Las niñas no tienen nombre. Su nombre en los papeles es ilegible. A veces las cosas no evolucionan. Y si lo hacen lo hacen en retruecanos. En vueltas a vivir la misma cosa vivida, con sus matices de carmín de granza y sanguina. Hasta aprenderlo. En la misma vida.
Siento en mi discreto cautiverio el eco del suyo. El eco de las escopetas de los cazadores, calientes, recién disparadas. El eco de la montaña, la respiración contenida. El golpe seco de ese cuerpo que se cierra sobre otros cuerpos. Apresándolos. El ruido sigiloso del escondite. El momento exacto del sobresalto en la madrugada, despertando observada. «La Guardiana».
Hace cuatro noches. Cuatro noches sin agua. El viento se lleva las sombrillas y la caja de la tinta. Elegí esa caja, de madera de pino, seca, deshidratada. Junto a los auriculares. La pinto con oro, la primera mancha. Nunca antes empleé el oro, tan falso. Hoy es lo que La Guardiana pide. -Empieza, dice. Y la pinto, insensible, arrodillada en la nada, con agua de luna y sed, mucha sed. Hexagonal, otra vez. «La guardiana de la Ignorancia».
TREMENTINA LUX © 2014
#BringBackOurgirls
#LaGuardianadelaIgnorancia
#SecuenciadelAmorUniversal

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