Hace dos semanas que estoy viviendo en India.
No he escrito antes porque es tal mi estupor que no quiero parecer estúpida.
Si dejo pasar más tiempo la sorpresa que a diario vivo se extinguirá y la mirada inocente dejará de ser pronto mirada para convertirse en idiosincrasia. Ya siento a los pequeños dioses sentados en los umbrales y los paso dando saltos, ya dejo los zapatos a la entrada y piso descalza los adoquines de los templos.
Puedo deciros que el tiempo no se mide igual, es más lento. Que no se mide igual nada. Que ningún referente es válido aquí. Que cuando lo que conoces no tiene color en los mapas del colegio eso significa que tal vez has estado viviendo toda tu vida en blanco y negro. Que no has probado jamás a emocionar tus papilas con la páprika y a pintarte la cara con curcuma, que tu olfato no conoce los olores, ni tu cuerpo las posturas, ni tu manos la caligrafía, ni tu lengua y tus oídos los fonemas… Que los estereotipos que manejas son aquí inmanejables, que la relatividad cultural es inminente en toda su inminencia, y que tú, con toda tu «sapiencia» de doctora has dejado de ser, relativamente, alguien, y eso, mientras te hace parecer estúpida, a un nivel energético, te depura y te ennoblece.
Como decía Lévi Strauss, toda sociedad subestima su capacidad de ser objetiva. Por ello, la inmersión vital en la más absoluta relatividad cultural es imprescindible para la vida. Este preciadísimo bien se denomina «Migrar» y los poderes fácticos se han encargado de denostarlo, de malpreciarlo, de aliarlo a la categoría de la desgracia, la obligación y el infortunio, de instrumentalizar la vida del migrante.
Importan las condiciones de la migración. Migrar es amar. Lo que dejas y lo que encuentras. Amar los adioses y las renuncias en que te extingues, porque te extingues, amar las costumbres en las que no te reconoces y aquellas en las que te reconocías. Migrar nos coloca siempre y sin excepción en un estado de absoluta vulnerabilidad. Esa vulnerabilidad es el principio de la verdadera comprensión para tod@s: para quienes se van, para quienes acogen, para quienes despiden, para quienes llegan. Es nuestra responsabilidad, estemos en la situación que estemos, entender que migrar es amar y solo amar.
Que no nos obliguen a creer lo contrario. En nuestras manos está vindicarlo. Día a día.
Acoge, migra, ama.
TREMENTINA LUX
#MigrarEsAmar
#AcogeMigraAma
¡Qué bonita vivencia, Julia, y qué maravillosamente contada! Yo también quiero ser migrante para mirar todo de nuevo y para despertar mis sentidos.
Gracias por despertarnos. Un abrazo bien grande.
Disfruta la experiència tot el que pugues.