Hay personas que hacen lo imposible por lograr lo que desean. Esto significa que lo hacen. Son personas de acción y pocas palabras. Yo, para lograr lo que deseo, escribo. Lo que significa que suelo hacer de lo que deseo, un imposible. Soy una verborréica.
Anoche me acosté pensando con Adán y con Louise L.Hay. ¿Dice el Génesis cuanto tiempo pasó Adán recuperándose de la pérdida de su costilla y de la no menos gravante aparición espontánea de una compañera?
Hoy me he imaginado a Adán tumbado, durante semanas, sin antinflamatorios, tocado, pero bien tocado. Ahí está, todo el día a la bartola del manzano en flor, sin poder darse ni la vuelta en el lecho de hojarasca sin exhalar un dolorosísimo y triste ¡Ay!. Sin apenas respirar, reír, levantar el ánimo y caminar, y sin música, eso si que es una maldición. Y Eva, ¿que hace Eva, la “nueva”, esa extraña en la vida de Adán y de las bestias?
Eva mangonea. Pone el Paraíso atado a sus pies. Nombra los bichos, pinta las rocas, domestica las aguas y siente tentaciones. Adán pierde el control, esa mujer que le ha robado la costilla va de aquí para allá, cambia las reses de sitio, le cuenta lo que sucede al otro lado de la ribera, sube y baja a los árboles, trepadora, divertida y por tanto insultante, se ríe alegre y por las noches sale mucho y vuelve al alba, desnuda y despeinada y entonces le cuenta sólo lo que le interesa. Le manipula. Adán siente que su mundo ya no le pertenece, Eva es la heredera.
¿Qué opinaría de este dolor costal Louise L. Hay? No lo se, no he encontrado la respuesta. Esta autora opina que los dolores del cuerpo son, digamos, los dolores del alma y que cada zona que nos pide auxilio es una alarma, una falta de aceptación de los demás, de las situaciones, o de nosotros mismos. Ella asocia por ejemplo el dolor de garganta con no expresar lo que se siente, con callar. Su teoría apuesta por la autocuración consciente (casi nada). ¿Con qué asociaríamos, según estos postulados el dolor costal?… ¿Alguien tiene alguna hipótesis?…
Hace dos semanas el mediterráneo me obsequió con un cabezazo en las costillas. Un buzo me embistió y desde entonces soy una nueva Eva empática con el viejo Adán. El costado, tan cerca del corazón apremia tanto el sentimiento que cambio de la palabra “alegre” a la palabra “triste” dos veces en el mismo párrafo. Digo “estoy contenta” digo, “estoy triste” y ni yo entiendo tanta volubilidad verbal, que no de acción, claro.
De repente parezco ciclotímica. En lo personal me he transformado en una verborréica adolescente y mis estados de humor, leyendo a Madame Bovary, una mujer acuciada por no saber cual es su lugar en el mundo, me convierten en dinamita en la despensa. En lo escritural, me estoy volviendo ágrafa, expulsada de un relato que intento acabar por auténtica cabezonería, expulsada del Paraíso de mis propias palabras. Por cierto, ojo a los fulminantes retratos psicológicos de Flaubert… ¿Puede que jamás se haya vuelto a escribir algo así desde entonces? Puede.
Espero que se me pase pronto. He de decir que a diferencia del pobre Adán, escuchando el silencio aburridísimo del Edén tan sólo interrumpido por los mirlos, yo escucho, de forma muy privilegiada, la banda sonora de los cinco últimos minutos del universo y he de deciros que suena a gloria.
Mientras me recupero admiraré la contención, nunca se sabe motivada porqué, de los ágrafos, ¡Ah, qué personajes tan misteriosos!. Flores como silencios, palabras como manzanas… que le pregunten a Newton cuando se acaba el tiempo del deseo y empieza el del mordisco lujurioso y sanador, sin puntos suspensivos…
A LA SOMBRA DEL MANZANO, esperando vuestros pecados
TREMENTINA LUX
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