Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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my little broken bone

MY LITTLE BROKEN BONE

Acabo de regresar, si alguna vez me fui, que aún a la fuerza, me fui.

Vila Matas, que es un gran resu-citador literario, precisamente citando a un tercero que a su vez cita el viaje que padecieron juntos Hemingway y Scott Fitzgerald asegura que no es aconsejable viajar con personas a quienes no se ama. En parte disiento. Me estoy acostumbrando a ello, a amar digamos el viaje, sobre todas las cosas, incluso sobre todas las personas a las que acabas amando, varios días después de compartir viaje con ellas.

Es obvio que no invitaría a cualquiera a cruzar por ejemplo la Route 66 de costa a costa, compartiendo perritos calientes, lindos moteles, desiertos amaneceres y cambios aromáticos durante meses, eso requiere un porcentaje de amor inicial, digamos de otra galaxia.
Sin embargo, en los últimos tiempos vengo practicando una capacidad de amar un tanto Frommiana, (¿se diría así?) o lo que es lo mismo, todos los sujetos pueden ser objeto de un amor cuya naturaleza (esto suena un poco grandilocuente) emana de mi misma y flota a modo de algodón de azúcar sobre sus cabezas, preocupadas, indiferentes, agradecidas o ingenuas yendo a parar en el momento más inesperado a endulzar sus lenguas. Sean estas turcas, como las delicias, australianas como Amanda, libias como el petróleo o americanas como los poetas, las performers y las enfermeras a los que he conocido.

Hay amores que sobrepasan las horas y amores sobrepasados por las horas. Hay formas de sentir amor muy breve y amores que te troquelan, es decir, que te cambian por completo. Sea como fuere cada persona que conoces y te importa acaba por ser un baobab o un helecho o un ciprés plantado en tu frente, acunado entre los surcos cada vez más numerosos que el arado de los años labra para que te quepan más especies.

A mi este verano la frente me parece un amazonas devastado por donde hoy me paseo, cojeando. Meto mis letras de pie, entre briznas de troncos y conversaciones y personas y lugares y raíces que han quedado fuera de la tierra suelta. Las circunstancias, esquejes de amistad o deliro, están ahora arrancadas de su contexto. Las he recogido con ternura, para plantarlas aquí, en esta pequeña maceta del recuerdo y regarlas con vocales entre abono de consonantes, para ver si agarran, si crecen e incluso si llegan de nuevo a florecer.

Y es que hoy soy un bosque extinto deforestado por la fuerza de los días, incontestables, ingobernables, como excavadoras a sueldo del mañana ejerciendo un libertinaje temporal que se despacha a gusto, sin concesiones emocionales, rompiéndome la letra. El tiempo decide durar cuando debería acabarse y acabarse cuando debiera detenerse en el momento, nos deja en una esquina de la vida mientras parte de nuestra anatomía, por ejemplo el cuarto dedo del pie, sigue su camino por la otra. Y antes de que eso pase, quizás el tiempo debería detenerse. Detenerse. Punto….

Pero no lo hace, puntos suspensivos… Cada punto suspensivo es tiempo no detenido. Pasa el tiempo en el que no quieres irte, porque supone una tala indiscriminada, pasa el tiempo en que no quieres quedarte porque supone una siembra nueva, y pasa el tiempo en el que no sabes lo que quieres, que es lo que suele fundamentar nuestro, al menos el mío, escaso talento como silvicultora.

Y es que en ese momento de desconcierto me da por dejarme llevar y admirar bastantes cosas de las personas. Por encontrar en ellas una sabía interior que les aborda de repente en la mirada de ámbar, aunque sean un cactus. Y me las planto, si, les hago un hueco en la sien, o en el entrecejo o en la península de las entradas. La paradoja es que las plantaciones sucesivas frenan el suelo, detienen su erosión… te mantienen joven.

Este verano la lluvia de gentes me ha fecundado y ahora que el otoño arrasa con esa flora y llegan en tropel nuevas semillas, en mi vivero del alma guardo frescos, tiernos y mimados los planteles más exquisitos que jamás he conocido. Cobijo en mi buhardilla los que me han oxigenado y devuelto la energía, la solar y la lunar, para que sobrevivan a un invierno que se promete selvático.

Digamos que con el objetivo, como diría Vila Matas de que «…Paris, no se acabe nunca»

BROTES Y BESOS, ALGO NOSTÁLGICOS.
TREMENTINA LUX

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