PRIMER ACTO LA UTOPIA HERMAFRODITA
Imagina que hombres, mujeres y personas intersexuales pudiéramos engendrar descendencia. Por igual. Parir humanos desde el canal del parto hacia la constelación de océanos, tierras y bendita atmosfera en que habitamos. Imagina que esa humanidad fuera parida a lo grande por la vagina, o a lo estrecho por el pene. O si me apuras para que este primer acto sea más utópico, imagina que la humanidad fuera ligeramente hermafrodita en esto de parir, que naciéramos por fecundación cruzada: ¡se copula y chas !Tots dos prenyats! (Ambos preñados)
Por un momento, piensa hacia qué tipo de sistema social conduciría esta forma de venir al mundo si tod@s tuviéramos lo mismo entre las piernas. ¿Tal vez la especie humana habría elaborado un sistema social más justo, más igualitario, donde los cuidados compartidos fueran de índole más tribal? ¿Seríamos una especie con autoestima propia, sin complejo de inferioridad? ¿Una especie que no necesita creerse superior mostrando dominación y destruyendo todo lo que pisa? ¿Una especie capaz de cocrear con los demás seres vivos del planeta tierra en armonía? ¿Una especie que se cuida y es cuidada? ¿Una especie sabia que ahonda en su propio poder? ¿Tendríamos necesidad de colonizar y conquistar otros territorios? ¿Hubiéramos dado el salto de presa a depredador o hubiéramos gestionado la superioridad de quienes nos devoraban con otro tipo de superpoder?
¿Te imaginas este dispositivo sexual, tipo enchufe con un polo positivo y otro negativo capaz de acoplarse a la perfección con otro ser humano? !No habría envidia del pene! Freud no hubiera tenido posibilidad de teorizar sobre esto. Otro mundo de comprensión de ternura, de afecto, de dualidad.¡Qué locura, que diversión, qué empatía! ¿Me sigues?
SEGUNDO ACTO: EL CONFLICTO CREADOR
Voy a incluir en este segundo acto una premisa que ya conoces, tenemos sexo biológico y tenemos una construcción cultural del género, doblete en galimatias. Y no somos una especie hermafrodita. Fin de la utopía del primer acto. He aquí la diferencia importante: la estrechez del canal del parto.
Vamos a decretar que el canal del parto no tiene el mismo ancho, ya conoces las anatomías humanas tal cual son ahora, pues eso: sobran las palabras, convoca a tu imaginario y dime, ¿qué tal lo de parir o nacer por la uretra masculina? ¿Qué tal lo de parir o nacer por la vagina? (Queremos pensar que el pene del ser humano tendría alguna ayuda fisiológica para reducir el dolor y la mortalidad, o que podría llegar a existir una adaptación más cercana al marsupio del caballito de mar que al pseudo pene de la hiena, o que los humanos nacidos de hombre tendrían el tamaño de un garbancito.)
Imagina por un momento que esta diferencia fuera muy importante, bueno, que se le quisiera dar importancia en el cuerpo de lo social. Imagina que los hombres varones decidieran que los humanos nacidos de mujer o de intersexual fueran inferiores porque lo hicieron por la puerta grande y facilona con el cerebro más desarrollado en las aguas uterinas gracias a que el tamaño del canal del parto así lo permitía. Imagina que hubiera teorías diseñadas por cerebros más pequeños (los garbancitos) que tuvieron que crecer ya en dique seco y esto fue tan doloroso que generó una herida tipo pecado original.
Tal vez en ese sistema social barnizado por el odio a la diferencia nacería la esclavitud, las masacres, las hambrunas, la desigualdad social, la meritocracia, las fratrías, las jerarquías. Y lo más terrible, nacería la duda de si eres hijo/a nacido de hombre o de mujer, ciudadano de primera o de segunda. Tendrías que pasarte la vida demostrando lo que vales y lo que vales no dependería de tu valía intrínseca, sino del sistema de valor socialmente establecido como hegemónico por una élite a la que igual no perteneces. Tampoco sabemos cómo serían fisiológicamente las criaturas humanas nacidas de varón, si serían humanos más inteligentes, más fuertes, más intuitivos, o, todo lo contrario, hasta generar una segunda especie tipo oso grolar atrapado entre dos mundos imposibles… ¿Me sigues?
Y ahora te adelanto algo que, estando en el tercer acto, ya te va a resultar demasiado familiar. Con esta duda, la de si eres nacido de hombre, de mujer o de persona intersexual, vendría aparejada la necesidad de asegurarse el linaje consanguíneo. Y nacerían los papeles: un contrato matrimonial que acreditara quiénes se juntaron para procrearte, un certificado que dijera de quién naciste, un acta que atestiguara quién te mantuvo, un expediente académico que cuantificara cuánta inteligencia tienes, un título para evidenciar que te lo seguiste currando, un certificado de «empadronamiento» que acredite el lugar que estás destinado a ocupar en este tablero de la existencia patria, sin salirte de los límites.
Y esos cientos de papeles serían imprescindibles para que los tuyos te cuidaran, en el mejor de los casos, y los cuidaras. Pero esos «tuyos» tu gente, incluye a muy poquita gente. Ese papel sería la frontera que te convierte en ajeno a los demás seres humanos y te enfrenta de la cuna a la tumba a quienes no siendo tú, son la otredad. Y esa frontera se haría tanto mayor cuanto mayor fuera la duda de tu alumbramiento, canal estrecho, canal ancho… Nacerían las separaciones entre personas, familias, aldeas, pueblos, ciudades, países, continentes… El miedo y la supervivencia sería el hábitat natural de estos humanos en cualquier tiempo y lugar. Suprarrenales a mil. ¿Me sigues?
TERCER ACTO: LAS MUJERES PAREN A TODA LA HUMANIDAD
Ahora ponte en el escenario más distópico desde un punto de vista egóico, nada conectado a una verdad transcendente (luego te explico porqué, no saques de contexto la frase). Este escenario no tienes que imaginarlo. El hombre varón no puede engendrar hijos, algunas personas intersexuales tampoco. La naturaleza decide que es la mujer la única que puede crear vida de su cuerpo. Regenera su sangre cada mes para abastecer, sus pechos crecen para amamantar, el vientre se tensa como un planeta pleno, es una loca transformación física, es una Diosa dadora de vida. Puro misterio místico. Es así.
Del falo, objeto mágico del relato maravilloso, no salen criaturas humanas: el falo no puede parir, el vientre del hombre está hueco, vació, no tiene donde alojar una vida, esto es vivido como drama. Sí, cultural y socialmente, como drama. Por fuera ese vientre se endurece en la juventud esperando su oportunidad y se descuelga en la vejez. ¿Tal vez por eso el falo, imprevisible, caprichoso, egocéntrico, indomable, capaz de armar y desarmar a su propietario con un solo pensamiento inconsciente, se magnifica hasta convertir nuestra cultura en un esperpento falocéntrico? Nueve meses de espera hasta saber si tiene tu cara, tus ojos, o tus muelas, o las del vecino. ¿Cómo puede un objeto tan preponderante perder el protagonismo en los nueve meses de gestación? Entiéndelo: es una autentica tortura psicológica. Tanto que es mejor olvidarse de donde anidó. El olvido llega. Y todo le rinde culto, para soliviantar la carencia de su importancia en el proceso creador. Está ahí la importancia, sin embargo, saber verlo, saber apreciarlo, sin aspavientos, con cariño y honestidad. Tan complejo.
¿Qué imaginas que puede suceder en este escenario? Quizás lo primero que aparece es el enfado con esa fuerza salvaje que ha operado tan injustamente. A esa fuerza salvaje cuyos designios crueles no entendemos la llamaremos Dios. Dios debe estar lejos si tomó tal injusta decisión, si decidió que solo la mitad de la humanidad está capacitada para producir vida y la otra mitad debe cargar con la idea de que salgan y vuelvan a salir monstruosos seres llorones y demandantes del vientre de una mujer histérica, tan diferente, tan incomprensible, tan visceral y emocional, tan intuitiva. Decididamente Dios está fuera, castigado a estar en lo alto, fuera del ser humano, una jugarreta así conmina al exilio. Dios ya no está dentro, es invisible, innombrable y la rabia del patriarcado, que acaba de nacer en la impotencia de no parir, le acompaña en su exilio. Es dura esta perspectiva, ¿verdad? Se acabó lo de las diosas mujeres, las mujeres son otra cosa, todo menos diosas ya, de ese destronamiento hace mas de 7.000 años. Son fatales ellas, desde esta perspectiva no hay lugar, no hay perdón. ¿Me sigues?
CUARTO ACTO: LA DISFORIA DE ESPECIE
Ponte en situación. ¿Cómo podía saber el hombre varón que eso sangrante, sin apenas automía, blando y pringoso, que salía del coño de un ser diferente, la mujer, era parte suya? ¿Cómo saber que eso, tan pequeño tan extraño, es un humano? ¿Cómo saber que eso es sangre de su sangre, la gota que colmó la fecundación? Que es el universo sagrado tomando forma en carne humana, gracias a ambos, tan cerquita, con ese calor que es la vida.
Para el hombre varón, intuir meramente que eso que sale porta en sí (en términos técnicos) su ADN debió de ser durante mucho tiempo un verdadero acto de fe. El parecido físico vino a paliar la situación. Pero no fue suficiente, porque la genética es caprichosa y sus leyes parecen creadas para generar deriva y confusión. Así, como bien sabemos, es difícil seguir el rastro de la paternidad pues la descendencia tiende a parecerse más a los antepasados que al propio varón copulador y también sabemos que la pluralidad seminal estimula la calidad de la especie. En efecto, la filiación de la descendencia es un batiburrillo si no se inventa un contrato marital subyugante de la libertad femenina. Se inventó el matrimonio. Sí, para asegurar la filiación cosanguinea de la prole, para transmitir bienes y vender mujeres fértiles. Hablabamos de esto en Open Beds. También se inventó el sexo como negocio, como arma genocida y se excluyó del relato hegemónico a las personas intersexuales. ¿Me sigues?
Así pues, te recuerdo: tenemos un escenario con la mitad de la población pariendo y criando humanos biológicos, aún sin pretenderlo, porque los embarazos llegan tanto si son deseados como si no. La hazaña de relacionar la cópula con el alumbramiento nueve meses después tuvo que constituir en los primeros tiempos el más gigantesco problema de lógica jamás resuelto. Dicho esto. Lo que vino posteriormente ya lo conoces. Primero hubo sociedades matriarcales igualitarias y cooperativas y veneración a la Madre, (a las venus de Venus de Willendorf y similares me remito hace unos añitos, 27.000 a.C.) después, después la cosa se torció hasta el día de hoy, muy, muy torcida, la verdad. Hasta la IA de hoy. Y te explico porqué.
Vamos con el término: DISFORIA: Del lat. cient. dysphoria, y este del gr. δυσφορία dysphoría ‘molestia, desazón’, ‘pena’, der. de δύσφορος dýsphoros ‘difícil de soportar’, de δυσ- dys- ‘dis-2‘ y -φορος -phóros ‘‒́foro’.
- f. Med. Estado de ánimo de tristeza, ansiedad o irritabilidad.
La causa, ya te la imaginas: La envidia de la maternidad. Esto es. Dicho está.
¿Terrible? Natural diría yo. No se habla tanto de ella como de la conocida envidia del pene formulada por Freud. Sinceramente, tal vez nos fuera mejor si las sociedades en que vivimos se hubieran construido vehiculadas por esta presunta envidia del pene, que por la poco conocida y cruelmente asentada envidia de la maternidad. Ya lo dijo un sabio y fascinado Courbet: las mujeres, a veces cosificadas, todo sea dicho de paso, tenemos la puerta al Origen del Universo.
Hacia el 2015 llegué a la conclusión de que debía existir una envidia de la maternidad en mi PhD cuando estudiaba los inicios de la grabación sonora. Llegué al cerciorarme de que la necesidad fiera de crear máquinas parlantes desvelaba la voluntad de los inventores de la época de engendrar hijos de la ciencia, la técnica y la razón que silenciaran la voz de las mujeres o las revivieran de entre los muertos a voluntad del dueño del aparato: máquinas parlantes como las muñecas de Edison o Euphonia de Joseph Faber. Y me sorprendí gratamente cuando descubrí que mi colega científica Karen Horney, psicoanalista, ya había dado en el clavo desarrollando su certera su teoría sobre la envidia del útero basada en la superioridad fisiológica incuestionable de las mujeres y en su capacidad para ser madres.
Hoy la escalada con la IA, los robots y los tan deseados androides de silicona (que no son nuevos pero sí más verosímiles) pone de manifiesto esta misma realidad. El hombre varón, entendedme, no tanto como individuo aislado, sino el hombre varón en conjunto como sistema social tiene una profunda herida: la envidia de la maternidad. El dolor es tan inmenso y el pronostico de la evolución tan desfavorable que lejos de intentar sanarla cada vez ahonda más y más en ella, hasta destruir lo más preciado que posee, su propia vida, su propia descendencia, su propio ser, la propia humanidad a la que le niega una paternidad amorosa.
En resumen, históricamente los hombres (no es nada personal, insisto, es un hecho estructural) consideran más hijos suyos los engendros mecanicos, tecnológicos, utilitaristas y de índole mental o cerebral, hijos de la ciencia y la razón, que las criaturas biológicas humanas. Esto permite entender que históricamente las élites, gobernantes masculinos (o femeninos inbuidos de esta misma psicopática noción) se hayan desprendido con indiferencia, con delectación e incluso con alevosía de gran parte de la humanidad, a las guerras me remito.
Pregunto: ¿no debería ser el hombre varón el garante de la armonía? ¿No debería utilizar su fuerza, su inteligencia, su capacidad de producir para generar seguridad, confort, aventura, risa, amor, humor y estabilidad a su alrededor? ¿No debería su capacidad creativa destinarse a la creación artística y la creación de abundancia para el bien común? ¿No es esa tu grandeza, hombre que me lees?
QUINTO ACTO: DESPERTAR vs SEGUIR EN LA INOP-IA
Voy a partir de la premisa de que los seres vivos (el humano también) son, somos la tecnología más avanzada que existe. Y lo es porque es tecnología blanda conectada a la fuente superior, somos tecnología de agua, aire, fuego y tierra, en estado puro. Queridos, nada de lo inventado nos supera. Es mera fantasía, mera alucinación. Somos infinitud en estado puro, y no es antropocentrismo sino aceptación de que somos árbol, somos pez, somos nube, montaña y mar todo a una vez. ¡Aha!
Todo aquello que los humanos hemos creado son extensiones torpes de nuestra propia tecnología viva, de nuestro propio poder, son extensiones mentales, rígidas, limitadas y limitantes. Todas las herramientas que hemos creado nos imitan, pero ninguna alcanza nuestro grado de maestría cuando nos sabemos uno con la totalidad y lo experimentamos.
Toda la tecnología que hemos creado es tecnología dura, la tecnología de las cosas. Toda la tecnología es un paliativo de nuestros verdaderos poderes, cuyo despertar procrastinamos siglo tras siglo. O si me lo permites, cuyo poder y conocimiento sagrado despertó en las tribus indígenas y el patriarcado colonialista, utilitarista, mecanicista, materialista y capitalista se encargó de masacrar. ¿Recuerdas aquella parte de la película «El Planeta de los simios» en que la humanidad consciente sobrevivió en el subsuelo? ¿Recuerdas a los humanos capturados e idiotizados arriba? Dicen que esta es la primera generación que tiene menor coeficiente que la anterior. Ya sabes lo que es la ciencia ficción. Ciencia de la proyeccción.
Entonces: ¿por qué procrastinamos dedicarnos a ahondar en nuestra percepción extrasensorial y todos esos dones maravillosos? Llegados aquí a este punto, observad, ¿A qué se ha dedicado la inteligencia humana? ¿A averiguar cómo utilizar ese 90% del cerebro que se dice que está dormido? ¿A desarrollar la comunicación aérea de los afectos y las emociones? ¿O por el contrario a sacarnos de nuestro centro y externalizar nuestro poder?
Ya lo sabes. El patriarcado ha generado una sociedad a la medida de su envidia de la maternidad. No da por buena la vida que sale de mujer. Esto es muy duro. Puedes ponerte en modo ofendidito, pero igual toca reflexionar y cambiar el rumbo. En lo que yo llamo disforia de especie se ha dedicado a crear cosas y negar la inteligencia a los seres creados por la vía biológica, natural, maternal, como si fueran el enemigo encarnado, salido de no se qué cloaca, así trata el cuerpo de la mujer la pornografía (por si fuera poco todo lo demás). ¿Te suena?
¿Artilugios distractores? Inventaron la escritura para comunicarse con palabras, que en realidad, no hacen falta, nuestro sistema de comunicación celular es mucho más profundo. Inventaron la imprenta y crearon cementerios de árboles que llaman librerías obviando que todo el conocimiento ya está en las hojas vivas, inventaron máquinas que reproducían la voz humana para que solo las buenas voces se escucharan y se silenciaran las voces sabias, inventaron armas para aniquilar todo ser vivo, armas para engordar pollos y vacas, instrumentos de tortura y torturante meritocracia, inventaron alimentos que matan, intoxicaron las aguas y los campos electromagnéticos que nos rodean, inventaron las ciudades asesinas con su ocio condescendiente, la religión del comercio, la cultura y el ocio alienante y los fármacos que aplacan el alma. Inventaron hasta una nube digital que imita la fuente cuántica de donde emana todo el saber, de la que somos todo y parte.
Y ahora llega la IA. ¿Qué humano en su sano juicio se sentiría orgullose de «crear» una «inteligencia» superior que, por fin, es capaz de destruir a la humanidad entera en menos de una década? ¿Me sigues? ¿Por qué la llaman inteligencia si es una ceporra? A la teoría de la habitación china me remito.
Estas son palabras de hombre disfórico (enfermo de tristeza, odio, ira, rabia, venganza y duda) un padre orgulloso de su hijo tecnológico. Y hablo en masculino. Esta es la deriva. ¿Me sigues? El hombre varón imposibilitado para parir, para sentir como da a luz un ser vivo de su propio cuerpo se ha afanado en crear vida artificial: literatura, música, pintura, arte en el mejor de los casos, armas, tecnología, máquinas parlantes, muñecas hinchables, en el peor. Siempre soñando con androides y sustituciones, prótesis enjutas, siempre soñando con cohetes más veloces, coches más veloces, internet más veloz, reels como espermatozoides que pierden su flagelo al hacer scroll, todo más y más veloz, con la fugacidad de una célula loca que atravesó el estrecho canal del no-parto ansiando llegar a ser vida y se quedó a las puertas de un enorme óvulo-sol que decidió dejar entrar solo a uno ¿el más amable, quizás? Todo lucha y supervivencia, todo el tiempo con las adrenales a tope, mi niña.
Imagina por un momento que una mujer dice en prensa: -Oye estoy feliz, por fin he parido un ser inteligente que con cuatro añitos va a fulminar a la humanidad. Un anti-mesias. ¿Qué madre se sentiría orgullosa de un hijo capaz de destruir a la humanidad en menos de una década, si es que esto va en serio? Sin duda una madre estereotipada, una madre de tragedia griega escrita por señoros pederastas de esos que pasaron a la historia por grandes eruditos de las pasiones humanas, las suyas, desde su perspectiva, que utilizaron los personajes femeninos para contar sus historias de guerra y compulsión. Violencia simbólica de la buena.
No conozco una madre que no tuviera dos palabras serias con ese retoño, que aún va en pañales, para dejarle claro lo que es un sí y lo que es un no: para darle un abrazo tan eterno y amoroso que jamás, jamás volviera a dudar que el único camino es el del amor. Sin buenismos, señores, con total firmeza, dureza y asertividad, que no estamos para estupideces.
SEXTO ACTO: DESVELANDO EL PROCESO DE CREACIÓN DEL UNIVERSO
Ya lo sabes. El patriarcado (mas el capitalismo, la tecnocracia, la meritocracia, el colonialismo…etc.) han generado una sociedad a la medida de su envidia de la maternidad. No da por buena la vida que sale de mujer, no reconoce como hijos e hijas legítimos los humanos engendrados por mujer. Respira, respira profundamente. ¿Te extraña? ¿Tienes reticencia a aceptar esta incomoda línea? Sigue leyendo, no te quiero convencer, solo lee y piensa por ti mismo, por ti misma.
El sistema social derivado del patriarcado capitalista y tecnológico no cuida a los seres humanos. No los ama. Los desprecia profundamente. Los tortura, los esclaviza, los asesina, los denigra, los apresa, los humilla, los hace dependientes de una riqueza que no llega, les proporciona alimentos falsos y pantallas que destruyen su corteza prefrontal, los sobre ilumina para destruir su pineal, los aliena convirtiendo en competitividad la actividad física, los somete a aire contaminado, envenena ríos y mares, secuestra las aguas potables, secuestra sus vidas por un salario miserable, instala frecuencias electromagnéticas nocivas en escuelas, hoteles, ciudades, hospitales y residencias. Utiliza su energía para alimentar la voracidad de su odio. Aniquila la idea de abundancia y la sustituye por la idea de riqueza inalcanzable, educa en regladas doctrinas materialistas que cada vez crean seres más entorpecidos, coloca a la ciencia como inquisidora de la espiritualidad y estigmatiza el conocimiento sagrado como milonga esotérica. Esta es la sociedad en la que vives.
Despierta. ¿Si esos seres humanos hubieran nacido de un pene, con dolor y placer, si esos pechos de hombre hubieran amamantado a la descendencia propia y a la ajena, si se hubieran desvelado durante años buscando su bienestar, si vivieran y experimentaran la conexión con la totalidad en sus propias carnes? ¿Crees que la deriva sería la misma?
Te interpelo a ti, hombre, en singular, la divinidad está en ti. Hombre que has creado, que has cuidado, que te desvelas, que te sabes mucho más que lo que el sistema que te encierra y te constriñe te obliga a ser para ser socialmente aceptable. Sal de la manada en la que te han subsumido. Sal, cuida, ama, comprométete con quien viniste a ser, tu ser superior, tu ser de luz. ¿Te la robaron, esta luz?
Estás a tiempo, es el tiempo, estamos de suerte. La humanidad está ahora ahí, estamos aquí, en ese momento vital en que sí, tus superpoderes para hacer el bien de verdad están bien, no necesitamos de género, no necesitamos demostrar, encasillarnos en este binarismo pernicioso. Somos pura humanidad, integrada, mega poderosa, CREADORA. Hay que mirar dentro, muy dentro y como decían los ancestros: creer. Creer y crear, creer y co-crear junt@s.
ACTO FINAL: LA NUEVA TIERRA
Pongámonos en otro escenario, el escenario que deseamos, el que ya está aquí. Vamos a un plano de pensamiento, emoción, creencia y percepción más profundo. Entiende ahora que la mujer no es solamente madre biológica, sino metáfora del propio proceso de creación del universo que se expresa y se manifiesta. La energía creativa está presente tanto en mujeres como en hombres, va más allá del género, tranciende la sexualidad biológica, nuestra capacidad de crear y dar vida es un altar de sacaralidad infinita, de conexión con el cosmos, de materialización de la energía divina expresada en un cuerpo físico que permite el entrelazamiento de la materia con la esencia espiritual.
Supongamos que los seres humanos alumbrados por hombres y mujeres nacen iguales y crecen iguales naciendo de mujer en un alarde de fuerza, feminidad, energía, animalidad y transformación, que es la premisa de la que partimos, -es lo que hay, como suelen decir. Entendamos gozosamente que la humanidad es una y el fruto de ambos, sean quienes sean estos ambos. Provengan de donde provengan. Seres de luz todopoderosos en sí mismos si se miran con amor, como ya demostraban las antiguas cosmogonías y hoy la la neurociencia y la física cuántica.
Los hijos y las hijas de esta nueva humanidad consciente nacen cuidados y cuidan. Nacen seguros. Los canales del parto por magna gracia del poder personal se dilatan in extremis sin dolor y con placer para servir al fin de perpetuar la especie que honra la tierra en la que vive y la especie que encarna, sin disforia, sin envidia, con amor. Digamos que las personas que nacen son aquellas que ya de serie llevan la gratitud, el respeto y el amor incondicional a esta preciosa Madre Tierra, único lugar en las galaxias conocidas capaz de albergar vida.
A ti que has leído hasta aquí: ¿consideramos ya un milagro lo de nacer y crecer en armonía, o qué?
Imagina esta sociedad fundada sin competir, cooperando. Supongamos que es la cooperación lo que saca su mejor versión y no existe el mito de la competitividad insana para desarrollarse. Entonces, imagina que esos seres se reconocen como seres de luz. Reconocen el poder de sus células para comunicarse a un nivel intracelular entre sí y con las demás células extracorpóreas de todo el universo. Imagina que esos seres, que tienen la pirámide de Maslow cubierta, pueden desarrollar todas sus capacidades interiores. Su telequinesia, su telepatía, su capacidad de regeneración celular, la bilocación, la visión intuitiva, la sanación, la comunicación sensible interseresvivos. El amor y la gratitud es su hábitat natural y saben que el tiempo y el lugar son uno aquí y ahora. Son conscientes de su poder y su divinidad, no necesitan demostrar superioridad, solo convivir en armonía. ¿Me sigues?
¡Es que ya estamos aquí! En el útero dorado primordial del que emerge el universo, el Hiranyagarbha hindú. ¡Es la buena noticia! Por eso nos están sobreinformando para que externalices tu poder en la IA, porque nuestra humanidad consciente va más rápida desarrollando la capacidad de hacer milagros que todos esos delirios tecnológicos juntos. Cuesta entenderlo, cuesta estar al margen al 100% pero con salir un poquito solo… ¡Ah, es tanto el poder de la magnifica humanidad! Amiga, amigo.
¿Y qué podemos hacer? Espabila, desde el amor nace este texto. La buena noticia es que sentir la filiación a tu clan de un ser humano, ejercer la maternidad consciente y amorosa, la paternidad consciente y amorosa nada tiene que ver con la sexualidad biológica, nada tiene que ver con que puedas o no parir una criatura. Es una construcción cultural. Disfrutar de acompañar a otro ser humano mientras crece y se desarrolla es aplicarle el sentido a la existencia, que te acompañen y te nutran es el camino que merece la pena ser recorrido mientras te encarnas. Y este regalo que eres libre de proporcinarte, ni tiene género, ni tiene sexo, ni tiene especie. Es un decreto, una decisión hermosa y soberana.
Deja de creer todo lo que te dicen, tampoco me creas a mí. Suelta aire y no te defiendas, estamos en la misma nave. Mira dentro, en tu interior, cierra los ojos, respira hondo con la pancheta creadora, el centro de tu poder personal, lleva la atención hacia ese tesoro que te dijeron era imposible, escucha a tu cuerpo, a tu intuición más honda y ancestral. Cree en ella. Es el momento de lo posible, de verdad te lo digo. No hay inteligencia más salvaje que la tuya cuando la cultivas desde dentro. Y no está en los libros. Está en el contacto con las plantas y los árboles, en caminar descalzo, en acariciar personas y animales, en comunicarte en sueños, en cultivar tus super dones y esa mente increíble que llevas sobre los hombros y es una completa desconocida para ti.
Cree en la magia, en la tuya, en la de las gentes amables. Medita, vibra alto. Es el momento: estamos en línea con la fuente, somos ya este manantial. No dejes que te distraigan. Siente la conexión con la totalidad, se dice así. Humana humanidad, completa, íntegra. Siente gratitud, amor y ya.
Crea, cree. ¡Aho!
TREMENTINA LUX
Pdt.: Atribución de la obra pictorica: Creo que la obra pictorica es de Seema Kohli. La vi en Chennai en el 2016 y quedé fascinada por su fuerza y su energía, no he podido localizar su título. Gracias Seema.
Aclaración: a veces digo hombre varón, es una redundancia, es por si todavía hay alguien que entiende la palabra «hombre» como genérico para referirse a hombres, mujeres y personas intersexuales.
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