Tengo la ilusión de que al volver el mundo esté lleno de personas bonitas que adoran lo mejor de nuestra naturaleza, sin distinción de extranjería. Como ella, que no me preguntó de dónde era, ni de dónde venía, ni a que dios me debía antes de ofrecerme su aceite, su mecha y dejarme acompañarla descalza a prender fuego a todas las candelas votivas. Conté unas mil Lingams-Yonis. Y sí, son lo que parecen y mucho más. Esa es la razón de nuestra sonrisa.
TREMENTINA LUX.
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