Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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LA DOCTORA Y EL ORO DOCTORAL

El Oro Doctoral. I’m proud of doing it my way.

En España hay estos días un cierto revuelo porque al parecer la Presidenta de la Comunidad de Madrid, del PP, Cristina Cifuentes, ha falsificado su currículum añadiendo un Máster que nunca cursó en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. La cuestión es que tiene el título y ahora se investiga también a la Universidad por dárselo. Es la punta del iceberg de una gran noticia. Es el momento de que quienes hemos disfrutado aprendiendo y enseñando contra viento y marea, hagamos más ruido que quienes instrumentalizan el saber en su propio beneficio. Because we love it.

In Spain, there is a commotion these days, because apparently the president of the Community of Madrid, of the PP, Cristina Cifuentes, has falsified her curriculum by adding a Master that she never did, at the Rey Juan Carlos University in Madrid. The issue is that she has the title and now the University is also being investigated for give it to her. It is the tip of the iceberg of great news. It is the moment, that the people that we have enjoyed learning and teaching through thick and thin, we make more noise than the people who instrumentalize knowledgement in their own benefit. Because we love it.

Aquí, defendiendo la Tesis en directo, frente a un Tribunal impresionante.

 

Estudiar en la marmita en el siglo pasado, que no queda tan lejos…

Yo estudié y trabajé en la Universidad porque en Español, a diferencia del inglés, la universidad y la tesis tienen nombre de mujer y eso me inspiraba confianza. Si se hubiera llamado el Universidod o el Tesos, me lo hubiera pensado dos veces.

El año que entré en la facultad se saltaron el númerus clausus. Mis padres hicieron un esfuerzo descomunal por pagarme los estudios y nos pareció hasta gracioso que desde el baño, apoyando la tabla de 100×70 en la pileta y dejando la puerta del aula abierta, hubiera el suficiente espacio para dibujar la Venus de Milo, porque en clase no cabíamos. Era la época en que peleábamos un cambio de turno a la mañana para tocar un Mac con Photoshop sin capas, entre cinco alumn@s.

Fueron los años en los que la escuela de Bellas Artes en Valencia se mudó del Carmen a la Politécnica y tuvieron que ampliar plantilla de profesorado como quien abre la compuerta de un pantano. Así entró una oleada de recién licenciad@s que contando apenas tres o cuatro años más que sus estudiantes y sin publicar ni un whatsapp, llegaron pronto a Titulares de Universidad.

El primer profesor de pintura que tuvimos entraba a clase habiendo bebido antes uno o varios carajillos y algún que otro vaso largo en la cafetería de la propia Facultad. Sus lecciones maestras y sus tutorías privadas sentaban cátedra y tardé tiempo en olvidar su percepción de Warhol: “Un maricón de mierda” o de las mujeres, incluida yo, como pintoras: “El cerebro de las mujeres no esta capacitado para pensar en conjunto en obras grandes, por eso siempre os habéis dedicado al ganchillo y el bordado”. Y tenía razón porque durante cinco años de carrera ningún profesor mentó el trabajo de ninguna mujer artista. En segundo tuvimos una profesora que en la presentación de la asignatura nos dijo: “Vais a hacer un proyecto y yo lo corregiré en junio, cuando regrese de Cuba”. En tercero y cuarto tuvimos dos profesores artistas con cierta reputación local y miedo a la competencia, podéis imaginar cómo el clima de confianza hizo crack. En quinto salíamos a pintar paisaje al Jardín Botánico hasta que varias alumnas interpusieron una denuncia por acoso entre las plantas.

Cuando pasados diez años intenté acceder a una bolsa de trabajo en el departamento de Pintura, mi especialidad, aprobé sacando la nota más alta de tod@s los aspirantes, pero aplicaron un coeficiente de idoneidad que me dejó en poco más de un tres y al resto de personas en poco más de un cero. La plaza quedó desierta y la explicación que me dieron es que mi perfil  (licenciada en Bellas Artes por la especialidad de Pintura, diseñadora gráfica, docente de FPO  y directora de arte con diez años de experiencia laboral) no se adecuaba a la plaza de profesora de pintura. Alguien me dijo: “no te has dado cuenta de que ahí solo entran las mujeres que son sus esposas, novias o amantes, seguramente la persona que tenía que sacar la plaza o no se ha presentado o ha sacado peor resultado que tu”. Vaya, pues me fijaré…

En cuarto tuve otro profesor humano, muy humano, que también adoraba el carajillo y los vasos altos de cristal. Nos reímos mucho el día que los rankings posicionaban a la Facultad como una de las mejores del país: “Sois tan buen@s que aprendéis a pesar de nosotros”, nos decía. Para compensar el esfuerzo que hacían mi padre y mi madre, pagando clases y materiales más caros que en odontología, yo pintaba acuarelas al por mayor para casas de decoración, postulaba a becas de todo tipo y sacaba matrículas de honor para que me salieran gratis las asignaturas del año siguiente.

Así conocí a personas maravillosas, bien formadas y con vocación de compartir sus conocimientos, como la que veinte años después fue mi directora de Tesis Doctoral, y también a personas cuya ausencia o mala praxis me hizo aprender igualmente lecciones de vida, que no de Arte, a un precio astronómico. Cuando llegué a cuarto, gracias a mis calificaciones conseguí una beca de Colaboración del Ministerio, una de pase de encuestas de alumnado y otra PIE y en quinto presenté un proyecto de investigación avalado por tres titulaciones para poder adscribirme como becaria. Pero en aquella época la prioridad de la institución no era financiar proyectos de Bellas Artes, así que con el padre muerto, la madre enferma y los créditos de doctorado a medias, me incorporé al proceloso mundo laboral y dije bye bye a la marmita.

Salir de allí fue una gran oportunidad de descubrir (un pequeño) mundo. Durante varios años llevé la sección de Arte de The Elm y El Planeta y me especialicé en redactar artículos divulgativos sobre la obra de mujeres artistas descubriendo por mi cuenta y riesgo que existían, hablamos de finales del siglo pasado. Además de trabajar duro durísimo, cursé un Master de la Universidad de Valencia en su octava edición que resultó ser título propio y no Master oficial, a pesar de su calidad. Para ampliar experiencia en desastres meritocráticos me presenté a una oposición pública en la Diputación de Valencia de sesenta y tantos temas para una plaza de técnico de cultura que se llevó la mujer de Antonio Lis, María Luisa del Cerro Angosto. De cien personas quedamos diez, de las cuales nueve tenían relación con la Diputación o el PP, es decir, todas excepto yo. De nada sirvió reclamar, claro y me pregunto si el tribunal pudo dormir en paz, qué tontería.

Trabajar en la marmita en este siglo…

Pasados diez años entré en una bolsa de trabajo del Departamento de Comunicación Audiovisual, Documentación e Historia del Arte y acepté una plaza de profesora Asociada en Comunicación Audiovisual en Gandia, a la que habían renunciado las cinco personas que estaban delante de mí, básicamente porque era un trabajo que requería mucha formación e inversión de tiempo, con una especie de contrato de obra y servicio, el sueldo ascendía a poco más de 400 euros al mes, era necesario estar trabajando por cuenta propia (pagando autónomos) o para otra empresa, y  el campus satélite quedaba a 80 kilómetros de Valencia. Cuando fui a firmar el contrato, básicamente porque adoro aprender y compartir conocimiento, la secretaria aún recordaba mis años de estudiante y me dijo: “!Vaya! La chica de las matrículas, por fin te hemos recuperado”.

La figura de Asociad@ está pensada para que personas como Jane Campion vayan a la Universidad y compartan su trabajo magistral con el alumnado. Pero claro, tráete a Jane Campion por 400 euros al mes si es un Aso 12, réstale 268 de autónomos y 20 euros/trayecto en gasolina, dos o tres días por semana durante nueve años y le dices que si le viene bien en ese tiempo crear, preparar, impartir clases y evaluar a unos 140 alumnos/año, bailando entre cinco asignaturas distintas, pero bien distintas. Igual Jane Campion o Pedro Almodovar se entusiasman con la idea. O igual no. La figura funcionaría si el tiempo de impartición fuera compactado en una semana, el viaje y la estancia sufragados por la Universidad y los contenidos absolutamente propios. Pero lo que en realidad se hace es utilizar esta figura para contratar personas anónimas, formadas y apasionadas que asuman un trabajo docente con igual carga y responsabilidad que un titular de Universidad pero con un sueldo miserable y sin derecho a ningún reconocimiento curricular. Hasta la fecha esto es legal y no es delito, aunque si siguen con las reivindicaciones lo será. Miles de personas lo hacemos o lo hemos hecho porque amamos nuestra vocación y no tenemos otra opción para ejercerla, o porque como publicar en Facebook o compartir nuestras fotos en Instagram forma parte de una sumisión social dulcemente consentida.

Así que durante nueve años fui profesora asociada, asumiendo un trabajo que me encantaba, rodeada de compañer@s maravillo@s y un alumnado motivador, aunque no fuera modo de ganarme la vida. Incorporé el feminismo y los estudios de género a una titulación cuando en este país todo el mundo arrugaba la nariz si les preguntabas sobre género, me hice una media de 320-480 kilómetros a la semana incluyendo y dirigí 20 TFG, sin que en nueve años el sueldo subiera ni el IRPF. Eso sí, feliz.

Durante esos años pinté mujeres, muchas mujeres, escribí y defendí mi Tesis Doctoral especializándome en iconografía desde una perspectiva de género, pero no pude pertenecer a ningún grupo de investigación porque al profesorado asociado, contratado y despedido anualmente cada septiembre, no se le permite trabajar en proyectos de investigación financiados durante tres o cuatro años porque exceden la duración de su contrato.

Esta es la razón por la cual el altísimo porcentaje de profesor@s asociad@s que llevábamos el peso de la titulación, más de un 60%, por aquel entonces, jamás pudimos investigar en un proyecto, firmar artículos, libros o capítulos de investigación colectivos y hacer méritos suficientes para conseguir la acreditación de la ANECA en la que la actividad investigadora se valora hasta un máximo de 60 puntos sobre 100, mientras que la experiencia docente se valora hasta un máximo de 9 puntos sobre 100.

Es decir, somos una generación que ha visto la trama desde las bambalinas. Pasaron de la endogamia y el amiguismo como modelo de selección de personal a la acreditación que no es sino una burocratización de lo mismo. Es en esencia un modelo patriarcal que sigue perjudicando a las mujeres, aunque no solo y esto nos perjudica a tod@s.

Y ahora los lunes al sol, eso sí en la cima académica…

Cuando decidí expatriarme intenté buscar una continuidad en mi carrera docente, generar algún tipo de convenio con una universidad en India, una estancia en el extranjero que nos sirviera a ambos y que computara para las dichosas acreditaciones. Nada. Pese a los nueve años de trabajo y la buena voluntad del personal del Departamento las normas de la UPV son claras: no eres personal interno, solo es posible una rescisión total del contrato.

En India, mientras hacía una enorme práctica de campo en comunicación audiovisual, género y decolonialismo, me matriculé de otro Master, este oficial y Online, de la Universidad de Valencia, en Género y Políticas de Igualdad. 

Después de varias reuniones presenciales con la dirección del máster y una vez pagados los primeros 3.000 euros, me proporcionaron acceso al aula virtual cuando el curso llevaba más un mes comenzado. La conexión era tan deficiente por ambas partes que fue imposible ni siquiera descargar los materiales, en un máster presuntamente on-line. Así que solicité la anulación de matrícula y la devolución de las tasas, ambas. Pero me concedieron solo la anulación de matrícula, por pedirla fuera de plazo. Lo que significa que la Universidad de Valencia se ha quedado mis 3.000 euros y no puedo cursar el máster ni siquiera ahora que estoy aquí. De nada me ha servido recurrir.

La cuestión es que pese a poder estar impartiéndolo me matriculé porque es requisito imprescindible para opositar como Agente de Igualdad en la Comunidad Valenciana. Se trata de un acuerdo entre instituciones que nos priva de oportunidades a quienes hemos desarrollado una carrera independiente y pionera por la igualdad antes de que el máster naciera. Feminismo blanco con base patriarcal y capitalismo meritocrático, en una palabra: business.

En Conclusión

Me doctoré porque me empeñé y le dediqué cinco años de mi vida muy bien rodeada, trabajando a lo bestia y con mucha pasión, vocación científica, autofinanciación y creatividad. La tesis fue nominada a Premio Extraordinario y pese a su impacto en los protocolos de documentación en los fondos sonoros, y los avales nacionales e internacionales quedó lejos de obtenerlo porque se premian las tesis que forman parte de un proyecto de investigación y han sido publicadas en revistas científicas. ¿Te suena? Estamos otra vez en el mismo bucle de burocracia favoritista. Ahora ando publicando artículos de investigación a un ritmo lento pero seguro, tardaré unos 10 años en conseguir en solitario los que necesito, pero los conseguiré y para entonces habrán cambiado la baraja otra vez…

Hamster Powered Ferris Wheel. Ma Pitom

Hamster Ferris Wheel. Ma Pitom

Creo que va siendo hora de investigar no solo a los políticos, sino también a la Universidad de este país y no basta con cortar cabezas de turco (vaya tela la frasecita) hay que revisar por completo la estructura: sus modelos de contratación, de explotación laboral, su endogamia y su burocratización, la estafa de los másteres oficiales que no hacen sino aumentar el coste de los créditos con una garantía mínima de calidad, los criterios de acreditación de la ANECA que permiten y alientan una desigualdad de género salarial y jerárquica encubierta en las plantillas universitarias, la indexación de revistas científicas como negocio absoluto, la estratificación de temas de conveniencia y temas inconvenientes que nunca serán investigados, las deficiencias del grado convertido en un sistema clientelar, la indefensión del alumnado, no solo ante másteres falsos que son firmados como auténticos como el de Cifuentes, sino ante másteres pagados que no son impartidos como el fraudulento master on-line cuyos materiales nunca llegué a poder descargar, y tantas y tantas otras cosas más…

Esta es mi experiencia, seguro que ni mejor ni peor que la de muchísima gente, seguro que tragicómicamente igual. Podemos entender a las personas y a nuestras circunstancias pero no debemos ni podemos tolerar una estructura pensada para satisfacer la desigualdad, la avaricia de las instituciones y la cada vez más oceánica brecha de oportunidades.

La traducción al inglés va a ser simple esta vez: I’m proud of doing it my way and for sure Spain is different.

TREMENTINA LUX

La foto superior es cortesía de protocolo de la UPV, del día de la investidura de doctores y doctoras. Es lo más parecido a un rito masónico-clerical-judeo-cristiano de origen hispánico patriarcal en lo que jamás he participado y no había toga de alquiler más grande que la mía. Lo mejor, la sensación de mover los flecos del birrete, lo peor la enorme muceta desparramándose por los hombros. No me faltaron ni los guantes, ni la medalla de oro, ni las puñetas, aunque tuve que devolverlo todo al acabar. Fin del sueño.

 

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