Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

Translate:

Redes Sociales:

EL CHARQUITO SATISFACTOR

«Una empieza hundiéndose en sus brazos y acaba con los brazos hundidos en el fregadero»
Lucy O´Brien

La demolición de la B-SIDE ha comenzado por los magníficos edificios del XIX que podrían haberse convertido en el Centro de Intercambio Internacional para artistas desclasados, siguiendo por ejemplo el modelo del 101 francés. Justo enfrente del derribo hay un colegio electoral.

La ciudad se ha llenado de horrendas caras, en su mayor parte abominables en la medida en que su gigantismo es harto desfavorecedor. También se ha llenado de sloganes que intentan concentrar no sé que clase de ideas reduccionistas. «Mi mamá me mima» o «Mi papá fuma en pipa» son frases más complejas, por el sagaz contenido manipulador en cuestiones de género y las cacofonías perversas que en ellos se contenían.

¿Dónde está escrito que hay que tratar a los adultos como bebés? ¿No está acaso prohibido el voto a menores de edad? ¿No deberíamos, por esa misma razón, renunciar a votar cuando, incapaces de entender el mundo que nos rodea, necesitemos ser asesorados por el asilo, los yernos o las nueras votando lo que ellos votarían? Si los gurús del márketing político creen que esos rostros ciclópeos y esas frases de tres palabras los convierten en un «Satisfactor» es que como colectividad nos consideran un autentico conjunto de idiotas descerebrados.

¿Público objetivo? Idiotas descerebrados entre los 18 y la senilidad, con intención de votar. Algo así debe poner su Briefing.

La otra noche cené con varias mujeres. Les pregunté si alguna vez habían tenido una eyaculación femenina, espantoso término para definir algo que en verdad, no tiene todavía un nombre apropiado, un nombre nuestro. Paradójicamente los chicos lo conocen como cumming, gushing o squirting, porque han visto alguna peli porno que consideran bizarrita. -Pero eso es mentira, dicen, -eso es imposible… Y se ríen porque su sexualidad se fundamenta en la pérdida de control, en la expulsión de fluidos hegemónicamente bien considerada (!ay, pobre del que no fluya!), frente a nuestra educación en la contención, en la represión inducida, incluso en los límites más satisfactores del encuentro con una misma.

Luego lo pregunté en otra cena. Y en otro bar de copas y en casa de unas amigas y en una merienda familiar. Nada, independientemente de su condición social y su edad. Me miran con cara de incredulidad, no quieren parecer bobas, en sus adentros se piensan, se interrogan, dicen, ¿acaso no conozco mi cuerpo? y miran con picardía, calladas, esperando mi propia respuesta, convertidas en incógnita.

Hay mujeres que llegan a los cuarenta sin saber de la existencia del punto de Gräfenberg y sin poner a prueba sus Glándulas de Skene. Como la Naoko de Tokio Blues (la película está en cartel y el libro de Murakami en bolsillo) que vive y muere obsesionada por sus humedades vaginales y por la culpa, sobre todo por la culpa que ese fatal descontrol (desconocimiento) de sí misma acarrea en las vidas de los demás. ¿Un claro ejemplo de violencia simbólica estetizada…?

Hay mujeres que ya han muerto sin tener ni idea de que podían liberar con fuerza insospechada más de un cuarto de litro de fabulosos y amenazantes elixires. Amenazantes, por oposición a los 5 o 10 ml de promedio masculino, garantes del caduco orden patriarcal. ¿Os imagináis un Bukkake de esta índole…?

A la intención de mostrar se opone siempre la intención de ocultar. Es decir, cada vez que alguien decide mostrarnos algo conviene preguntarse acerca de lo que no nos muestra, de la relevancia para nuestro bien de aquello que nos oculta. De lo que se deduce que si los grupos políticos en campaña deciden mostrarnos tan poco, aunque, paradoja, nos muestren sus poros y sus calvas y sus retoques de ojeras y arrugas y canas tan ostensiblemente, es obvio que la magnitud de lo que nos ocultan debe ser bárbara.

Para que esto no vuelva a suceder, la insatisfacción generalizada, lo que opino es que deberían escribir, visualizar, magnificar en las pancartas su programa electoral, que la ciudad debería convertirse estos días en una libreta en blanco para el debate concreto sobre aspectos cruciales, sin eufemismos, sin golems con pies de barro. Comprometerse públicamente con tareas concretas: en una parada de autobús el programa para Educación, en otra el de Sanidad, en otra el de Cultura, punto por punto. Asignación a recursos humanos, plazos de ejecución, viabilidad de los proyectos, todo ahí, en vallas publicitarias de doce metros, y en las cartas que nos bukkakean los buzones, con letra clara y grande, sin insultos, sin ingeniosidades fácilmente refutables. ¿De qué nos sirve que infecten la ciudad ostentando un protagonismo ridículo (y estéticamente muy desagradable) que insulta nuestra inteligencia?

También opino que deberíamos darle un nombre a lo que algunas mujeres llaman «El charquito». Y de la misma manera explicarlo en vallas, en paradas de autobús, buzonearlo, dignificarlo. Frente a la sequedad de los derribos y los cuerpos politizados, la fertil apropiación femenina del propio cuerpo femenino.

TREMENTINA LUX

There are no comments published yet.

Leave a Comment

Translate »