Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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Mina

MINA EN LA CIUDAD ETERNA

«La única ventaja de jugar con fuego es que aprende una a no quemarse.»
Oscar Wilde (la a, de una, es de la autora)

Esta es la niña mimada, la protegida. Lleva en su mano izquierda un saxo. Es la música. Con la derecha amplifica los ecos que entran por su oído. La llamaremos Mina. A sus pies las letras ardieron. Como ardió la pintura y la danza y la investigación y la literatura. «Motivaciones» que Anna Ruiz, hija del «chispa», y artista por sí misma, nos brindó por un momento, durante cinco espléndidos días sin más lluvia en el horizonte que la de sus letritas titilantes, pacientemente engastadas en hilo de pescador. Un falla puede ser arte efímero, como en este valiente caso, o no serlo, puede ser lo que queramos, con tal de que sea apta para el clímax del fuego.

Cada 19 de marzo algunas personas quemamos nuestro «Tideland» particular, dinamitamos un año de esfuerzos para empezar de cero destruyendo el lastre que supone la momia de un padre yonki. O arrasamos el barrio chino en que se ha convertido nuestra vida para ejecutar un nuevo plan urbanístico con los ladrillos de nuestras ilusiones, mientras a poco que se desentierra nos van saliendo los muertos, atónitos todos, como «En construcción» de Guerín.

En VLC, cada 19 de marzo nuestra ciudad, las calles que son las venas, las plazas que son el sexo y la palma de nuestras manos, la gente que se reúne en ellas bajo la sábana o los abrazos, el tráfico de emociones, las nóminas asfálticas, los amigos como esquinas y la familia como balconada, las decepciones, las esperas, los arrumacos, lo que fuimos o lo que nunca hemos sido otra vez, los que están a nuestro lado, los que desaparecieron… todo, todo, todo, repito, todo, a manos de los Nerones que llevamos dentro arde y se eleva hacia una luna casi siempre llena de azotea. Una luna acogedora con forma de calmante y vitamina C.

Lo que nace después, año tras año, de las cenizas, de las espurnas, entre la muerte y la risa es un sueño fósil, una metáfora del sueño primigenio, un sueño tal vez acondicionado a los márgenes que la realidad su fiel constructora, le financia.

Así, los que tenemos la suerte de comenzar el año lejos de las uvas, con el ancestral y pagano rito de la primavera, el del fuego y el ave Fénix, apagamos de forma ambivalente, con sonrisas y lágrimas lo que ya nunca seremos y nos proyectamos como un incendio hacia el deseo infantil de ser de nuevo, esa llama que nos alimentará durante 365 días, hasta que el Nilo vuelva a crecer a la orilla de nuestros pies de limo.

Por eso la nuestra es siempre una ciudad eterna. Como Roma. Basada en la destrucción y la construcción, en el olvido selectivo y en el recuerdo fundador. Según me han dicho, Mina fue indultada del fuego, es decir, del propósito mismo para el que fue creada. Mina debía nacer a la vida paradójicamente consumida por el fuego, ardida por el clamor del cartón crepitando a altas temperaturas, desprendida de si misma a trozos de viento y chasqueada por el humo y los vítores de un público fascinado.

Sin embargo, Mina, la bella protegida, la armoniosa de la lenta escucha ha encontrado la muerte en el indulto. Ahora es materia en una estantería, oculta y condenada a no ser, como una partitura en un cajón. Sin fuego que la prenda ni oído que la vibre. Sólo existimos si nos existen, es la ley del beso en el ombligo.

Por eso, este año, en mi ciudad eterna buscaré a Mina. Se que la hará feliz abandonar el silencio de la casa de su padre y por fin arder.

TREMENTINA LUX

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