claro ejemplo de esto, ya que las composiciones tonales se basan en patrones de tensión o despertar del deseo dirigidos a un clímax que concluye con la relajación o satisfacción de ese deseo».

Bien pensado a lo mejor es una suerte que investigadoras como Mc Clary no hayan nacido con todos los conocimientos patriarcales adquiridos y que si lo hizo, haya podido desentenderse de ellos y propugnar realidades bien distintas. Pues sí, resultará que la naturaleza, es sabia.

Feliz aprendizaje.
TREMENTINA LUX

There are no comments published yet.

Deja un comentario

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: