Quince minutos
La Dueña del Fondo es la madre de una hija que existe. La dueña del fondo nace en quince minutos apremiada por crecer encima de un amor imposible. Deja su boca junto a las otras bocas, su aliento emana de la unión que la subyace. Ese beso inacabado es el beso donde la dueña nace. Ella es la dueña del beso, el beso es el fondo que la permea, le da sombra y consistencia, la luz que ella respeta.
La dueña es primero rotulador sobre falsa loneta, mitad algodón, mitad sintética. La dueña es línea en gris y negro. Y luego la compulsión del color. El gesto azul viene atribulado. La dueña sabe que ésta es su segunda fase, que la línea la existe y no se quedará en ella. El azul índigo es un error de cálculo. Parecía un carboncillo abandonado en el quicio del caballete.
Ese falso carboncillo era pastel. Un fragmento de pastel azul índigo de cuando pintaba flores de noche, recubierto de noche. Camuflado desde ayeres, por los ayeres, en los ayeres. Esto quiero que entiendas, la sorpresa y la aceptación de la sorpresa. La gratitud.
Pinto los azules que ves, secos y rabiantes, tan Anish Kapoor. Luego de reojo, los otros fragmentos de pastel ahí, llamándome, apoyados en el caballete. Sobrevivieron a la mudanza. Dos mudanzas, tres estudios, en el lomo del caballete. Esperando a la dueña, abandonar la forma rectangular, convertirse en dueña. Pómulo, párpado, extensión de lágrima.
Naranja, Verde, Tierra siena, más azul. El magenta no lo toco. El magenta queda quieto. La dueña sabe que esa es su segunda fase. Que tampoco se quedará ahí. Entonces, a mi lado, la paleta húmeda de ayer tapada con un plástico. La que tenía que consagrar el beso. La que estaba destinada a remedar la copia de la copia de ese beso en la fuente. Todos los pigmentos en colinas. El negro acrílico, los volúmenes. Llega la mancha, aprieta el tiempo, la dueña se forma y se deforma. La línea perece a manos de la mancha bruta, imperativa. Su tercera fase.
El encuentro
Y luego me voy. La dejo secando, la puerta cerrada, las luces apagadas. Dejar secar es el respeto para que materia y espíritu conecten, tan húmedos. Y luego vuelvo, las cosas en su sitio, y entonces la lavo a presión, con una manguera. Cuarta fase. La melancolía y la lágrima se llevan bien con el agua encharcada, la suya y la mía. Con el azar a oscuras del deshacerse y volverse a integrar. Ella y yo, juntas y separadas siempre. Toda la noche y todo el día restante. Hasta mañana.
Esa imagen, la de la madre que llora a una hija que existe está en mi estudio desde hace meses. No he visto hasta hoy el momento de pintarla. Hoy es el día en que las madres celebran que ellas y sus hijas deciden. Que existe la decisión y existe el respeto. Por eso sé que pronto volverán a encontrarse.
«La Dueña del Fondo» existe sobre una sonrisa eterna, Smile, y el beso de un amor posible. Gracias Madre.
TREMENTINA LUX © 2014
#LaDueñaDelFondo
#SecuenciadelAmorUniversal
#BringBackOurGirls
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