Os diré lo que hago en el estudio: Pinto, y me deslumbro. Os diré algo respecto al producto, el producto importa. Importa lo más mínimo. En las sesiones de retrato simultáneo que estamos llevando a cabo importan otras cosas. Las cosas brujas. Las cosas mágicas. Las cosas de material sensible no estipulado. Las no-cosas. Os diré lo que hacemos en el estudio. Vehiculamos los misterios de la mano al vientre, al lavado, al lienzo. Y a veces, por no decir siempre, una descubre que haya lo que haya fuera lo que pinta, pinta dentro. Que la mente con los años se abanica, es decir, se pliega como un soplillo, ventalle, paipay, flabelo, perico, pericón, abano, abanillo, aventador, para conectar plástico con soflama, líbido con terror, pulsión con ego, neurona con pleonasmo, personas que van con personas que fueron, así es la materia de la que se nutre la constelación pictórica: derribada y arribista. Os diré lo que pasa en el estudio. Que teniendo vivos pinto aparecidos, que teniendo aparecidos pinto monos, que teniendo monos pinto siempre sin pintar en mi. Y que la algarabía de los hechos supera con creces la extrema voluntad apropiacionista de las críticas deconstructivas, de los honores de lo bien y lo mal hecho, de lo verbalizado y lo esperado. Eso pasa. Que en nuestro estudio lo haciendo es lo importante y te entereras entonces de si estás entera, y de las cosas, o mejor dicho, de las no-cosas que añoras y estando en ti, te faltan fuera. Y que aquí quien opina, opina con pinceles o calla para siempre, por eso, por la exposición sublime del alma perra que esto convoca, los homínidos resucitan sonrientes.
Gracias por compartir vuestra lo que sea. Me vale energía.
TREMENTINA LUX
Porque las influencias no se miden en estancias…
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