Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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BYE BYE LUZ VERDE, HELLO RED UNIVERSE!

“Tómate un Buñueloni y verás como todo encaja”

No se si alguna vez os lo he mencionado. Lo diré ahora: mido poco más de metro y medio. Últimamente veo anuncios de detergente concentrado que tratan de convencernos de las bondades de lo pequeño: “Lo pequeño es poderoso”. También sucede esto con los automóviles, dicen que el Tata Nano va a revolucionar el mercado. Mi madre cuando las demás crecían y yo me mantenía en mi metro y medio ya me decía, más para consolarme que para convencerme, “El buen perfume y el veneno, en frascos pequeños se vende”.

De esta cuestión lo que más me interesa es la atención que a lo pequeño presta la física cuántica. Hace un par de noches una tele del norte emitió una entrevista que me ha dejado fascinada. Al principio pensé que se trataba de un vendedor de crecepelo, así parecía tratarlo el entrevistador, con escepticismo y sorna. Al final resultó ser Juan Ignacio Cirac, premio Príncipe de Asturias y Director del Instituto Max-Planck. Una eminencia científica. Cuando me enganché a la entrevista hablaban de universos paralelos y de un método revolucionario para hacer desaparecer información en un punto y hacerla llegar a otro sin que esta circule por espacios intermedios, sin que pueda ser interceptada y descodificada. Pura magia, pura alquimia.

Cirac afirmaba que esto funciona en el mundo micro, que cuando la cosa crece estas leyes cuánticas ya no funcionan. Y lo más importante de todo esto, que mientras esas partículas no son observadas cualquier posibilidad y todas las posibilidades se superponen entre sí. Que es con la mera observación como el observador modifica y crea la realidad, la determina, la hace posible. Las cosas no son blancas o negras, por cierto muy recomendable la exposición colectiva de la fundación Chirivella Soriano sobre el tema, sino blancas y/o negras, todo al mismo tiempo.

Los experimentos han confirmado las hipótesis e incluso hay quien ha lanzado ya aplicaciones prácticas y se han hecho, al parecer, las primeras transferencias bancarias con métodos cuánticos. Ahora bien, el problema viene dado por las interpretaciones. Una teoría se demuestra a través de falsaciones. Los números están claros, pero, a través de nuestro sistema (viejo y caduco) de creencias: ¿Cómo nos comemos esta nueva realidad? ¿Cómo entendemos que un elemento pueda transferir a otro sus propiedades, su información, sin que ni el aire, ni el cable, ni la fibra óptica ni nada de nada haga de canal mediador? ¿Como interpretamos que un dado esté sacando todos los números posibles al mismo tiempo, es decir, en seis universos? ¿O que las cosas no estén ni vivas ni muertas, ni aquí, ni allí, a menos que las observemos?

En la nevera, hace ya algunos días coloqué con imanes una noticia que me tranquilizó bastante: “El mundo podría ser sólo un gigantesco holograma”, otro físico Craig Hogan de Fermilab en Estados Unidos, planteó la posibilidad de que el universo sea solo una proyección y que (otra vez la física cuántica) incluso observarlo pueda detener el proceso de pérdida de energía y según el conocido efecto Zenón, propiciar su destrucción.

Ahora, en mi ignorancia, veo las cosas mucho más claras. Además, estimulada por las bondades de “El secreto” decidí pasar la tarde de ayer leyéndolo en un gran almacén con librería. “El secreto” hace muchas referencias a la física cuántica, no en vano es una teoría que favorece la explicación de lo inexplicable, precisamente porque hay que ser físico cuántico para entender algo sin caer en la banalidad o el esoterismo parasitario. El libro habla de la fuerza de los pensamientos y de la ley de la atracción , en resumen viene a confirmar que eres lo que piensas, que te conviertes en lo que piensas y que lo que piensas tiene el poder de modificar tu vida y emitir señales que cambian las propiedades de lo que te rodea atrayendo a aquello semejante a lo que piensas. En definitiva, cuidado con lo que piensas, contrólate antes de pensar mal!!

Todo este batiburrillo y más que no mencionaré, me ayuda a explicar fenómenos que por mi naturaleza diminuta se hallan próximos al campo de lo cuántico. Tengo tendencia a experimentar con los procesos de transmisión de información sin canal. A diario tengo esas percepciones, en que no necesito ni móvil, ni mail, ni correo ordinario, ni ningún otro canal para comunicarme. También a veces me desnorto, claro, y me confundo, es que no domino muy bien la casuística, pero estoy en ello.

Seguramente por esta razón el domingo conseguí entrar en el Greenspace cuando ya no quedaban entradas. “El secreto” afirma que una debe pensar en lo que desea, pero no debe preocuparse por el como, el como es algo que compete al universo, el universo es un conseguidor nato. A mi me consiguió dos entradas mientras decenas de personas se quedaban fuera y diré que estoy muy agradecida a lo inexplicable, porque fue una noche límite, mención especial para las nuevas y divertidas amigas del universo W.C.

En mi pequeña opinión Vetusta Morla llegará donde se lo proponga, porque tienen actitud, fuerza, intensidad, autenticidad, energía y positivismo a rabiar. Hay personas que además de pensar tienen el don de crear y transmitir su propia búsqueda a los demás. Son admirables, aunque siempre haya mediocres en la pista, que se atrevan, por ejemplo a cuestionar, digamos, el saque de Nadal.

El domingo se cerró el Greenspace. Dijeron que era un entierro, el más divertido, tiraron confeti, bebimos toda la cerveza del mundo gratis, repito estas tres palabras juntas: toda, cerveza y gratis. Mas o menos el efecto conseguido merced a tanta generosidad es el similar al de un solo Buñueloni. Cantamos con Siwel y Vetusta, bailamos con D.J.Chema Rey y nos enfervorizamos con The Pinker Tones, al final, nos echaron mientras alguien daba por megafonía las gracias al consistorio de esta ciudad porque al parecer las naves se van a convertir en un centro para jóvenes artistas… como si el arte pudiera ser joven, que manía de darle betún a esta paradoja infame.

La tragedia se vistió de fiesta, Vetusta ya dijo que no es una buena noticia eso del cierre de las salas de música. Sabiendo como se las gastan por estas tierras con la cultura, en efecto, no es una buena noticia. El espacio funcionaba atrayendo como un imán a lo mejor del panorama contemporáneo, con una buena programación, variada, profesional, sin localismos ni amiguismos.

Necesitaríamos de la física cuántica para lograr que esas propiedades del ya difunto Greenspace, tan meritorias, se transmitieran a lo que sea que en futuro será de las viejas naves. A los datos me remito, pensad que en el concierto de Franz Ferdinand nos tuvieron bebiendo horchata y refrescos gaseosos toda la noche, que había que salir del recinto acordonado por agentes de seguridad y efectivos de caballería para conseguir de estranjis una cerveza fresquita y clandestina. Papá estado no confía en los jóvenes y mucho menos en los jóvenes con alcohol en las manos. No hay arte sin confianza, como no hay arte sin desinhibición, ni arte sin artistas y por supuesto no está el arte en las infraestructuras, está en las almas, está en las actitudes, está en los pensamientos y los buenos de verdad, suelen ser algo subversivos.

A veces para que todo encaje en el puzzle de la vida, como decía Don Luís Buñuel, (un tipo que hoy sería tachado de políticamente incorrectísimo, aunque nadie discuta su impepinable brillantez): “Para inducir y mantener el ensueño hay que tomar ginebra inglesa… es un buen estímulo para la imaginación. ¿Porqué? No lo se. Pero doy fe.”

Pensemos, pensemos en el mejor universo posible.
Pensemos con ardor, démosle luz verde, hagámoslo real.

TREMENTINA LUX

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