Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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LA-AUTORIDAD

Del Tecno-confinamiento al ropero de Mozart*

“Se necesitan aproximadamente 40 días de práctica constante para romper un hábito. Se necesitan unos 90 días para establecer un nuevo hábito en acción y en el subconsciente” Yogi Bhajan.

(16 de abril 2020) Estoy haciendo un puzzle de la Capilla Sixtina de 8000 piezas. Estoy entrenándome para saber encajar todas las piezas en estos días de paraíso encontrado y juicio final, tres metros de puzzle en el que ni sobrará ni faltará una sola pieza, una auténtica metáfora de la utopía social. Hacer puzzles entrena para buscar una visión global a partir de cada detalle, de cada forma, color, textura y posición en el espacio. El primer paso consiste en meter en bolsitas las piezas parecidas y buscar las piezas del marco exterior que son las que más claramente se identifican. Ese es el propósito de este post, identificar las piezas que nos sirven de marco para entender este momento incunable en el que nos encontramos. 

(28 de abril) Ya no estoy haciendo solo el puzzle. Releo lo escrito. Todo cambia muy rápido en estos días tan lentos. Esta frase es de hace tres semanas.

(26 de marzo) Fase 1 del desconfiamiento. Lo que iba a ser un post de un día se ha convertido en una especie de diario de las cosas que pasan en tiempos de pandemia. El primer día que pudimos salir más allá de nuestro primer kilómetro comprobamos que las terrazas de la zona de las Universidades de Blasco Ibáñez estaban muy por encima de la ocupación permitida, los tanques de cerveza, sangría y otros caldos de la tierra corrían festivamente por las gargantas de cientos de felices humanos arborescentes entre 20 y 30 y pocos años. Es una zona de la ciudad que aglutina capital económico y capital cultural, a Bordieu me refiero. La energía simpática que sobrevolaba sus cabezas como un dron pentecostal impedía pensar con energía anempática. Entonces ¿qué parte de la responsabilidad social, el cuidado mútuo y la distancia social entendemos de forma diferente y por qué?

1. Confinamiento y Tecno-confinamiento

(17 de abril) Me gustaría empezar haciendo esta distinción. en esta cuarentena no nos hemos confinado, sino tecno-confinado. La acepción confinar se define como recluir a algo o de alguien dentro de límites, o judicialmente condenar a alguien a vivir en una residencia obligatoria. Sin embargo, pese a la brecha digital, una gran cantidad de personas nos hemos confinado (siguiendo a Remedios Zafra) en un «cuarto propio conectado» lo que posibilita e imposibilita a un tiempo la experiencia real de la reclusión. Esto significa que tanto la residencia obligatoria como los límites físicos del espacio habitado por la frontera de la carne se diluyen en pos de una ilimitada variedad de ilimitados límites virtuales. Comparto cuarto conectado forzoso con las personas con las que convivo en el teatro de la vida doméstica y meto el dedo en la vida de los seres lejanos a través de la pantalla por la que soy y me ofrezco, me intercambio en esencia, en cuerpo y alma virtual, generando una dependencia tecnológica, afectiva, profesional y de reconocimiento sin precedentes. Raro, muy raro todo.

(28 de abril) He olvidado muchas cosas. Comparto con otras personas este olvido. Olvidar que se vive aún cuando la intensidad de lo vivido es concupiscente.

(26 de marzo) He soñado que paseo con un niño pre-adolescente junto a la vera de una huerta doméstica plantada por un hombre de 83 años que nos explica lo que son patatas y lo que son lechugas. El hombre cava una zanja de riego y abra la compuerta del agua, se seca el sudor con la mano, hace un día sublime y en los bordes, amapolas. Hablamos de la importancia de conocer las semillas y la tierra y de cómo sobrevivir en el futuro con una vaca y gallinas. Le digo al niño que la generación que está siendo exterminada es la única que puede transmitirle esta sabiduría ancestral. Que nuestra generación ha perdido ese conocimiento, que ha sido alejada del conocimiento que importa para la vida. Le digo al niño que aprenda del anciano a cultivar la tierra, que cave con él. El niño sopla su flequillo largo y mira diletante su dispositivo móvil para identificar la hoja de la patata que sobresale de la tierra y me dice «Solanum tuberosum«. El niño no habla con el anciano y sigue caminando, ha pasado el confinamiento matando soldados enemigos online, ha matado mucho. Al preguntarle si le preocupa lo que comerá mañana o lo que beberá mañana, el niño responde: -«lo que me den». Seguimos paseando en silencio yo me pregunto -¿Quién le dará qué en un futuro pandémico? Dice que las amapolas son rojo sangre, rojo muerte. Le corrijo, le digo que la sangre es vida, no muerte. Pienso que no menstrua por eso se confunde. No intento nada más. El niño camina por el erial como un soldado aún impoluto por la estepa rusa en la que yacerá con su fusil de asalto digital.

2. De la vulgar «realidad cotidiana» a la «realidad cotidiana» como laboratorio social

(16 de abril ) La realidad cotidiana previa al tecno-confinamiento, la que nos obligaba a mil y una rutinas vertiginosas, exigentes, locamente autoimpuestas y no siempre ni saludables ni satisfactorias ha desaparecido y con ella todo sentido común subjetivamente compartido acerca del sentido de nuestra vida en la sociedad pandémica y post-pandémica. No es que haya desaparecido la estupida «normalidad» disfuncional en la que nos sumergíamos practicando una compulsiva apnea del ser, es que el consenso «realidad cotidiana» generado por un sistema sádico y egótico de orden capitalista, está en suspenso. 

Desde que nos tecno-confinamos nuestra realidad cotidiana ha quedado constreñida al ámbito de proximidad del espacio privado doméstico. Me relaciono con lo que veo, con lo que toco, con lo que huelo, con las personas, animales y plantas que me rodean durante horas interactuando sin poder evitarlo en un espacio y un tiempo anómalo, zombificado por la incertidumbre. Puede que yo trate de recorrer mi mundo interior mientras alguien recorre fuera de sí el pasillo, o viceversa.

Sin embargo, la forma en que intentamos entender y decodificar esta nueva realidad cotidiana en la que buceamos como un peces en una pecera estanca, está anclada (mediante el lenguaje) a la realidad cotidiana que conocemos y que compartimos intersubjetivamente. Es decir, pese a que el confinamiento nos sitúa de pleno en una «zona de significado limitado» (como si se tratara de una representación escénica, religiosa o un juego simbólico infantil con sus propias normas) la forma en la que sobrevivo a la incertidumbre es tratando de integrar este tiempo anómalo (incómodo) en mi antigua realidad cotidiana (presunta zona de confort) afirmando por ejemplo: «Esto también pasará…» o «Un día menos para poder abrazarnos…»

(28 de abril) He salido al cauce del río acompañando a una menor. El cauce del río está maravillosamente bien sin humanos. La hierba es bosque sin pisar. Sin embargo, el tráfico ya, el humo ya. ¿Sobramos?

3. El domos como centro del universo. La desaparición del espacio público

(17 de abril) Desde que nos tecno-confinamos la realidad del espacio público, el espacio exterior, ha quedado fuera de nuestro alcance cognitivo. No podemos ir más allá de la verdad centrípeta que impone la arquitectura Corbusiana de nuestros apartamentos obreros. Los muros se han convertido en vallas electrificadas levantadas en el ágora desierta, las ventanas en mirillas de una lavadora en la que nos agitamos en círculo enjabonándonos las manos una y otra vez y los balcones en toriles desde los que expresamos el deseo protuberante de salir de nuevo a respirar la arena de la playa.

Gran parte de la población cohabita de pronto en el espacio históricamente restringido a las mujeres y a la crianza de la prole. Se ha producido una migración forzosa de quienes ostentaban el poder en el espacio público hacia la «zona segura», el espacio privado de la casa tan elidido y ninguneado por las sociedades patriarcales. Se trata de una invasión, de una ocupación forzosa de la intimidad en la que la disciplina de equipo funciona como salvaguarda de la salud colectiva pues salir de casa es volver a poner el contador de la cuarentena a cero. Me consta que hombres y mujeres no aguantamos igual el tirón sin salir de casa.

Nos hemos auto-tecno-confinado en el ámbito doméstico mediante un mecanismo de sumisión libremente consentida movilizado por consignas mediáticas de miedo y co-responsabilidad social a partes iguales. Pero no todo el mundo tiene una casa en la que confinarse y no todas las casas son hogares seguros en los que confinarse.

(28 de abril) He leído una frase de Kubrick que dice algo así: «Dejareis de ser héroes cuando la gente no tenga miedo… Ahora sois carne de cañón, por eso os llaman héroes”. El odio y la mentira van sustituyendo al miedo y la co-responsabilidad social. Los valores del primer escenario, pese a la idéntica privación de libertad que suponían o precisamente gracias a ella, eran más alentadores.

4. El rito como factor de consolidación e integración en el nuevo orden establecido

En esta nueva tesitura del tecno-confinamiento hemos tardado apenas unas horas en sacralizar la vulgaridad de la existencia inexistente con la aparición viral (sin paciente cero también) de los primeros rituales: los aplausos de las ocho de la tarde. El rito, en tanto que lenguaje simbólico unificador alejado de todo pragmatismo, nos proporciona como seres sociales una misma identidad común por encima de los obstáculos, las contradicciones y las disensiones que deseamos superar. El rito del aplauso se convierte en ritual mágico-sanador escenificando en voz alta valores sociales compartidos en el nuevo orden social establecido. La solidaridad y la gratitud por el trabajo de sanitarios y sanitarias coloca a personas cuya contribución al estado de bienestar no era reconocida públicamente en la narración pre-pandémica en la posición de héroes y heroínas con acceso además, en calidad de expertos/as al discurso público. 

Salimos a las ocho de la tarde para aplaudir y comprobar si nuestros vecinos y vecinas más inmediatos siguen con vida mostrándonos así mismo saludables y con vida (esto evita el estigma del que hablaremos más tarde). Tomamos el sol en el balcón o paseamos en el filo de la barandilla intuyendo que con-vivimos en una ciudad que sigue existiendo, pues aceptamos por todo confín el edificio colindante, el que nos ciega el paso a lo que sucede en la calle paralela.

(28 de abril) El rito ha evolucionado hacia un sistema de identificación basada en el aparato cultural. En la calle paralela hay un Dj vocacional que nos tortura con música sí o sí todas las tardes de siete y media a nueve, diría yo y no es el único, pero sí el que pone el karaoke más alto. También hay personas que se han sacado un certificado exprés de juicio ajeno y salen a atemorizar a quien pasea el perro sin mascarilla más de tres sospechosas veces al día. También hay quien sale a aporrear cacerolas a destiempo en solitario o quien en los chats arenga a las demás personas a no aplaudir porque dicen que los sanitarios/as ya no quieren aplausos. He leído que intentar acallar este único momento de comunión y superación vecinal de los acontecimientos es una villanía. Yo creo que está relacionado con la frase de Kubrick. Creo que el odio y la mentira intentan silenciar a las gentes de bien.

5. La mentira es la nueva forma de verdad

(17 de abril) Desde que aceptamos sumisamente tecno-confinarnos en el domos accedemos al conocimiento del espacio exterior exclusivamente de forma indirecta, a través de un discurso mediatizado por desconocidos que no podemos contrastar.

Nada puede garantizarnos que la Torre Eiffel se vea desde Mumbai, que los Alpes se vean desde centro Europa, que los osos panda estén copulando en los zoos cerrados, los delfines naden en los canales de Venezia, que la Gran Vía esté llena de ataúdes, que los hospitales estén llenos o vacíos, que Gozilla esté en plena calle de la Paz en el cruce con la Plaza de la Virgen, que el Krakatoa haya entrado en erupción o que el agujero de ozono, si alguna vez existió, se haya cerrado. Si todo el mundo miente, o puede que lo haga, nuestra relación con la mentira coloca a la verdad en una incómoda posición, si todo es mentira, la noción de verdad desaparece, esta idea es de Chomsky. A las fake news me refiero y a los fake news hunters, antagonistas complementarios en un mismo sistema de manipulación.

(28 de abril) Así que el tecno-confinamiento nos ha llevado al punto que Hans Magnus Ezenberger ausipiciara cuando decía:  «El escribir, filmar o sin manipulación no existe, la cuestión no es si los medios están manipulados o no, sino quien manipula los medios. (…) De lo cual se deduce que un proyecto revolucionario no debe eliminar a los manipuladores sino lograr que cada sea  un manipulador». Pues ya hemos llegado, aunque dado que se produce una doble manipulación, (los manipuladores son manipulados) todo dista mucho de ser el proyecto revolucionario que preconizara, andamos de fango, embustes y confusión hasta el cogote.

Lo que nos hace preguntarnos, indefectiblemente si está sucediendo algo fuera que requiera nuestra no-presencia en el espacio exterior, y en caso afirmativo ¿Qué está pasando? ¿Quién lo está llevando a cabo? Y ¿Por qué sobramos?

(28 de abril) No sabemos si la respuesta está en el 5G y en los satélites de Elon Musck y en las acciones militares y en no se cuantas cosas más. O simplemente en la forma en la que crecen las flores ajenas a toda mirada humana, tranquilas, en calma y con fuerza, dando a la naturaleza lo mejor de sí, mientras la humanidad anda sacándose los ojos y las pelusas del ombligo propio y el ajeno.

(17 de abril) Aceptamos como real una construcción ilusioria e im-probable de lo que acontece fuera de nuestro radio de acción limitado a los tabiques de nuestra casa-celda, o llamémosla, más que nunca, Caverna de Platón. La realidad social objetiva a la que accedemos directamente y de la cual no dudamos (si la tarta sube en el horno o si las pequeñas vecinas juegan al escondite por el pasillo) entra en conflicto con la realidad social construida y simbólica sobre la pandemia global que nos llega a través de las nuevas tecnologías y que requiere de una verificación imposible por nuestra parte. Así pues, la realidad social subjetiva (la mezcla de ambas) se construye en esta posición de tecno-confinamiento desde la premisa de la vulnerabilidad.

6. El amor que viene se antepone

(24 de abril) Hemos basado nuestra supervivencia en la interdependencia de nuestra mutua individualidad. Hemos aceptado que no tocar, no visitar, no besar y no abrazar a nuestros seres queridos son los pilares fundamentales de un nuevo lenguaje del amor. El amor que viene es equidistante, requiere de la empatía, de las no palabras, del ejercicio de la resonancia límbica más afinada.

(12 de mayo) El nuevo amor es eso o todo o nada, la abulia también.

(24 de abril) El amor que viene se expresa de forma no posesiva, se expresa mediante el respeto y la tolerancia a la propia vida y a la vida ajena sin injerencias táctiles. El amor que ya está aquí se manifiesta desde las profundidades de la carne y sobrevuela las conciencias iluminando de forma reactiva un periodo previo de amor posesivo primitivo.

El amor que se acerca es expansivo, generoso y saciante, está hecho de seguridad, confianza y equanimidad, el amor que se acerca es amor verdadero por la vida. El amor que está aquí no nace del yo, no es romántico ni narrativo, es un amor cuya presencia no depende de la nuestra. Es un amor que se mantiene estable sin tiempo ni lugar, que no suena, ni huele, ni se percibe, simplemente es, está. Este aprender a identificar el amor dentro y fuera está al alcance de todos los seres vivos. Los seres vivos no humanos han vivido en este tipo de amor durante toda su existencia sobre la faz de la tierra. 

He escrito esto y he bajado a comprar fruta y verdura. En el camino una paloma quieta, en el pavimento, en medio de la calle soleada. A la vuelta me dije: -Si no ha volado, si está ahí, tendrás que intentarlo. He visto un vídeo en el que mueren pájaros sin razón. A esa paloma la conozco. Ha venido a mi balcón varios amaneceres con otras palomas amigas. La he cogido, con guantes y mascarilla, la he subido al balcón, el balcón es grande, le he dado agua y refugio abierto con sol y sombra. Ha bebido. No ha querido comer. Me miraba con alma, con gratitud diría. He revisado su cuerpo, sus alas estaban bien, su cabeza estaba bien, sus patas se sujetaban, respondía a la mirada, todo en ella estaba bien. Pero murió esa noche acurrucada en el refugio. No he vuelto a ver tampoco a las otras palomas desde entonces. El amor que viene se antepone.

(12 de mayo) Pienso a veces en la paloma. Cuando no me doy cuenta de que todo lo que siento durante todo el día está movilizado por el miedo. A veces pienso en la paloma, en como el miedo desapareció, en lo que me hace humana a mucha honra aunque no esté de moda.

(26 de mayo) Si el amor se antepone las diferencias irreconciliables se yuxtaponen. Todo está polarizado por la alerta constante, la desconfianza constante, la adrenalina constante, la supervivencia inoculada. En el aire la falta de oxitocina pesa tanto como la falta de oxígeno. Contacto físico. El amor que se antepone no llegará si las endorfinas siguen secuestradas en el palacio de la carne ausente.

7. Terrorismo informativo. Dilatación sine qua non del ciclo de vida del acontecimiento noticiable y biopoder selectivo

(17 de abril) La agenda informativa de los medios y las comunicaciones interpersonales están marcada por el gran tema. No importa desde qué perspectivas. En lo referente al tema «Pandemia» marcado de forma internacional por la agenda setting nos hemos convertido de pronto en sujetos aislados y atomizados. Recibimos en nuestra casa de manera uniforme los estímulos de la comunicación de masas (compartimos el mismo enlace o recibimos el mismo meme en todos los chats) y la información recibida nos influencia a todas las personas por igual orientando la opinión pública general hacia consignas y premisas incuestionables.

¿Por qué digo que nos influencia por igual? Por que el tecno-confinamiento nos ha convertido en seres eminentemente desprotegidos, controlados por nuestros instintos biológicos. Somos una población centrada en mantener a salvo los tres niveles básicos de la pirámide de Maslow (fisiología, seguridad y afiliación, respirar, comer, dormir bien, querernos, estar a salvo…) Una población (mundial) que ha aceptado posponer el cuarto y quinto nivel: el reconocimiento y la autorrealización.

A la mayoría de personas (a las élites no tanto) el tecno-confinamiento nos ha obligado a renunciar a las actividades sociales y profesionales que dotaban de sentido a nuestra vida. O en el mejor de los casos nos está proporcionando el tiempo necesario para repensar si las actividades que realizábamos en nuestra desaparecida vida cotidiana realmente estaban orientadas hacia el crecimiento interior avanzado de nuestro Ser o más bien, todo lo contrario.

La dialéctica cara a cara como herramienta cognitiva, con su interacción en tiempo real, ha quedado vetada por la distancia social, excepto en su vertiente online mediada por proveedores de servicios tecnológicos. Habitamos en un gran laboratorio social donde el efecto del mensaje de los medios sobre las audiencias es directo, rápido e imponderable, como lo fuera en el tiempo de las teorías de la «Bala mágica» o la «Aguja hipodérmica», es decir, durante el período de entreguerras (1920-1930) marcado por un auge sin precedentes de las nuevas tecnologías y conducente a la expansión de los totalitarismos.

La pandemia como acontecimiento noticiable se ha colocado en el centro de la programación mediática sin abandonarla o verse desplazada por otra noticia principal desde mediados de febrero de 2020. Es decir, a fecha de hoy llevamos dos meses de incesante iteratividad de la pandemia en todos los formatos y todas las franjas horarias.

(12 de mayo) A fecha de hoy tres meses…

La presencia de una noticia en los medios alcanza aproximadamente un máximo de siete días antes de ser sustituida por otra. El funcionamiento sistémico de los mass media se organiza en torno a la selección de acontecimientos (inputs) que son filtrados y narrativizados con el objetivo de construir una noticia (output) que forme parte de un discurso global más amplio. Mientras que el acontecimiento puede seguir su curso (el Amazonas continuó en llamas después de que dejara de ser noticia) la noticia, en tanto que objeto de consumo, tiene un ciclo de vida útil y limitado dentro del mercado informativo.

La voracidad con la que se están generando contenidos falsos en la red acerca de la pandemia (más de 1,5 millones de cuentas según datos oficiales) y la velocidad con que aparecen garantes de la verdad cuyo propio sesgo omiten, es proporcional a nuestra fragilidad como público consumidor. No tenemos datos del impacto que una noticia prorrogada durante meses, omnipresente en todo tiempo y todo lugar pueda tener sobre unas audiencias confinadas cuya percepción de la realidad ha quedado constreñida a su ámbito familiar. Sin embargo, los efectos de la manipulación comienzan a hacerse evidentes si observamos con pensamiento crítico qué aspectos, actitudes o fórmulas son socialmente aceptadas y que posiciones plantean un rechazo colectivo e inconsciente casi absoluto. A lo largo del artículo apunto algunas…

(26 de abril) Las teorías oficiales, los discursos fascistas y las teorías de la conspiración se entrelazan como los cables de la computadora bajo la mesa haciendo que el pensamiento crítico eche chispas. Las corrientes de opinión volcadas en los comentarios de las redes se comportan como bolas de polvo que crecen y crecen a merced del viento que entra por la ventana. Que es tontería el encierro, que es necesario el encierro, que ya basta de encierro, cifras arriba, cifras abajo, que porqué salen los perros, o los niñ@s, o porqué no salen o porqué solo una hora, que porqué no hacen tests, que porqué no ponen una app que porqué la ponen, que si vacuna obligatoria, que si la vacuna de otros años inyectó el virus, o inyectará un micro-chip, que si el mms, que si importamos mascarillas desechables en como si no hubiera mañana, que si patrones para hacerlas en casa con tela de servilleta, que si el 5g mata, que si censuran los canales de yoga y medicina holística, que sí los políticos tuvieron la culpa, que no, que caiga un chaparrón y rompa los cristales de la estación…

(28 de abril) Si algo he aprendido es a esperar las reacciones para tener un criterio más formado. Mi padre decía que rectificar es de sabios, porque el necio no acepta el error propio ni tolera el error ajeno. 

(1 de mayo) La otra noche el tratamiento empático de una noticia de Carlos del Amor en la primera sobre el nacimiento de un bebé en una patera me hizo llorar. Si el feliz acontecimiento noticiable elegido para hoy es que salimos a pasear y en bici es que algo está cambiando para bien. Aún no he leído las críticas sobre las mareas de gente irresponsable que tanto dolor causan y todos los twits y los re-twits, prefiero mirar por la ventana y ver a personas disfrutando responsablemente de su día libre.

(27 de mayo) Digo biopoder selectivo. Las terrazas, llenas de gente, mucha gente de entre 20 y 30 años. Los hombres que han salido solos a pasear durante el confinamiento, sin perro, sin acompañar a ningún menor, sin bolsa de la compra, sin bolsa de la basura, sin que vayan o vengan de trabajar, incumpliendo los horarios. Los niños y las niñas que no juegan mientras sus adultos hablan a dos metros de distancia de la situación vivida, menores que se pegan a la conversación lamiendo con las orejas cada palabra dicha en la mascarilla. conversaciones sobre el miedo, la impotencia, las normativas, lo que se sabe y lo que se ignora, el consenso roto, la impotencia, la desgana, la falta de futuribles, lo bonita que estará la playa, la hierba que crece salvaje sin biocidas.

Presiento que la información de las redes sociales nos afecta de forma selectiva. Si en la normalidad pre-pandémica dedicábamos unas dos horas diarias a conectarnos a las redes sociales con el pretexto del divertimento puede que en el confinamiento esta inmersión se haya duplicado. Mientras los mayores de 60 se introducían en vena todas las noticias de la TV los de 30-60 estábamos buceando en Facebook, Twitter o Instagram y los menores de 30 en Instagram, Tumblr, o Tick Tock.

El fenómeno de salir en masa a las terrazas y abrazarse sin protección no tiene que ver con la mala intención de quienes practican este sano proceder como deporte de alto riesgo, ni con la mala intención de quienes los juzgan por ello y los graban en vídeo para compartirlo en sus redes sociales, sino con el tipo de información que hemos consumido, el grado de intoxicación mediática que hemos recibido y el biopoder que hemos interiorizado. También con la experiencia personal, es decir, lo vivido en primera persona, pero paradójicamente, menos.

Me explico, el día 14 de mayo a las 14:14 horas hice un estudio de las cien primeras publicaciones que veía en mi sección de noticias de Facebook. De las 390 amistades que tengo, en esos cien primeros impactos Fb me mostró 52 publicaciones de 28 amistades, 34 publicidades disfrazadas de sugerencias y 14 páginas de producto. De las publicaciones de amistades 29 de ellas trataban el tema, 16 de las publicidades y 6 de las páginas de producto. Al cabo de poco más de media hora había recibido 51 impactos con el tema pandemia, unos afines a mi perspectiva y otros diametralmente opuestos. La mayoría de los impactos mediáticos me habían pillado desprevenida y sin protección, mientras hacía scroll en busca de noticias bonitas de mis amigas de Egipto, México, Korea, India o Japón.

Al cabo de media hora de navegación el terror y la sensación de falsa información aumentan siempre.

8. La desaparición de la estructura temporal, el tiempo lineal como invento fallido

(17 de abril ) Si la realidad cotidiana socialmente compartida previa al tecno-confinamiento ha desaparecido en esta tregua mundial, también lo han hecho la estructura organizativa del tiempo derivada del sistema productivo capitalista, las acciones que llevábamos a cabo y la necesidad última de las mismas. Nuestra biografía determinada por la angustia del tiempo lineal (concepción occidental) ha dejado de tener sentido. La insana alteración de las rutinas del sueño hace más necesario que nunca el regreso al tiempo cíclico circadiano (acostarse con la noche, levantarse con la luz del sol) que quedan, sin embargo, en las antípodas de un tecno-confinamiento organizado en torno a la propagación del tiempo burbuja, el que vivimos al margen de nuestra realidad inmediata sumergiéndonos saecula saeculorum, en la pantalla de un dispositivo móvil, en las series adictivas o en partidas online a kill-games.

La incapacidad para entender el tiempo lineal como tiempo circular y cíclico impide un acercamiento filosófico al fenómeno de la pandemia desde posiciones que nos permitan social e individualmente profundizar en la pandemia no como una guerra paranoica contra un enemigo invisible y sin patas sino como un tipo de energía recurrente, históricamente circunscrita y autorregulada por la propia naturaleza donde no hay principio ni final, causa ni efecto, sino serpiente consciente que se muerde la cola. 

Hablo con mucha gente estos días y coincidimos en la sensación de tiempo en pausa. También de profunda tristeza según que días, de insondable y extraña apatía. De vivificante motivación otros días, de búsqueda del ser interior mediante acciones inusuales para las que no teníamos antes tiempo, de conexión con lo más esencial de nuestra espiritualidad, pero también de rabia, de angustia, de incertidumbre, de cansancio, de evasión absoluta, de goce, de risas, de resignación, de ejercicio físico, de comer bien y de insomnio. Hablamos también de lo poco que cunde el tiempo, de lo pronto que es de día de lo pronto que es de noche, de cómo la lluvia afecta al ánimo. El tiempo de las actividades pautadas ha desaparecido para quienes se están quedando en casa. El tiempo de la vida cotidiana requiere de una auto-planificación que no llega. Todos tenemos que empezar a pensar para qué servimos en el mundo que viene, como hacer valer lo que sabemos hacer. Cual es nuestra utilidad, nuestra función esencial.

(28 de abril) Me refería a vivir en pijama todo el día, a ponernos solo una muda para salir a la calle y siempre la misma, a no depilarse, no afeitarse, no tintarse el pelo, no seguir acumulando plástico desechable en forma de estúpido objeto de diseño de franquicia barata, a comer sano, a comprar en comercio de proximidad y comer verdura de la huerta valenciana, a preocuparnos por estar en contacto generoso con las personas que nos importan, a quienes les importamos. Me alegra haber escrito estas cosas antes de salir ayer al río una hora escasa, son palabras ya tintadas de una utopía cuyo ensamblaje sería hoy complicado mantener en pie. Porque empiezo a intuir que habrá un efecto rebote y que el estrés de la vida pre-pandémica no tendrá nada que ver con el estrés de la vida post-pandémica donde querremos abarcar más y mejor todo lo que no hemos abarcado estos días.

(12 de mayo) La nueva estructura temporal hegemónica ya ha llegado. Las salidas pautadas pautan el tiempo íntimo, minimizando de nuevo su importancia. La vida en torno a las salidas programadas por edades y franjas horarias se convierte en núcleo del deseo diario. Salir a pasear, el nuevo órdago. En cada regreso a casa descubres que estás exhausta. El deseo por salir se transmuta en un deseo disruptivo cuando sales. Descubres el horror de encontrarte a una amiga con el padre muerto y no la puedes abrazar y sospechas de que ella no tosa porque sea asintomática y toses tu de puro duelo, de pura rabia. Te ves huyendo y esquivando y acusando, te ves a todas horas ajena a todo sentimiento humano y vuelves hacinada en un imaginario de convulsa suciedad atmosférica pese a que el aire está más limpio que nunca. Y te quitas la ropa a la entrada y te duchas y te tiras en el sofá sin fuerzas y descubres otro día que la realidad pandémica es alucinógena y que el viaje no te ha sentado bien. Y hablas con gente que prefiere no salir y con gente que ha salido de Mad Max. Y por todo tiempo está el tiempo de la ocupación.

(28 de mayo) Salir se convierte en una extraña prioridad. Salir por todo objetivo. Salir rompe las rutinas establecidas durante el confinamiento. La extraña calma. Salir a las horas convenidas a la distancia convenida. Todos los días la misma distancia. Salir evitando las salidas de las demás personas. Bailando el baile de los espacios intermedios. Ponerle emoción a los árboles del camino. 

9. La creatividad bajo control. La esencialidad de nuestras acciones 

(1 de mayo) Nos hemos confinado sin armas de creación masiva. Yo tengo en mi casa acuarelas y pinceles, algo de barro. No estoy en mi estudio. Tampoco tengo la intimidad suficiente para que mis procesos de pensamiento y acción creativa se canalicen en otra cosa que imaginar escenarios posibles. El miedo es fulgurante y la incertidumbre atenazadora. Solo la libertad sentida, el juego y la ingravidez entrenan la creatividad para fortalecer las alas de un objeto resultante. Mi animal de poder estos días es una suricata voladora, mi interés la telepatía y el avistamiento de OVNIS. Siempre he tenido un sueño. Convivir durante meses en una comuna creativa con espacio íntimo a voluntad y locas fiestas colectivas al anochecer. El mundo que está por venir o lo que está viniendo contraviene las conexiones de la creación. El mundo que se crea a sí mismo es suficientemente creativo para anular nuestra intervención. el ego es insostenible, el sentimiento de utilidad, convulso.

(12 de mayo) Hago cosas caseras que tienden raíces muy hondas y sin embargo, flores en el prado.

(26 de mayo) Estoy hecha limo, lo digo sin pensar, al levantarme. «El limo es un sedimento clásico incoherente transportado en suspensión por los ríos y por el viento, que se deposita en el lecho de los cursos de agua o sobre los terrenos que han sido inundados». (Wikipedia dixit). El limo que mejor conozco el es del Nilo. Hasta cuando no soy creativa me sorprendo explicándome a mí misma de forma creativa lo poco creativa que estoy. Siguiendo a la escuela de Palo Alto podría decir: no se puede no ser creativa. El limo, «al no tener cohesión, es un terreno problemático para edificar sobre él». De nuevo Wikipedia dixit. Sin embargo el limo es fértil para la vida, Kemet es la tierra negra del Nilo. Así me siento. En un sistema que valora la tierra por su cohesión para edificar encima, para crecer en vertical, dominio del sustrato, falocentrismo, androcentrismo, saturación. Soy verde. Verde brezo, verde agave, verde quercus, verde sabina, verde sangsavia. A partir de esta fecha puedes llamarme: Madame Chlorophylle.

 10. Los retos, espejo de la mente obnubilada

El tiempo ha adquirido forma colectiva de reto y de rito. Los retos se diseminan mediante las redes. Llegan retos a nuestro dispositivo móvil a diario. Meter la cara en harina, mantener una zapatilla en el aire, contornearse con una escoba, quitarse la camiseta boca abajo. La estructura de funcionamiento del tecno-reto permite visualizar a la otra persona en su intimidad de una forma inusual, en pijama y llevando a cabo acciones no cotidianas. Activa en primera instancia la sorpresa, la incredulidad, el voyeurismo y la risa. Activa también la adrenalina cuando llega el momento de realizarlo, de grabar el testimonio y de pensar grupalmente en nominar a otra persona para que siga la cadena.

El reto no es sino un rito de paso. Implica enfrentarse a una amenaza, un desafío, una provocación y superarla. La forma en la que los tecno-retos virales se producen y se estructuran nos habla claramente de que el reto nos posiciona en una esfera actitudinal frente a la cuarentena: la de sobrevivir para contarlo al tiempo que activa la renuencia a despertar, colocándonos voluntariamente en un estado de pérdida pasajera del entendimiento y de la capacidad de razonar y percibir con claridad lo que sucede.

El reto como juego colectivo se convierte en rito y terapia porque nos permite hacer frente a un peligro que no es tal, mientras hacemos frente a un peligro real elidido del juego pero presente en la conciencia grupal: la pandemia omnisciente. En un no tiempo y no lugar vencer un tecno-reto tiñe la experiencia no cotidiana de una discreta pero edificante sensación de victoria, pasión, gesta épica e inmortalidad. Y lo que es más importante, el desafío nos coloca de pleno en un presente liviano con toda nuestra consciencia, con todos nuestros sentidos.

El tecno-reto permite además una elevación de orden formativo. Quien acepta el reto pasa de ser una persona neófita a convertirse en una persona iniciada en los misterios (de comer harina, plantar la escoba o hacer mascarillas). Cuando recibimos el vídeo no gozamos del conocimiento que nos hará libres por un momento, cuando lo enviamos nos hemos transformado mediante la experiencia del aprendizaje y la valentía en personas conocedoras capaces de tutorizar a las no iniciadas. Ejemplarizamos con nuestra presencia (otra vez nos mostramos con vida) la fuerza de nuestra determinación y la hacemos extensiva y contagiosa. Contagiamos de vida, contagiamos de reto y esto nos permite afirmarnos en nuestra voluntad colectiva de supervivencia. El reto afirma lo que niega: nos contagiamos y lo superamos.

Salimos a aplaudir. A las ocho de la tarde. La evolución del rito al reto de aguantar aplaudiendo varios meses también me interesa. Surge al principio mediante mensajes. Los mensajes llegan por todas las redes sociales. A las ocho aplaudimos a las personas que están trabajando por nuestra salud. Los primeros días salimos por esto. Después no solo. Las primeras veces que salíamos era de noche. Nos escuchábamos en los balcones. También sonaron cacerolas la noche del discurso del Rey. Las  primeras noches salíamos para escucharnos, para desfogarnos para marcar el tiempo. ¿Ya son las ocho? ¿Aún son las ocho? Luego cambiaron la hora, aunque estábamos confinados. Alguien cambió la hora en todos los relojes y de repente una tarde nos vimos las caras. Desde entonces el aplauso de las ocho se ha llenado de cultura. De música, de danza, de canto. El aplauso ha evolucionado desde la gratitud y el reconocimiento por el trabajo de los sanitarios hacia una expresión popular de la resistencia en un ágora sobrevenida en los balcones. De repente esas caras ahí. 

(12 de mayo) La gente ya no sale al balcón como antes. Están de paseo. O han gritado «asco» «asco» «asco» repetidamente a mitad tarde como en una performance. O salieron a tocar la cacerola o a amonestar a una niña que jugaba con su pelota. El reto de sostener el rito se ha caído.

(26 de mayo) Ya no hay aplausos. Saludo a las vecinas en la calle. Nos decimos que nos echamos de menos en los balcones. La gata del bosque urbano ha parido, tres gatitas y dos gatitos. Hay muchas moscas estos días. hablamos de eso también de las moscas y las mascarillas. La terraza de nuestra calle abrió ayer. Las personas empezamos a hablar de morir o follar, esto nos hace reír, necesitamos reír. Aldous Huxley dice: «A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (amenos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad.» Lo dice en el prólogo de «Un mundo feliz», 1969.

11. La familia omnímoda pre-pandémica y el elogio de la tribu en la sociedad post-pandémica

Cada núcleo de personas tecno-confinadas mundialmente en una misma unidad arquitectónica está construyendo una nueva realidad cotidiana sin paradigmas previamente preestablecidos. La estructura social pre-pandémica basada fundamentalmente en la familia heteropatriarcal y la propiedad privada de un inmueble donde confinarse ha naturalizado que el confinamiento se produzca en torno al aparato ideológico de la familia.

Paradójicamente la familia no tiene experiencia en convivir. La familia en el sistema capitalista está formada por personas segregadas por su edad y su utilidad productiva. Las familias están formadas por personas heterogéneas forzadas por el sistema pre-pandémico a adoptar horarios de convivencia incompatibles. Padres, hijos, madres, hijas, abuelos, abuelas, y mascotas vivían entre ocho y doce horas al día internadas en trabajos, escuelas, institutos, universidades, actividades extraescolares, centros de día o residencias para ancianos visitables los domingos. La familia ad hoc obligada a confinarse unida está formada por personas, tal vez ni siquiera afines, que coinciden bajo el mismo techo a la hora de dormir por un imperativo estructural socio-económico que deriva en realidades de muy distinto rango, desde la afectiva, hasta la violenta pasando por la puramente contractual.

La realidad cotidiana del tecno-confinamiento nos ha separado de nuestros iguales en edades y aficiones y nos ha conducido a reformular la convivencia en términos impuestos de segregación familiar con personas elegidas por imperativo legal, imperativo contractual, amor, romanticismo o pragmatismo, con las que habitualmente no convivimos.

Si algo permitía la interacción cara a cara pre-pandémica era la conformación de la tribu como eje vertebrador de una comunidad afín subyacente al orden establecido por la familia como aparato ideológico del estado. El modelo tribal, asambleario basado en las afinidades electivas, válvula de escape y entendimiento de la propia idiosincrasia ha quedado abolido en su versión presencial y debilitada la construcción de sentido subjetivo compartido a partir de experiencias cognoscitivas comunes.

Las acciones que se nutrían del movimiento de energías expansivas en proximidad a las que concurrían almas afines, como la creación artística, los procesos de atención consciente corporal, los entrenamientos deportivos, o las manifestaciones de cultura viva han quedado en los márgenes de los posibles tornándose actividades prohibidas.

La tribu se ha vuelto digital y su puesta en valor dependiente de las nuevas tecnologías. ¿Podemos renunciar a la tribu de almas afines en un estado de confinamiento? ¿Podemos renunciar a la tecnología que la hace plausible?

(12 de mayo) Era previsible que se empezara a hablar de la vida en comunidad, de irnos junt@s a vivir al campo.

(28 de mayo) El odio ha venido para quedarse. Ayer en una heladería, tres mesas en la terraza, de tres mesas vive la heladería. En una de ellas tres tipos sentados hablando, con dos vasitos pequeños de helado en el centro cerca de los 30 años. Vacíos los vasitos, apilados con sendas cucharillas desde hace rato. Los ojos de impotencia de la dependienta, del dependiente cuando pedimos. No saben ya cómo decirles que por favor se vayan. Toda la tarde ahí. Con una consumición mínima, hemos puesto hasta un cartel en la puerta… -¿Se lo puedes decir tú, por favor? Me dice la camarera sofocada tras la mascarilla.

Salgo yo, que voy con tres personas más, con varios helados y varios cafés, dos de ellas ya en fuera obligadas, con la consumición de pie. Y les pregunto si serían tan amables de dejarnos la mesa, puesto que ya han acabado. La respuesta es no. No categórico. Dicen: -Que se vayan las de la mesa de al lado. Dicen sin girarse: tengo mi hora de salir y quiero estar en una terraza sin prisas. Digo: – ¿Y la solidaridad? Digo respeto por el pequeño comercio, digo empatía con nosotras, el café en la mano, digo todas esas cosas acerca de un futuro más amoroso en el que creímos durante el confinamiento. Y no escuchan.

Dice uno: -Voy a entrar a por un agua. Y entra y compra un agua y zarandeándola en el aire como un vaquero asesino de indígenas estetizado por el cine dice: -¡Solucionado!. -¿Solucionado, el qué…? ¿Tu egoísmo está más tranquilo? Digo yo. -Que se vayan ellas, dice él: -Yo tengo un agua. Las chicas de la mesa de al lado entran en el debate. -No es una competición acerca de quien aguanta más la mesa sin consumir, digo yo, ¿O sí…?

Mi amiga con el café se ha sentado ilegalmente en un rincón dentro de la heladería escondida con su mascarilla, el camarero y la camarera le dicen no te preocupes tómatelo ahí: -Da igual, me dice ella, -déjalo. Está tan azorada que temo que acabe derramando el café en su impoluta FPP2. El dependiente y la dependienta nos miran con impotencia, de la boca no sé nada. Yo sigo plantada delante de esos tres hombres jóvenes con músculos en los brazos y conciencia de clase alta.

Y entonces las seis chicas de entre 10-20 años acaban de un sorbo su consumición (también ridícula, una cocacola para seis) y dicen: -Nos vamos nosotras, por favor, sentaros. Y nos sentamos y decimos gracias, y nos lanzamos abrazos en el aire y una de ellas le lanza una misiva a los chicos egoístas que siguen ufanos en su atalaya solitaria, le dice algo que no alcanzo a entender pero está lleno de victoria colectiva y me enamoro de ella por lo que tiene de nosotras.

Sentimos que hemos forjado un vínculo de aprendizaje y respeto y que esta experiencia pertenece a la escuela de la vida también para las dos mujeres de once años que nos acompañan y que acostumbradas a la escolarización no acaban de entender la falta de educación de los tres tipos de los vasitos vacíos: -Al final es una cuestión de género. Digo. Y esto a ellos les insulta profundamente y dicen con sorna:-De degenerados. Exacto, decimos: -De degenerados con «o». Lección del día: juntas podemos, karma es karma. Fin de la conversación. Así están las terrazas a veces.

Este es el egoísmo que ha venido para quedarse, el odio que ya está aquí, ante el que no hay que amilanarse. Y tiene género y tiene edad y tiene clase social. Diez mujeres salimos reforzadas y de la lección aprendimos amor, cuidado mutuo y sororidad. Los tres tipos de los vasitos vacíos siguieron ocupando la mesa con su soberbia, su conversación y su vacío espiritual intactos. Le he dedicado demasiada atención a este detalle, pero llueve sobre mojado, los hombres que se saltaban el confinamiento sin perro ni gato tienen ahora pegado el culo a las terrazas y son insolentes y son maleducados. Cabe identificarlos.

12. Del aprendizaje de la no-necesidad a la autarquía como modelo de vida

Cuando salgamos no necesitaremos nada de lo que pretendan vendernos para recuperar la felicidad. Hemos de estar alerta. Hemos aprendido que la felicidad no depende de la cantidad de prendas que tengamos en el ropero ni del número de vehículos en el garaje. Hemos aprendido que por el contrario, cuanta más ropa y más vehículos tengamos en el garaje más riesgo de desequilibrar el Planeta existe y por lo tanto de volver a sufrir los efectos mundiales de una pandemia derivada de nuestro propio comportamiento irresponsable.

Deberemos afirmarnos en lo que hemos aprendido. La felicidad ha dependido de estar bien y que aquellas personas a quien amas estén bien, estar rodeada o mantener vínculos con personas amables a quienes les importas y te importan, ha dependido de comer saludable, de poder tomar el sol que entra por la ventana, de volver a jugar, de leer tus libros favoritos escuchar música, componer, crear, meditar, bailar, hacer ejercicio físico, dormir y despertar sin despertador, reír y limpiar imaginando, construyendo con la imaginación un mañana mejor.

(28 de mayo) No quiero añadir nada más a esto porque me parece perfecto y la desescalada nos ha puesto ya en una posición distópica desde la que es imposible escribir con autenticidad una receta similar.

13. Los aparatos ideológicos del supra-estado, hacia un modelo post-Althuseriano.

De los ocho aparatos ideológicos del estado (en adelante AIE) sobre los que Althuser teorizara, cinco están actualmente en increíble suspenso: religión, escuela, justicia, sindicatos y cultura tienen prohibida toda actividad. En su ausencia tres AIE recrecidos toman el poder: la política, la familia y los medios de comunicación de masas. Sin embargo, en pleno estado pandémico en el S. XXI a estos AIE advenedizos hay que sumarles tres AIE más cuya fuerza neonatal instiga al reto: el económico, el tecnológico y el científico (occidental).

(12 de mayo) El día 10 de mayo el Arzobispo de Valencia abrió la Iglesia a los fieles para que vieran la imagen de la Virgen desde la plaza. La justicia está suspendida. La religión está suspendida. En tiempos de la peste en Londres (1665) aunque los clérigos se fugaron los templos permanecieron abiertos para otros predicadores. La justicia y los magistrados de aquella época nunca cesaron en sus funciones, en las que la providencia divina jugaba en el imaginario colectivo un enorme papel en la lotería de la peste.

El Arzobispo ha sido criticado. Desde mi perspectiva su posición de sostenimiento de su rol es ejemplar y se queda corta. Durante la dominación del paradigma religioso la Iglesia Cristiana ejecutó a las mujeres sabias por disidentes, impuso leyes, normas y criterios hegemónicos por escrito a través del Malleus Malleficarum, las estigmatizó denominándolas brujas y las exterminó masivamente, a ellas y a su conocimiento adquirido dejando la medicina, especialmente la relacionada con la reproducción humana en manos de hombres que no habían visto en su vida una vagina o un embrión humano. Hizo lo mismo con quien defendía postulados científicos como Copérnico o Galileo sin que estos se alejaran un milímetro de sus convicciones.

La Religión en tanto que AIE debe de ser a la Ciencia lo que la Ciencia como AIE es la Religión. En los paradigmas de dominación patriarcales (el religioso antes y el científico -tecnológico ahora) ambos postulados son antagónicos, excluyentes e irreconciliables, el binarismo patriarcal Fe versus Ciencia no admite contaminación.

Si el ministro de la Fe decide abrir la puerta del templo para que las personas creyentes invoquen su poder sanador a través de la creencia debe hacerlo con todas sus consecuencias y sin medias tintas porque su cometido se debe a otro sistema de pensamiento pese a que se inserta actualmente en un sistema anempático con sus postulados.

Por su parte, si el Estado laico considera que esta actuación vulnera el estado de alarma basado en postulados económicos-científicos y tecnológicos, debe ejercer oportunamente las acciones legales que él mismo ha creado para evitar toda disidencia. Esto se llama coherencia. Incoherencia es esperar que en tiempos de Mozart se dejara de copular en los carnavales de Venezia a causa de la Sífilis, o que Copérnico afirmara que el sol giraba en torno a la tierra o que Galileo afirmara su planitud o que las mujeres sabias dejaran de asistir los partos o los abortos por el mero hecho de que esto les costara la vida.

(28 de mayo) La mezcla es la única vía de redención posible. La vida salvaje y desdestructurada nuestra única aliada. Dada nuestra incapacidad para relativizar el valor absoluto de cada paradigma humano autoimpuesto, a mayor estructuración sistémica, mayor hecatombe ecológica y social. Por eso esta existiendo el genocidio contra los pueblos ancianos y las naciones indígenas, porque son la única conexión con una verdad atávica ajena al androcentrismo exterminador.

14. La escuela innecesaria… ¿Sobra conocimiento en el planeta?

(18 de mayo, las terrazas ya han abierto. Hace dos días que leo «Diario del año de la peste» de Daniel Defoe) La educación. ¿Qué es en abstracto lo que entendemos, ya no por educación, sino por «sistema educativo»?

Objetivamente es un contrato social. Un contrato de confianza entre varias partes mediante el cual se distribuyen una serie de roles. Hay unas personas que saben y otras que no saben. La misión de las personas que saben es enseñar y la misión de las personas que no saben es obtener un certificado de lo que saben. Las personas que saben son capacitadas por el Estado para compartir este saber con las personas que no saben. Las personas que no saben son obligadas por el Estado a demostrar que tras un tiempo de instrucción han aprendido o en su defecto, memorizado los saberes que el Estado determina como saberes denominados oficiales y esta obligación es también un derecho universal protegido por la Ley. Los saberes oficiales que se imparten son materias concretas, decididas por el Estado. Los saberes oficiales cambian según el sesgo político del Estado y forman parte de un plan o de muchos planes cambiantes. Los métodos, los objetivos y los sistemas de evaluación también son fijos, excluyentes y cambiantes. (También he leído «El curioso incidente del perro a medianoche» de… )

Sigo. Las personas que saben han de pasar una serie de pruebas que el Estado determina para obtener el carnet de persona que sabe, lo que las acredita para formar parte del cuerpo oficial de personas que saben e imparten saberes oficiales, es decir: el cuerpo docente. Si eres una persona que sabe y no tienes esta acreditación puedes ser una persona sabia pero nunca serás una persona docente. 

Las pruebas para obtener el carnet de persona que sabe de forma oficial, no evalúan de forma prioritaria la eficiencia para compartir el saber, la motivación o la vocación docente son aspectos también muy secundarios. Saber saberes no oficiales es así mismo irrelevante. Las personas que saben oficialmente se hallan sometidas por un sistema burocrático cada vez más exigente con los méritos investigadores o con los reportes de calidad, lo que les deja poco espacio para concentrarse en la docencia como actividad principal.

El sistema educativo es pues es un enorme castillo de naipes basado en un contrato social, en el que ninguna de las personas involucradas tiene tiempo de reflexionar adecuadamente sobre el mismo, porque todas ellas se hallan bajo la presión constante y constantemente renovada de evaluar o ser evaluadas por una burocracia superior, como ratas en una noria que ellas mismas con un enorme esfuerzo diario hacen girar.

Sin embargo, durante el estado de alarma en la sociedad pandémica la credibilidad en el sistema educativo como garante de una educación de calidad universal se ha desmoronado por completo. La noria ahí, parada, quieta, prohibida y de repente, descubrir el pienso, la puerta de la jaula abierta, las macetas del balcón, las plantas de verdad, el sol que se nos negaba. El saber oficial se ha convertido en saber innecesario o al menos no esencial para la vida. Los sistemas de evaluación han dejado de funcionar puesto que se basan en los resultados y no en los procesos de aprendizaje, la rueda que alimentábamos nos entretenía, nos mareaba, nos impedía ver el mundo en toda su magnitud. Entonces ¿qué aprendíamos?

Muchas de las personas que obtuvieron su carnet de personas que saben de forma oficial han demostrado que en efecto su objetivo era obtener un carnet y un trabajo remunerado de por vida y que la docencia les importaba un pepino e incluso les importunaba. Sin embargo, muchas personas que obtuvieron el carnet como un mal menor necesario para ejercer con responsabilidad su vocación docente se han visto frenadas por el mismo sistema que las acreditó.

¿Cómo podemos entender que en un paradigma de orden científico-tecnológico el sistema educativo carezca de licencias y tecnología para implementar un home learning eficaz desde el minuto cero? ¿Cómo se puede entender que sigamos en un modelo de sistema educativo del XIX habiendo tenido todo el S.XX para llegar a un modelo de escuela del S. XXI basada en la responsabilidad y la pasión por el conocimiento, sin dogmas, sin fronteras?

¿Y que pasa con el alumnado? Quienes no dieron nunca demasiada credibilidad al sistema educativo han pasado de puntillas por el drama de su extinción viendo en esto la oportunidad de dedicarle a los juegos bélicos y las redes sociales toda la atención que merecían o incluso mucha más de la que son capaces de asimilar.

Sin embargo, las personas que se creyeron que el sistema educativo era la salvaguarda de su saber descubren de pronto que habitaron en una mentira (la que las sometía cada día a penosos deberes de copia pega y evaluaba con dieces el esfuerzo de saber lo que era obligado saber robándoles el derecho a crecer jugando y aprender jugando) o que la mentira sucede ahora cuando no es necesario demostrar ningún saber oficial para obtener un aprobado general o aún peor, cuando el saber oficial se ha declarado inútil para la vida y sus valedores han desaparecido de la realidad cotidiana, algunos porque el sistema no les deja ejercer como quisieran y otros porque jamás se comprometieron con la sagrada misión de la enseñanza y han desaparecido del mapa como si el sol del balcón se los hubiera tragado.

De esta falsedad no nos libraremos sin una profunda reflexión acerca de la enseñanza en la sociedad post-pandémica. Volver a la escuela no es volver con mascarillas y parabanes y geles y gorros en la cabeza. Volver a la escuela es hacer que la escuela sea útil para la vida. Es garantizar que los saberes que se imparten son esenciales, son comprometidos, son estimulantes y fortalecen los valores y los conocimientos de una generación que va a necesitar mucho valor, mucha creatividad, mucha desinhibición, muchísima humanidad y mucho pensamiento crítico para abordar el mundo que se les viene encima. Llegará un momento de sabiduría en que los humanos no necesitemos de los libros. Los libros serán abono para los árboles, lo dijo alguien.

15. Sin perspectiva antropológica, social y cultural ignoramos que nos comportamos igual que en la Edad Media.

Voy a realizar escuetos paralelismos

  1. El test: las gallinas ponen huevos negros
  2. El tratamiento: Las hogueras sí, las hogueras no
  3. La solución: confinarse por grupos pequeños
  4. Lo que vino durante y después: El amor universal y las rencillas
  5. La inmunidad: Los campesinos y la providencia

Quiero escribir esto antes de que acabe el tecno-confinamiento. 

Es tiempo de pensar en lo esencial. Es tiempo de pensar cómo y qué podemos ser útiles a la sociedad que nos rodea. Es tiempo de orientar nuestro saber y nuestra pasión al bien común esencial.

La curva en España comienza a aplanarse. En unos treinta días puede que podamos pisar el espacio público de nuevo, que la ley nos permita dejar poco a poco el confinamiento. Sin embargo, ya hay que empezar a pensar en qué clase de mundo queremos pisar y qué clase de huella queremos dejar.

16. La normalidad que conocimos era vomitiva y no regresará

Empezamos el año 2020 con Australia y el Amazonas en llamas, millones de muertos entre árboles y animales, con las comunidades indígenas amenazadas por el genocidio, el mar lleno de plástico y nuestras barrigas también, los animales tratados como proteína para consumo humano, encerrados en gigantes laboratorios de virus mutantes. El capitalismo campando a sus anchas haciendo a medio mundo esclavo del otro medio mundo esclavo, la riqueza asquerosamente mal repartida y los niños y las niñas orientados por el sistema a una idotización sin precedentes en un intento global de desactivar por completo su capacidad de pensamiento crítico natural.

(26 de marzo) Sí regresará. Y con más fuerza y con más saña. Y a esta fuerza y esta saña se añadirán protocolos para destrozarnos el epitelio con geles hidro-alcohólicos y el sistema inmune con corazas de papel prensado y poniendo puertas en el campo y en la playa: «No fue el menor de nuestros infortunios el de que, una vez hubo terminado la epidemia, no cesase el espíritu de rencillas y discordias, de difamación y de reproches, que antes había constituido el gran perturbador de la paz de la nación»(…) El gobierno recomendó a todo el país que hiciese lo posible por conseguir la paz entre familias y particulares. Esto, sin embargo, no se consiguió y sobre todo, después de que terminó la peste en Londres cuando cualquiera que hubiera visto la situación en la que se había encontrado la gente y la afabilidad con la que todo el mundo se trataba en aquella época prometiendo tener más caridad para el futuro y no promover más rencillas habría creído que por fin la gente iba a vivir unida en un espíritu nuevo. Pero  como decía, esto no fue posible. Las rencillas siguieron existiendo.» La cita es larga pero el texto merece la pena, es de Daniel Defoe, «Diario del año de la peste.» (pp361)

17. El ágora ha desaparecido

Lo que entendíamos por realidad social ha mutado. Las normas para relacionarse han mutado. Las expectativas nunca serán las mismas. La nostalgia que se apodera de nosotr@s cuando hacemos consciente lo que tardaremos en hacer una comida familiar, en abrazarnos, en viajar libremente por el planeta, en bailar con personas nuevas en una fiesta.

18. No estamos en una guerra…

Utilizar estos términos belicistas predispone a la población a someterse a un control social sin precedentes. Somos parte de la naturaleza. En tanto que parte de la naturaleza formamos holísticamente parte del problema y de la solución. El virus no es algo ajeno a nosotr@s que llega de fuera para exterminarnos. El virus es la humanidad misma ejerciendo sobre sí misma  la presión necesaria para evolucionar. No aceptarnos como parte del problema es eximir la responsabilidad de ser parte de la solución. 

19. ¿Cuánto tiempo tardaremos en volver a dar un beso con lengua en una noche de fiesta…?

*Si has leído hasta aquí mereces saber que gracias al Sperrs-Relation sabemos que después de morir Mozart en su ropero tenía: una casaca blanca de paño, una roja, una azul, una de color nanquín, una de satén marrón con calzones, un traje entero de paño negro, un gabán pardo, otro más ligero de paño, una casaca azul con piel, una Kiria con adornos de piel, 4 chalecos variados, 9 calzones, dos sombreros corrientes 3 pares de botas, 2 pares de zapatos, 9 pares de medias de seda, 9 camisas, 4 pañuelos de cuello de color blanco, un gorro de dormir, 18 pañuelos de bolsillo, 8 calzoncillos, 2 camisas de dormir y 5 pares de medias.

(22 de noviembre 2020) Y lo más importante, que no recuerdo haber escrito nada de esto, ni porqué le puse este título al post. La imagen me vino en un sueño confinado y se titula «La Autoridad».

Gracias por la resiliencia. Por estar y ser y seguir aquí.

TREMENTINA LUX

 

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