Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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La Carta

Estaba dentro de una lata de metal. Una lata de metal redondeada, 856 decía que tenía un olor desconocido, metálico, supongo. Estaba escrita en una superficie blanca muy delgada. No estaba escrita con ningún programa conocido, pero parecían letras. Era rara, irregular, no la entendía, estaba doblada en cuatro partes. Aquella mañana los oficiales estaban esperándome. El oficial me preguntó porqué había intentado descifrarla. Lo supo por mis movimientos oculares, por las vueltas que le di ante mis ojos, los suyos, también por el enfoque aumentado que puse sobre la única palabra con mayúsculas, una palabra de cuatro letras que podía leer aunque me era desconocida. Le respondí solicitando disculpas. Dijo que lo consultaría con sus superiores. Luego me preguntó por el contenido. Me hizo un Test de Quartz rápido con enlaces a sinapsis neuronales y detectó un 20% de entendimiento poco circunscrito a relevancia. Me disculpé de nuevo y dije la verdad cuando afirmé que no había entendido nada de lo que el oficial decidió llamar “aquella carta”.

Aquella lata la había encontrado 538 en una salida programada al plantoide de Tierra Nostrum. Los peones estaban cableando la última actualización de la Verdad 5.0 en una zanja y la lata quedó al descubierto entre capas de asfalto viejo y falsas raíces en busca de agua inyectable. 538 se deslumbró por un brillo inesperado y cerrando los ojos, para evitar que los oficiales vieran la lata se dirigió hacia ella. La tomó a palpas entre sus manos y la metió entre su barriga y la cincha de balística sin apenas salirse de la fila. Por la noche la abrió a oscuras y sin mirarla vació el contenido y se quedó la caja para olerla y tocarla, porque tenía un tacto que, según 538, le producía movimientos en el estómago.

Lo que el oficial llamó “aquella carta” cayó a mi cama, bajo la litera de 538. Olía raro y estaba pegajosa. Yo el olor no sé lo que es o si lo supe lo he olvidado. Esa noche me dormí con esa cosa en la mano, habíamos estado ejercitando el cuerpo y nada me importaba más que caer rendido en el catre. Fue después de cincuenta cuatro horas cuando le presté atención. Ya digo, la desplegué, la miré y no entendí nada de lo que parecía algún tipo de escritura viejuna. No me interesaba y sabía que si seguía mirándola acabaría con un Test de Quarz metido en las narices.

Pero 856 es la que preguntó. Siempre pregunta. Es un papel. Dijo eso: “papel”. Dice que antes se enviaban mensajes en papel. Dijo: – ¿Cómo has encontrado un papel? Si eso era papel, el papel estaba pringoso. Y era vulgar, sin brillo, sin luz. -No me importa, dije. Y ella me lo quitó de las manos, o yo se lo lancé, como un proyectil. Hizo una deyección en el aire, proyectil de mierda, pensé. 856 se abalanzó sobre la bola como si le hubiera tirado una reserva de grasa de la que nos dan cuando tenemos puntería. Y me dormí.

856 me vino con el cuento de que ese papel decía cosas. Aún no le habían insertado “la visión” y eso la hacía imprudente. Era como si quisiera comérselo todo con la mirada antes de compartirla. ¿Qué se siente cuando tienes implantada “la visión”? Me preguntaba. Nada. Contestaba yo. Lo mismo. Es lo mismo e intentaba zafarme de sus preguntas y sus investigaciones. Pero 856 se hizo con un descifrador, un obrero viejo de 30 años que había escuchado hablar a los de antes del papel y que tenía la habilidad de ver el parecido entre esa escritura pre-principal y la principal comparando lo que él llamaba astas y raíces, o algo así. Un farsante que quiere que le escuchen antes de morir.

Pero 856 empezó a leer y a acercarse a mi litera por la noche para contarme lo que “aquella carta” ponía. Y ya digo, no entendía nada y no me hacía falta (ni bien) entender nada, ni saber de esas palabras. No mejoraba mi puntería, ni me acercaba a la Verdad 5.0 más de lo que ya lo estuve el día que pasamos junto aquella zanja. Y creo que ella no sabía a qué se refería la carta, ni la mitad de sus palabras. Y por más que cerraba los ojos cuando 856 se acercaba por la noche a mi catre, algún día los abrí compartiendo con los oficiales esa maraña de palabras pringosas que 856 ponía sobre mi funda de dar calor.

La noche en que 856 no se acercó a mi catre supe que el suyo iba a quedar vacío. No malgastaron un dispositivo de visión con alguien así. Puede que la llevaran a la reserva, no lo sé, la curiosidad empeora la puntería, así que no me lo he preguntado, la manía de hacer preguntas tampoco me interesa.

Al día siguiente vinieron a meterme un palo por la nariz. Tal vez había escuchado demasiado, reconozco que la voz de 856 se me metía en el cerebro y no quise evitar que los oficiales la escucharan, eso me ha venido bien… Así que entiendo que me limpien y con eso se acabó, es un buen pacto. El 20% del Test de Quartz que me iba a costar la vida se refería a un montón de tonterías que voy a olvidar enseguida.

Según 856 “aquella carta” decía: “Queridos Reyes Magos, que la magia y el AMOR nos sonrían este 2022 o también “hijo, perdóname si no sabes lo que es la libertad”.  Son cosas del pasado, como el olfato. No necesito nada de eso para tener buena puntería.

TREMENTINA LUX

Feliz noche de Reyes, os deseo la libertad, el amor, la consciencia y la utopía.

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