Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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BEACH OF GENDER EQUALITY

The Beach of Gender Equality. O reflexiones sobre el atraso social español en cuestiones de igualdad de género.

Esta es la playa en la que ayer conocí a Claudia. Claudia Schmid.

En realidad nos encontramos antes. Un día antes. Estaba atardeciendo. Se trata del Mar Arábico. Yo intentaba meterme en el agua antes de que declinara sobre ella el enorme sol asiático. Claudia estaba ya dentro. Nadie conoce bien el oleaje del Oceano Índico. Nadie que conozca solo el Mediterráneo de Valencia, Menorca, Cadaqués, el Cantábrico de las Catedrales en baja mar, o de la Concha en San Sebastian, el Mar Rojo de Egipto, El Mármara de Turquía, el Adriático de Croacia, el Tirreno de Sicilia y Cerdeña, el Egeo de las Islas Griegas, o por decir una tontería el Lago Leman en Suiza, o el IJsselmeer en Holanda, puede hacerse una idea de como se gasta las olas el Océano Índico. Hablo de la primera olita, la que rompe en la arena en esas playas de foto, sí, como la de la foto.

Vamos, que habiéndome bañado y buceado en medio mundo, o un poquito menos, ahí estaba yo, tanteando la arena, como una neófita del mar, otra cosa en la que esta tierra me convierte en aprendiza.

Claudia estaba dentro, intentando dejarse acunar, justo después del lugar donde rompen las olas, y ni un palmo más hondo, porque allí el desnivel y las corrientes son insalvables. Ese es el secreto. La primera vez que me metí en el Índico hace apenas unas semanas lo pasé regular, sabiendo nadar, a un metro de la orilla. No es broma, el Índico no gasta bromas. Si las playas son paradisíacas, el riesgo de acabar en el paraíso, también.

La diferencia entre Claudia y yo es que ella ya se había bañado en África y había visto morir a dos pescadores, a un metro de la orilla, uno, pum, y luego, el otro, pum. Yo seguía analizando el terreno e intentando asimilar el comportamiento del oleaje, en apariencia calmo, solo con los tobillos recatadamente dentro de un agua calentita, que ni da ni quita, viendo como centenares de cangrejos de palmo y medio asomaban de los agujeros del tamaño de un puño que hacen en la arena, yendo y viniendo al compás del mar.

La playa aquí se parece a los tiempos en que en Valencia el Balneario de las Arenas era transitable y el resto estaba lleno de jeringuillas rezumando heroína, en los años setenta. Aquí los llaman Resorts. La playa adyacente al Resort está limpia y  vigilada por personas que van vestidas y no saben nadar, y que se ha demostrado que tardan más tiempo en quitarse los calcetines, los zapatos de cordones y el uniforme del que un bañista ahogándose puede esperar. Sí, los hemos visto en calzonzillos, con la ropa en la mano viendo como otra persona le hace el boca boca al ahogado.

La zona limpia, en la que puedes estar en bañador o bikini sin ofender la sensibilidad de personas que se mojan vestidas, comprende unos pocos centenares de metros. Se distinguen sus límites porque donde los Resorts finalizan, empiezan los vertederos. Dunas o fosas de basura doméstica que es quemada por la noche o que queda sin quemar, al amparo de la hosca intemperie, formando aglomeraciones de restos de tortuga gigante, esqueletos de vaca y envases de plástico, más o menos importantes, depende del tamaño de la población.

Claudia y yo somos mujeres valientes, pero estabamos en bikini ambas, en la zona de playa limpia del Resort, en el que por cierto, hondeaba la bandera roja. El caso es que ella me invitaba a meterme asegurándome que en la zona en la que estaba, no se corría demasiado peligro. Lo hice. Entré durante unas cuantas olas y salí aprovechando el impulso de la menor de ellas.  Al poco Claudia salio conmigo y me explicó, enseñándome los cardenales y magulladuras de las piernas, que a veces las olas te arrastran tan fuerte que te la piñas sin remedio, por eso es mejor evitar el lugar en el que rompen. Lo sé, le dije, el otro día una ola me tumbó boca arriba estando en la orilla, si la ola no acaba pronto, acaba conmigo.

Claudia volvió a meterse, yo no, el sol ya se había puesto. Es alemana y mide y pesa el doble que yo. Cuando ella levanta el brazo cambia la dirección del viento.

Al día siguiente volvimos a encontrarnos. El mar estaba calmo y me bañé durante largo rato acunada por las olas, evitando la zona de rompimiento y la zona de corrientes. Una zona muy pequeña, para un mar tan ancho. Luego nos detuvimos a hablar, con un zumo de piña natural, natural, delante y mucho entusiasmo por la experiencia vital de la otra. Se llama Sororidad.

Claudia es artista plástica, alemana, de Colonia. Está realizando una serie de documentales sobre violencia de género en el mundo. Acaba de estrenar el film «Voices of Violence» rodado en África, con mujeres africanas y viene ahora de Calcuta. Nos hemos dado los contactos y ahora yo escribo desde la otra punta de la India y ella viajará hacia las plantaciones de Té del interior del país. He entrado por primera vez en su página y he descubierto imágenes muy familiares. Su lucha occidental por empoderar a mujeres tan diferentes  a ella, entronca con mi secuencia del Amor Universal. Ambas somos conscientes de que en todo el mundo, bajo toda condición social, incluida Europa la vieja, Alemania y por supuesto España, esto sucede, la desigualdad y la violencia de género, aunque se mienta y se oculte, a diario.

Bajo la playa os enlazo cubiertas de revistas Indias, de muy diferente procedencia. Muestran a mujeres empoderadas, no objetualizadas, hablan abiertamente del poder femenino y de la igualdad de género. A diferencia de las revistas españolas la imagen de la mujer se construye grupalmente, no individualmente para servir al gozo escoptofílico masculino. No importa su físico, gordas, guapas, feas, viejas, jóvenes, delgadas, igual da. Mujeres de verdad sin estereotipar. No cosificadas. Personas. No son revistas feministas. Son revistas para todos los públicos en que lo femenino ancestral posee el valor de igualar a las personas, independientemente de su sexo. Puede que la situación real de la igualdad de género en India esté por resolver, (no pensemos que en España está resulta) pero la realidad es que en cuestiones icónicas la prensa India le da tres vueltas a las revistas españolas. Yo lo llamo atraso social español disfrazado de somos-lo-más.

¿Os sorprende como a mí? Espero que sí, porque eso habla mucho de la importancia de la relatividad cultural y de nuestra grandísima ignorancia.

Besos desde India y que las olas nos traigan siempre las mejores compañías.

TREMENTINA LUX

1 Comments for : The Beach of Gender Equality. O reflexiones sobre el atraso social español en cuestiones de igualdad de género.
  1. Besos!!!

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