Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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ONCE MIL VERGAS

LAS ONCE MIL V…

Werther a Carlota: «Mientras vea esos ojos abiertos, le contesté fijando en ella mi mirada, no hay peligro de que me duerma»

Su presupuesto para libros este fin de semana lo tiene Andrés, Calamaro. Sábado, seis de la tarde, Valencia, (la primera V), en el centro histórico hay dos calles que se funden en una, la calle Alta y la calle Baja. En la calle baja un librero ha abierto su persiana. Es una librería peculiar, silenciosa, pequeña, con un surtido más propio del imaginario que de un local comercial.

Está sola, con el librero, durante largos minutos en que no transcurre el tiempo. Libros de primera y segunda mano conviven, huele a polvillo de papel y a letras de provocación literaria. Apollinaire, Baudelaire, Panero, Sade, cuentos ilustrados de La media V… (la segunda V), Benjamin, la colección completa de dramaturgos contemporáneos, poesía de Pessoa, las últimas revistas de Arte contemporáneo. Lota observa un libro de lomo Verde, «Hombres» de Verlaine, (la tercera y cuarta V) aunque podría llamársele afectivamente, Vergaine (la, no casual, V número cinco). La librería troglodítica, tan sublime (en el sentido que lo sublime tiene en el Sturm und Drang) en un país rendido al desarrollismo cultural, se llama Ubik.

El libro que le gusta a Lota vale 20 euros, casi lo mismo que la entrada para el concierto de Andrés. Por eso le dice que volverá otro día, con efectivo para poseer, una a una, las páginas que le fascinan. La juventud le enseñó a no dejar pasar un día en balde, la madurez le ha enseñado que hay cosas, buenas y no tanto, que se hacen esperar.

Lota prosigue su paseo, como una discípula de Robert Walser, por las calles pituitarias. Evita las arterias principales, merodea siguiendo los cauces que el agua dictó en la trama urbana árabe, se deleita en su soledad de fresca plazuela, roza con las yemas de los dedos las sinuosas esquinas de piedra, fotografía los muros bendecidos por los graffiti de Julieta y absorbe para el recuerdo esa luz de tormenta que templa una preciosa tarde mediterránea.

Ha llegado a la Plaza de la Virgen (la V número seis). Hoy es una Plaza musculada. Llena hasta las farolas, expectante. Lota se desvía hacia el Río Turia por la Calle de los Caramelos. Entra en la librería de ocasión más familiar que existe y da con una rareza que comprará: «Bellas y Bestias», (vaya, dos B…) un análisis del papel de la mujer en el estudio de la Primatología. Mujeres que abandonan a sus familias o renuncian a ella, por estudiar a los grandes monos en países sin agua corriente, sin luz, sin telefonía móvil ni afectos comparados. La gran aventura. Lota paga 2 euros por esta joya que le permitirá adentrarse en las razones, incomprensibles a priori, de espíritus Valientes (la séptima V) que contra todo pronóstico mudan de vida, cambian a un marido por un gran bonobo.

Cuando paga, suenan las salvas. Hoy es la procesión que también fue aplazada por la lluvia hace una semana. Son las siete. La talla en madera policromada, vestida con un rico manto de seda y oro, bellísima, iluminada por el sol atardeciente, ornada en flores, coronada por el éxtasis del incienso, sale a pasearse, como una Flaneur bondadosa entre sus amantes fieles.

No sabe porqué, pero en ese preciso momento Lota recuerda a Hanuman, el Dios mono Hindú que la noche anterior trajo a la conversación una pareja amiga suya, recién venida de Varanasi (la octava V). Piensa en San Bernardo, en la eterna pugna con el Abad Sugger de Sant Denís. A lo mejor Lota ha comprado compulsivamente el libro de los monos por el recuerdo inconsciente de Hanuman. Así, lo mezcla todo, en una turba y ahora está viendo a la Bella y descubre que el vidrio, las piedras preciosas, las superficies pulidas y brillantes y los materiales nobles parecen estar tan cerca de lo divino que nos hacen vulnerables a la belleza que desprenden, vulnerables, emocionales y sensibles. Sin sentir ni filia ni fobia por la causa, ayudan a creer, estimulan la oxitocina del fervor.

Lota se pregunta, con el libro en un abrazo si seríamos capaces de decirle cosas lindas a Hanuman. ¿Sería nuestra sociedad capaz de adorar un ídolo sin belleza física o artística? ¿Seríamos los occidentales capaces de pasear orgullosos un mono de madera por el centro histórico de la ciudad? ¿Estarían todos los poderes fácticos, Iglesia, Ejército y Gobierno Civil portando las andas de Hanuman? ¿Seríamos capaces de profesar la religión de lo simple frente a la dictadura de lo material? ¿de hacer subir al pódium libros que no son Best sellers en librerías que no son centros comerciales? ¿De admirar la esencia más allá de la presencia?

No tiene la respuesta pero piensa que el hecho de que nadie compre el apasionante libro de las Primatólogas está relacionado. Que por eso, esta joya está saldada a 2 euros y que las salvas han sonado en ese sincrónico momento, el de adquirirlo al fin, como un justo regocijo de todos los seres anímicos del universo. Como si de ese tocón de madera primitivo, de su misma esencia, hubiera sido tallada la Bella y también la Bestia.

Lota admira este paraíso del frikismo. Le gusta ver como conviven personajes de mantilla y peineta con librerías de transvanguardia, ferias alternativas paganas con procesiones catódicas. La fusión simbólica permanente entre la calle Alta y la calle Baja. Disfruta viendo como todas las opciones se mezclan incluso bajo las sábanas y la piel. Aquí es posible regentar una boutique masculina donde Rimbaud vestiría encantado y aplaudir el paso de la moderna Vestal (la V número nueve) y arrojarle pétalos de flor para que nunca pise el corrupto asfalto que pisan los humanos es decir, los Hanumanes cosmopolitas venidos a menos.

Al acabar, Lota ha tomado una imagen con su móvil. La calzada ha quedado convertida en un denso abrigo de rosas. Sonríe al ver así de erecto al bolardo, ese mueble urbano anodino, en medio de tanta materia bella, embellecido por ella, admirado y tieso y se diría que hasta convertido en ídolo. Y recuerda que en las Faloforias griegas y en las Liberales romanas las madres de familia arrojaban flores sobre grandes vergas procesionales esculpidas en madera. Y le parece que esa tradición prohibida reclama hoy, de un modo casual su vigencia a expensas, precisamente, de sus cancerberos. Verlaine, estaría contento.

Lota se va a casa ya anocheciendo, con sus ojos negros abiertos, admirándolo todo. Nadie debería instrumentalizar la emoción. De nadie debería ser patrimonio el deseo de trascendencia individual. Somos tantos y tan respetables y tan admirables y tan Variados… (la décima V)… que por eso la elección de la V número once, como la once mil… me dice Lota, susurrando, que la deja en manos de nuestra pícara Voluntad.

VEXOS
TREMENTINA LUX.

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