Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

Translate:

Redes Sociales:

SOBRE AMORES DESCATALOGADOS

Quisiera pedirle disculpas públicamente a Sandra. Puede que mis modales la hayan ofendido. En mi defensa comenzaré diciendo que no conozco a Sandra. En su defensa diré que Sandra no me conoce a mí, por lo que no era consciente de que a su vez, podría estar ofendiéndome. Sandra tiene una bonita voz. La cosa ha sucedido así:

NUMERO PRIVADO: ring, ring, ring, ring, ring, ring… ring y ring otra vez.
ELLA: ¿Es la casa del señor x?
YO: ¿Quién es?
ELLA: ¿Es la casa del señor x?
YO: ¿Quién es?
ELLA: Soy Sandra, ¿es la casa del señor x?
YO: No.
ELLA: Soy Sandra… Estamos haciendo una encuesta a amas de casa… ¿es usted el ama de casa?
YO: No, en esta casa no hay amas de casa.
ELLA: Ah!, ¿noooo?….Entonces, ¿quién eres???
YO: ¡Y a ti que te importa!
ELLA: ¿?*+()+·#@|¢¢¢∞#}]{@¬∞

Cuelgo. Fin de la conversación.

Lo que Sandra me ha planteado es: ¿Qué posibilidades tengo de ser YO en este mundo de libre mercado?. Quiero decir, ¿quién puedo ser estando a las doce del mediodía en un hogar español, en referencia a un tal señor x, titular de una cuenta telefónica que no es la mía, al que por otra parte, ni siquiera conozco?. Sandra, con ese repulsivo y guasón: “¡Ah!, ¿noooo?…” debe de pensar que:
a) miento
b) soy la que limpia la casa del señor x
c) soy su amante
d) soy una imbécil
e) una ladrona
e) no se quien soy

Y puede que en parte o en todo, esté en lo cierto. Sandra me ha pillado en pleno orgasmo y eso me ha puesto de muy mal humor. Lo que podría encajar en la idea de la amante.

Diré lo que estaba haciendo, lo diré, porque entre nosotros, hay intimidad. Estaba leyendo opiniones sobre Sofía Bers o Berhs, hasta en este punto hay confusión. Sofía era maestra y formaba parte de la aristocracia rusa. Se enamoró de un hombre culto e inconformista. Este hombre, antes de la noche de bodas le dio a leer sus diarios íntimos de juventud. Juventud marcada por la incontinencia de las pasiones, los burdeles y las enfermedades venéreas. Sofía se casó con él. En 1890 ella escribió la novela “De quien es la culpa”. Su obra nunca fue publicada, lo que la sumió en un profundo estado de incomprensión. Más suerte tuvo como ama de casa, 13 hijos, y como secretaria de su marido. Más suerte tuvieron las siete transcripciones que escribió de las obras de él y que se publicaron con notable éxito. Llevaban por título: “Guerra y paz” y “Anna Karenina”, entre otras.

Las pocas opiniones actuales sobre la persona de Sofía están bastante enfrentadas. El hecho de que Tolstoi se decidiera a abandonarla a los 82 años de edad, tras casi 50 de matrimonio, ha contribuido a alimentar la leyenda de Sofía como interesada, arpía y materialista… aunque sus defensoras afirman que era una mujer vital, combativa y devota. Todo ello refrenda la idea de que detrás de un hombre siempre hay una gran mujer. Entendiendo en este caso por grande su capacidad ilimitada de darle hijos, uno por año, hacer legible lo ilegible y no perder la salud mental, como parece ser que le ocurrió a Sofía, a juzgar por sus repetidos intentos de suicidio.

Pero claro, Sandra, la chica de la bonita voz, que ha interrumpido mi pequeño placer, no tenía ni idea de esto.

No tenía ni idea de que llevo días buscando los diarios descatalogados de Adèle Hugo, la hija de Víctor Hugo que también tuvo una existencia trágica, en el sentido romántico del término. En 1968 en París, Truffaut se inspiró en sus textos para filmar “L’Histoire d’Adèle H”. En la película nos la muestra a veces como una loca de amor, una joven obsesiva capaz de pasarse nueve años recorriendo el mundo y cruzando océanos para suplicarle al hombre que sistemáticamente la rechazaba, un soldadito guapo pero mediocre, que se casara con ella. Por supuesto, nunca lo consiguió.

Adèle escribió. Mucho. Sus dos primeros volúmenes, los del exilio con su familia, fueron en un principio atribuídos a Víctor Hugo. Imaginad pues que su calidad literaria le andaría a la zaga. Los siguientes volúmenes es imposible encontrarlos, ni que decir tiene que jamás se han traducido al español. Estoy convencida de que la pulsión literaria de Adèle (íntima, auténtica y confesional) fue el verdadero y trágico amor de su existencia. Sin saberlo prefirió buscarse un amor imposible que le completara la vida a través de la palabra, que un marido que le hiciera transcribir guerra y paz siete veces a un ritmo frenético de un hijo por año hasta el histerismo, que, por si no lo sabéis, etimológicamente viene de hístero, es decir, útero. La tragedia de la historia de Adèle, con cierta perspectiva histórica, no es que ese petimetre la rechazara, sino que nadie pueda leerla, leer y aprender de su verdad.

Pero claro, Sandra, la chica de la bonita voz, no tenía ni idea de esto.

Ni de que ando buscando en las librerías y las bibliotecas “El arrebato de Lol V. Stein” sin éxito y en los videoclubes y las videotecas “India Song” sin éxito. Y que he visto «Hiroshima Mon Amour» de Duras y Resnais y me parece de tal magnitud, que no entiendo como es posible que tanta obra meritoria esté enterrada en la descatalogación.

Antes había libros prohibidos, hoy simplemente hay ejemplares descatalogados. Sandra no sabía que hoy soy Sofía, Adèle, Marguerite, Simone y todas esas mujeres con obra, pero sin visibilidad. Lo que plantea otra pregunta, ¿quién hay detrás de una gran mujer? Es difícil saberlo. Normalmente otra, o varios hombres, raras veces uno sólo, que curioso.

A su vez, todo esto responde a la pregunta de Sandra. Se puede estar en un hogar español, a las doce del mediodía y no ser necesariamente un ama de casa a la antigua usanza, aunque a otras mujeres, probablemente más jóvenes, mujeres que habitarán el S. XXI les cueste muchísimo comprenderlo. No es peyorativa la elección (si existe voluntariamente que ese es otro tema) de ser ama de casa, es peyorativa la imposición, el estereotipo y la norma.

Querida Sandra, hoy soy mi propia amante, confío en haber patrocinado momentos de risa con tus compañeras de locutorio. Por mi parte, gracias por darme la rabia que necesitaba para colgar el maldito teléfono y escribir este post.

TREMENTINA LUX

There are no comments published yet.

Leave a Comment

Translate »