No hay pincelada errónea porque toda pincelada contribuye a construir, al igual que no hay mazazo erróneo, porque todo mazazo contribuye a deconstruir. Construcción y deconstrucción contribuyen a crear una «realidad» que antes no existía.
Estoy acabando la tesis.
Bueno, estoy.
Mientras tanto busco subterfugios para pintar. Pintar es fisiológico. No pintar es a veces no ser. No dejar que el Ser, sea.
Desempoderarse, dejar en manos de otros la plenitud. La evacuación.
A veces pinto y me grabo pintando.
Luego lo veo y siempre me sorprendo.
Me sorprende ver a posteriori cómo trabajo. Cómo abordo el aquí y el mañana, el pómulo y los contrastes. Cómo construyo y deconstruyo.
Para mí es un misterio verme actuar. Pero tengo la tranquilidad de que cuando vuelvo a pintar, en alguna parte de mí esa seguridad y ese saber hacer están y se manifiestan, siempre y sin excepción con toda la potencia y la memoria ancestral.
Mi lenguaje es el visual. Y mi acción eminentemente kinestésica.
Por eso me pregunto qué hacemos aún haciendo tesis con el paradigma de la lecto-escritura en el siglo de la cultura audiovisual. Y me respondo que dejarnos manipular por un paradigma académico retrogrado. Menos mal que el cuerpo es sabio. Encarnado, es.
Como decía alguien, puede que fuera McLuhan, somos ciegos visuales. Deglutimos imágenes, vemos, pero no sabemos qué vemos. A veces podemos «leer» lo que vemos, yendo o creyendo que vamos, un paso más allá mediante la ficción del análisis y la crítica, bla, bla, bla, lecto-escrita. Pero lo que está claro es que muy pocas personas saben contestar a la imagen con imagen. Y que decir esto en un ámbito culto, académico, donde el catálogo de arte sigue concebido como un texto sesudo sobre un pre-texto icónico, afincado aún sobre la distinción de las artes liberales y las sordidiores, es cuanto menos herético, abyecto porque pone el dedo en la llaga y hurga bien hondo.
Muy pocas personas saben, o pueden, o quieren investigar en las imágenes mediante imágenes, utilizando en esencia el mismo lenguaje.
Por varias razones (tal vez miedo y vergüenza) está por inventar la educación en lo visual desde lo visual. Y culturalmente aún no es aceptable, porque este conocimiento, el que permite fabricar imágenes artísticas, inusuales, no es hegemónico, no es compartido, no es enseñado, no es transmitido sino de forma sectaria entre l@s fabricantes de imágenes, esos servidores del lujo, esclavos en cierta medida, de los que hablaba Regis Debray.
Desestimo la teorización verbal sobre la imagen, la teorización racional numérica sobre la imagen, desestimo la crítica sobre la imagen, por más que la imagen sea algoritmo y este texto verborrea. Atiendo solo a quién con imagen a la imagen contesta, y con la acción a la acción contesta, en una transmisión de conocimiento creativa, exponencial, sin fugas, sin traducciones ilusorias, sin pérdidas vanguardistas de conocimiento. La única investigación rigurosa posible.
Por eso sucede que es un enigma casi circense, incluso para mí, ver cómo de la nada sale «Yvonne».
Y sale de mi mano, de mi mente, y de mi cuerpo, parida literalmente, como si yo estuviera en trance, desconociéndome. Y no es que lo esté, exactamente, es que no existen herramientas de abordaje coherentes. De ahí, del miedo a lo desconocido, a lo que de chamánico tiene el aparecer de lo otro, que el proceso pictórico solo se ponga en valor en tanto que espectáculo bodevilesco y su residuo, intermediación subjetiva tangible alejada de lo decorativo, sufra los rigores de la iconoclastia. Entendedme, son piezas que mueren siendo no-natas.
Por eso vendo mi proceso de trabajo y me ofrezco para animar vuestras ferias, vuestros congresos, vuestros conciertos, vuestros fastos sacramentales tan de moda.
Llamadme e iré, a pintaros y destruir después lo incómodo, lo pintado, como un redoble del espectáculo, trapecista de las brochas, acróbata de los colores, funambulista de los contrastes, vivificando lo vivo, a asombraros y divertiros. Y es que en el mundo de los selfies no cabe sino en proceso, la autenticidad mágica del trazo.
Llamadme, esta es también mi tesis.
TREMENTINA LUX
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