Ante todo hay que saber cuántas veces debemos abandonar nuestra novia/o* y huir de sexo en sexo hasta el fin de la tierra’… ‘…Isolda, Isolda, cuantos kilómetros nos separan, cuantos sexos entre tu y yo.
‘Vicente Huidobro. ‘Temblor de cielo’
Tomo un café junto a un tipo que busca guitarras de segunda mano en una revista. Está en la barra, sentado con ritmo en un taburete, tamborilea. Viste vaqueros, calza zapatos blancos, lleva el pelo desgreñado con mechas claras y los brazos generosamente tauados desde hace al menos, veinte años. Arrastra una soledad lacustre, por sus ojos posados sobre los mástiles y los precios resbala el deseo, un deseo que tiene algo de determinación y abatimiento, Fender, Warwick, Squier, pasa página, pido la cuenta.
María es una princesa. Lleva mariposas recogiéndole el pelo, también largo, desgreñado y canoso. Conduce un taxi. Es búlgara, por eso habla un español contagioso y alegre. Veo sobre todo su espalda. A veces se gira, pasa la página con una enorme sonrisa. En su cd suena una melodía, ‘búscate un hombre que te quiera, que te tenga la nevera llena’. Llueve. Le digo que tiene un acento muy especial, y ella que necesita hablar, habla con la vista puesta en los túneles. Dice que estuvo tres noches con un hombre… y tres días. Sin parar de -ya sabe, y me habla de sus dedos, adiestrados en el tacto, aunque esto, no lo contaré. María calla. Sube el volumen, -luego, desapareció, dice. Todo iba bien. Muy bien, no se. No entiendo. Y ella, se siente rara, dice, y se rasca el codo, por encima de su jersey de lana blanco calado y toma una curva adelantando rápido, dejando atrás los semáforos. ‘…y que cuando tiene me la gasto…en una guitarra nueva…’ Sigue, -esta tarde me voy de compras, con una clienta, que no tiene coche, en fin, dice, la vida está llena de escaleras que no van a ningún lado. Y rie, pero no es de felicidad sino de otra cosa. Llegamos, le pago, bajo de su taxi, no le he dicho adios. Como ese hombre, en la barra, hay en mis ojos un deseo que resbala y no es lágrima. Hoy soy la terraza en la que la soledad naufraga.
TREMENTINA LUX
La ‘o’ es la humilde aportación a Huidobro de Trementina Lux
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