Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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BYE YOKO

Entre la piel y la pintura, apuntes robados a mi Lower Ego

Mi Lower Ego está yendo a una psicoanalista para conocer las razones de su inhibición pictórica. La psicoanalista dice que mi Lower Ego asocia la pintura al abandono amoroso. ¿? El otro día pensé algo parecido al ver «La piel que habito». Pensé, vaya con Almodovar y el complejo de castración, se le ha ido de las manos. Por eso, porque somos lo que más rabia nos da y también su contrario mi Lower Ego lleva encerrada dos semanas pintando. Puede que sufra un abandono amoroso, se dice, pero entonces, al menos, que le quiten lo pintao.

Almodovar debió de pensar algo parecido, se dice mi Lower Ego a sí misma mientras pinta esto que encabeza las letras, una reunión amorosa entre Lennon, lo que queda de Yoko y una partecita púbica en homenaje a Egon Schiele.

Volviendo dos parrafitos a la peli de Almodovar. Veamos, retratos de familia, a saber, decálogo de mujeres malas: la madre adúltera que engaña y abandona a sus dos hijos, la esposa adúltera y muerta violentamente a manos del amante tigre, (madre, qué paciencia con Pedro…) la hija histérica y virgen suicida, la otra madre, la costurera, posesiva y acaparadora, la lesbiana, eso, lesbiana andrófoba y la chica, que parece la víctima de todo esto, pues resulta que es chico castrado…

Es decir. Que la escena más cruel es aquella en que el chico descubre que le han cortado la polla y no sólo no le han cosido en plan grado cero, sino que le han hecho un agujero pequeño, condenado como Sísifo a meterse sustitutos de la minga ausente para agrandar el agujero, el vacío inmenso que ahora es ese pobre chico, castigado por mindundis, por ser, demostrar ser, «poco hombre»… ¿Y si fuera al revés? Me refiero a que una mujer se despertara con pene. ¿Se la imaginaría el director así de traumatizada? o ¿estaría la chica encantada con haber «recuperado» el falo que la naturaleza le negó? Ja.

Mira, me saltaban las lágrimas de la risa. Pobre idiota, me dije. Resulta que la mayor desgracia de un hombre no sería hacer gala de una exhibición machista, intimidatoria y ridícula, como hacen todos, sino despertarse siendo mujer y para colmo con la piel de un cerdo. Ahora se entiende que folle como si comiera cacahuetes… Acabáramos, señor Almodovar. !Ah, si Mary Shelley levantara la cabeza!

La foto de John y Yoko la tomó Annie Leibovitz. En ella Yoko está vestida y tiene las piernas cerraditas, esa es la fortaleza de la imagen, la fortaleza del odio que Yoko ha inspirado, porque presentaba una exhibición inusualmente intimidatoria para ser mujer, casi sin pretenderlo de control masculino sobre el otro. De control, no lo olvidemos mutuamente consentido y alentado sobre el mismísimo Lennon. Esto ya lo sabía Manet, cuando escandalizó con el «Déjeuner sur L’herbe» haciendo posar a señoritas desnudas que no eran diosas, con señores vestidos que no eran tan señores. Es decir, patentizando la hipocresía masculina pero sin haber invertido el desnudo como Annie, Yoko y el (con razón admiradísimo) Lennon, era aún el S. XIX.

La cuestión es que mi Lower Ego tiene también un problema con la sumisión, de ahí el Frankenstein Schieleano que le ha salido mientras escuchaba «El Fluido García«… Un disco tan testosterónico, dicen, que la sinestesia que se ha producido es absolutamente delatora de una escena en la que el poder transita y se encapsula de nuevo en una representación de dominio inconscientemente heteropatriarcal. Vaya…

Esto es lo que pasa. Mi Lower Ego dice: -Y ¿si ahora pinto hombres desnudos? Primero necesito hombres y después desnudarlos y ponerlos a posar, casi nada, con este frío y con la crisis… Y luego, qué aburrimiento, ¿no? Caramba: resulta que el objeto de deseo de mi Lower Ego es femenino y que la representación que le nace hacer de ellas, de nosotras, rabia que te rabia, es hegemónica. Es decir, si convencemos a mujeres para que nos posen desnudas acabaremos haciéndolas posar como siempre han posado, !Qué espanto! Y si nosotras estamos atrapadas, ¿como podría no estar hiperatrapado Almodovar en este horrible sistema de sexo/género?

El caso es que está contenta con la deshibibición y las texturas, pero me dice triste: -sabes, nuestra mirada sobre nuestro cuerpo no nos pertenece, tampoco la forma de representarnos, yo soy muy salvaje, no me encuentro por ningún lado cuando miro esas imágenes construidas por los otros, ¿dónde estoy? ¿cómo verme? ¿cómo hacer que me veas? Fíjate, la chica tiene la cabeza pequeña, pero la mano grande, ¿te das cuenta? me voy a dormir, debo pensar en ello.

La representación que podemos hacer hoy por hoy, así sin proyectar demasiado, no nos satisface ni a ella ni a mí, no nos identificamos ni ella ni yo con las vírgenes, las adulteras castigadas, las brujas, las bellas, las sumisas, las alegorías, las diosas, las castradas y las reinas del porno… ¿Y entonces? ¿Cómo recuperar, saber, tener una voz y un discurso propio sobre lo que somos? ¿Cuando llegará esta madurez…?

No sé, he escrito esto ahora que ella se ha ido a dormir, la pobre está pensando mucho. De momento le diré que estamos completas, señor Almodovar, no huecas, no: completas. Por si alguien lo duda y decide hacer otra película que estetice la misoginia, las mujeres estamos absolutamente completas en nuestra sexualidad, en nuestra inteligencia y en nuestra afectividad y no hay cirujano con ínfulas de demiurgo futurista capaz de imaginar cuanta riqueza carnal y espiritual proporciona una vagina bien puesta por la naturaleza. Envidia y temor, se lo aseguro, de mucha marabunta confundida y maledicente.

Hale, Bye.
TREMENTINA LUX

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