Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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Gala

ESTÁS LLENA DE NOCHE

“La noche te perdió. La noche y el día se disputarón tu cuerpo, tu alma, en la larga lucha del convento, y mientras la niña que fuiste anda por días puros, a la luz del sol, misionando, sufriendo, cantando alabanzas, la mujer que hoy eres vive la noche, transnocha de día, está llena de noche.”
Francisco Umbral.

Ayer adquirí tres libros de saldo. Uno de Francisco Umbral, un tipo demonizado en la infancia por los fieles cancerberos de la moral. Digamos que lo he considerado, no se si justa o injustamente como un dandy grosero, demodé, maleducado y maldito, durante mucho, quizás a la luz de mi tardío descubrimiento, demasiado tiempo. El texto, publicado en una (perdón) horrible colección, “Ediciones irreverentes”, se titula, también (perdón) horrible título: “Carta abierta a una joven progre”. Umbral tiene una voz poderosísima, a veces muy poética, a veces muy soez, a veces excesivamente surrealista, empachada y barroca. Lo que pasa es que siempre es lúcida, culta pero a ras de tierra y la verdad nos afrenta como un escupitajo, con acritud. Es, al menos, una voz diferente, íntima y políticamente incorrectísima. Caray, en pleno Siglo XXI un anarquista de la vindicación de género, que lujazo.

El segundo ejemplar es de Estrella de Diego, profesora de Arte Contemporáneo en la Complutense y prolífica investigadora dada a publicar ensayos sobre cuestiones de género en el Arte. El libro en cuestión se titula: “Querida Gala. Vidas ocultas de Gala Dalí”. Ni Dalí ni Gala han sido nunca, tampoco para mí, referentes de virtud. Sin embargo, hace unos días estuve en su casa, en Portlligat. Vi sus zuecos, vacíos de pies, de diferente tamaño, unos grandes, los de ella pequeños, blancos, esperándolos en una eternidad sin respuesta, dóciles como perrillos, junto a la cama. Vi sus camas con dosel y su piscina en plan Alhambra y su estudio y ese armario forrado de recortes de prensa donde aparecen los dos. Fotografié una de esas imágenes de prensa, en ella Gala mueve los hilos de las manos y la cara de Dalí y Dalí mueve los hilos de una pintura, en un triángulo de marionetas, el Amor, la Vida y la Chispa, o El Incendio que surge de eso y que es ya distinta a ello: El Arte.

Desde ese momento, en que compartí su intimidad, tuve mucha curiosidad por conocer a la otra Gala, que seguro que la hubo, la que no fue una arpía sino una dadora, la Gala que no nos cuentan los amigos ofendidos de Dalí, los cronistas machos de la época, envidiosos quizás de su éxito o del tándem sagrado que ellos dos establecieron y que hizo al mundo diminuto, muy pequeño. Por eso compré el libro de Estrella, por mis dudas razonables.

El tercer ejemplar se titula “Zelda y Francis Scott Fitzgerald”, lo firma Kyra Stromberg y habla fundamentalmente de lo que ella denomina la pareja perfecta de la era del jazz. En la pareja perfecta, Zelda, a la sombra de Scott intentó profesionalizarse en la danza, la literatura y la pintura. Escribió 480 páginas de una novela, doce relatos, artículos, reseñas críticas y una extensa correspondencia con él. Dicen que Zelda influyó a Scott de manera definitoria y hay un par de investigaciones que demuestran con datos concretos lo que él mismo llego a afirmar: “me he casado, en efecto, con la heroína de mis novelas”. Dos ejemplos apasionantes de mujeres con talento, hipotecadas por esa manía de matriarcalizar las relaciones artísticas con el amado, de servir al arte, de universalizar el amor. No son las únicas, pero son admirables.

En paralelo a estas jugosas adquisiciones que me costaron la magnifica cantidad de ocho euros, leo la extraordinaria tesis doctoral de Núria Rodríguez, que ha rescatado algunos textos de artistas, pintoras, fotógrafas, tejedoras… resolviendo con creces las preguntas de partida: ¿Escribían estas mujeres? ¿Dónde están sus textos? Mencionaré tan solo dos avatares del interesante y vasto trabajo que Núria nos ha brindado, para nuestra siempre incrédula sorpresa.

El primero, os lo destaco por demoler una utopía. Habla de la cara que se le puso a Kyra Stromberg, responsable de la Escuela de la Bauhaus cuando, (debido a la constitución de Weimar que otorgó a la mujer libertad de estudios ilimitada) se le llenó la prestigiosa escuela de damas, en número igual o superior a los caballeros interesados.

Aterrorizado por el descrédito y el amateurismo que esto pudiera convocar, decidió implantar un cupo y pretextar que las mujeres lo que de verdad hacían bien no era trabajar en los talleres de carpintería o arquitectura, sino darse a los telares. Y cito textualmente al Sr. Gropius, eminencia entre las eminencias, en una carta escrita a Annie Weil: “ no es aconsejable que las mujeres trabajen en los talleres de artesanía más duros, como el de carpintería. Por esta razón, en la Bauhaus se va formando cada vez más una sección de carácter marcadamente femenino que se ocupa principalmente de trabajar con tejidos. Las mujeres también se inscriben a encuadernación y alfarería. Nos pronunciamos básicamente en contra de la formación de arquitectas”. ¡Caray!

Otra de las voces que me tiene subyugada, es la de Marianne von Werefkin, fue pintora y perteneció al grupo Der Blaue Reiter, El Jinete azul. Fue una prolífica diarista y reflexionó sobre la espiritualidad del artista abstracto mucho antes de que Kandinsky, buen amigo suyo, publicara en 1910 el famoso texto: “De lo espiritual en el arte”.

Marianne escribió durante cuatro años, de 1901 a 1095 su diario con el título “Cartas a un desconocido” en el que a través de un alter ego planteaba una visión especular de la mujer artista en la que se estaba convirtiendo, y sus dudas a cerca de si estas dos condiciones juntas, reunidas en una misma persona, mujer y artista, eran posibles.

Tuvo una trayectoria artística brillante que le valió el apodo de El Rembrant Ruso, hasta que conoció a Alexei Jawlensky un pintor cuatro años menor que ella y bastante más mediocre, del que se enamoró, perdida, perdidamente. Le dice a una amiga: “Amo su trabajo y quiero ayudarle” Y sigue en su diario: “ quiero ofrecerles, (a los hombres que ella ama) nuevos horizontes, nuevos dioses, una nueva e incipiente fe, la fuerza creativa”. Werefkin y Jawlensky vivieron cuatro años de místico y fraternal amor, en los que ella le sufragó los gastos y la vivienda y no se cuantas cosas más, a su pequeño y amado petimetre. Luego vino la traición, Jawlensky mantenía en secreto una relación con Helene, una sirviente de la cocina, con quien tuvo un hijo. La cosa acabó en separación y Werefkin años más tarde, gracias a la escritura en su diario comienzó a pintar de nuevo, a reencontrarse como artista, a liberarse de la tarea auto-impuesta de ser una “sirvienta del arte”. Del arte de otro.

A esta algarabía de preciosas personalidades, podemos sumarle la contingencia de que hace dos semanas estuve en el concierto de Ana Elena Pena y Vanexxa y que por fin he podido colgar fotos de músicas (el femenino de músico) en mi álbum de conciertos. Su directo fue retador, sus letras impactantes, su atrezzo y su teatralidad digna de los grandes referentes del buen directo de rock, sexo, furia y actitud. Nada de soserías como tanto se da últimamente en los, a veces, aburridos e insustanciales directos Indies. Desde entonces, queridas, en determinadas situaciones no dejo de pronunciar el mantra, buenísimo, Ana Elena, gracias; “Ensalada de pepino en colegio femenino”.

¿Y a qué viene todo esto? Bien, a lo siguiente. Ayer un amigo me cuestionaba la pertinencia de los estudios de género, en los que como habréis intuido, ando metida por auténtica convicción. Mi amigo me hacía notar lo insultante que podría resultar ser estudiado por la mera pertenencia a un sexo o a otro. Lo innecesario ya hoy día de estos estudios, que pese a todo no se plantean desde la exclusión sino desde la complementariedad. Y toda la noche, como a marianne y a Gala y a Zelda y a la chica progre de Umbral me ha estado dando vueltas la cabeza, llena de pepinos.

Pondré un ejemplo sencillo, para que lo entendáis:

Anoche, por ejemplo, no se, doce millones de personas tan sólo en España estuvieron pendientes de un partido de fútbol, masculino, con sujetos activos masculinos: jugadores, entrenadores, fisioterapeutas, árbitros, locutores y mandatarios. La única presencia relevante femenina fue: “La Copa”. El objeto pasivo, de nuevo el Objeto de Deseo, esa gran vagina codiciada por los héroes, garantes de la fuerza, la masculinidad, el sudor de la frente y la violencia física. Esa gran Copa además, dentro del ritual, es ofrecida por el poderoso, el señor feudal al capitán del equipo, algo así como si dijera, en ese abrazo secreto: – te has ganado el derecho de pernada. Menos mal que tenían, todos ellos la bendición del Papa. Supongo que La Copa sería virgen, sin mácula, era brillante, digna, claro, la Virgen… ¡para el mejor!!… Es tan obvio y natural en esta estructura patriarcal que… ¿Alguien lo ha pensado? ¿Alguien se lo ha cuestionado?

También, supongo, que esto no pasa en la Literatura, el Arte, la Música, la Filosofía, la Gastronomía y la Alta Costura, por ejemplo… Nooo… En respuesta a mi amigo, a mi me sentaría fatal, por el mero hecho de ser hombre, que mi trabajo pasara a los anales de la historia, (anales, curiosa palabra). Que por ser hombre mi trabajo, amoldándose a los estereotipos y los valores hegemónicos se presupusiera superior, mejor o simplemente se considerara, que es lo que ha venido, viene y vendrá sucediendo. A las grandes y obsoletas enciclopedias biográficas me remito. Nos equivocamos si seguimos pensando que éste no sigue siendo un mundo de hombres con valores preponderantes masculinos y que la obra o el esfuerzo femenino por profesionalizarse se ningunea… (Gala, Zelda, Marianne, y la chica progre saliendo de su cascarón tejido por la educación cariñosa de las monjitas). ¡Qué cabezotas son las chicas! (la mitad de la población humana) que siguen erre que erre, lucha que te lucha, sin amago de victimismo.

Como hiciera Gemma Lienas, en “El diario Violeta de Carlota”, he invitado a mi amigo a ponerse las gafas violeta. Son unas gafas ficticias, claro, que nos permiten ver el mundo al revés.

Por si alguien tiene problemas de imaginación os lo pongo fácil, no hablaré de Arte, sino de deporte: pensad en un partido de fútbol femenino, (que haber féminas que juegan a esto, las hay… ¡Oh! pero no son fuertes, ni dan espectáculo ni bla, bla, bla… vale, estamos con las gafas puestas). Bien, el partido cuenta con una audiencia de más de doce millones de gritonas solo en España, (!!!y como gritan GOOOL, cómo gallinas!!!, recuerda que en este mundo es a ellos a quienes se les dice, de broma… “calladito estás mas guapo”) Piensa en árbitros femeninos, entrenadoras, fisioterapeutas, locutoras, mandatarias y jugadoras. Del diseño del equipaje ni hablamos porque lo diseñarían ellas, para estar más cómodas y no siguiendo parámetros de chichi y camiseta mojada, no, que estamos con las gafas.

Bien, a lo importante, añade un trofeo tipo Obelisco, largo, grueso y lustroso, erecto, apuntando al cielo, vamos, con una clara simbología fálica. Imagínate el estadio lleno y a todas esas mujeres locas por conseguirlo, (¿será virgen…? Agg… quien querría un obelisco inexperto, !qué horror!). Imagina que quien da el trofeo es una mujer. La más poderosa le entrega a la capitana el trofeo, la metonimia del varón, el todo por la parte… Sería algo así, ¿no?… el obelisco no puede salir por piernas porque el objeto en todo este juego, no corre, se aguanta quietecito y callado y es al fin entregado a las heroínas para que hagan con él, no se, ¿ensalada de pepino?.

Bueno, a este súper evento mediático a nivel europeo, añade un mandatario, uno solo, entre todas las gobernantas, para que haya una excepción que confirme la regla. Interesa que el tipo sea algo andrógino es decir que no sea muy masculino, no vaya a ser que resulte una amenaza, por favor. Imagina también si quieres, un consorte y añade un locutor heterosexual de buen ver que guste al público, femenino, y que le haga pensar que esto del fútbol de chicas, a los varones, mira tu por donde, oye que sí, también les interesa. ¡Ah!, y en el público también, también va habiendo hombres, hombres que ven la luz y que al fín entienden esto del fútbol, digo, Futbal. Y dadme las gracias porque la pelota, o el balón, no entran en este juego violeta gracias a la ambigüedad sexual de su denominación.

¿Qué tal? ¿Apabulla el estadio? ¿Se os ha puesto cara de Walter Gropius con la bedelería de la Bauhaus a rebosar de muchachitas con sueño de arquitecta?

Este es el Siglo. XXI. Queda mucho por hacer, claro, y lo haremos juntitos y juntitas 😉
!Feliz día!

Llena de noche,
TREMENTINA LUX

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