Quién soy y qué hago

Soy TREMENTINA LUX, soy artista plástica, teórica y práctica de la comunicación audiovisual y los estudios de género. Pinto, escribo, leo, locuto, diseño, fotografio, reflexiono y analizo. Todo esto, sobre todo, me hace evolucionar como profesional y como persona, me motiva y me divierte. Creo este contenido para ti, que me lees y para mí, que también me leo. Soy del mundo y vivo en Valencia.

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Redes Sociales:

mayorías silenciosas

El Twitter, las personas y las mayorías silenciosas

A mi me encantaría escribir guiones. Hacer que los personajes actúen las pasiones humanas. No novelarlos, sino entenderlos a través de lo que hacen y dicen, o no hacen y no dicen, en primera persona. Pero es dificilísimo. Por eso no uso el Twitter.

El Twitter es una manera fantástica de construirse como personaje. Pero mucha gente no se da cuenta de ello. Esto le ha pasado a Russian Red hace poquito. Y es que cuanto menor es el texto, (premisa de Twitter) mayor es el subtexto, es decir, aquello que no siempre deseamos mostrar bajo esos 140 caracteres: nuestro propio carácter, nuestra intencionalidad.

Llevo días pensando en una frase que alguien pegó en su muro de Facebook sacada del Twitter de Fabra. No recuerdo su nombre exacto, hay muchos Fabras por aquí, pero creo que es el presidente de la Generalitat Valenciana.

Lleva fecha del 14 de septiembre y decía así: “A pesar del ruido en la calle, existe una mayoría silenciosa. Durante este año, cada día 25 personas se han afiliado al PPCV”

Confieso que lo leí deprisa y que donde dice “mayoría”, memoricé “marea” y que fue este oximorón, “marea silenciosa” el que me hizo pensar en ello durante días.

Le encontraba mucho mérito y me parecía muy sorprendente que un político valenciano del siglo XXI, utilizara la retórica, algo que me retrotraía al mejor cine soviético.

La cuestión es que al volver a leerlo me llevé un chasco: decía mayoría. El análisis del subtexto ya estaba mentalmente hecho y bueno, aquí os lo dejo, como un ejercicio del cole, en honor a mis maestras de literatura del Luis Vives.

*Aquellas personas que tengan dificultades para leer un análisis de texto porque en lugar de disfrutarlo lo sufren, pueden pasar directamente al Epílogo añadido por cortesía, que es además desternillante.

ANALISIS DE TEXTO

El tweet presenta dos partes separadas por un punto. La primera de ellas plantea una antítesis, una oposición de dos términos separados por una coma. En la siguiente frase se plantea una proposición conclusiva.

La antítesis se formula entre : “ruido en la calle” versus “mayoría silenciosa” y lo hace desde el punto de vista del placer o el displacer que siente el enunciatario: “pese al ruido de la calle”; “pese”, de pesar, de pesado, de angustioso, “existe” luego es verdad, una mayoría silenciosa, un montón de gente calladita, la mayoría si está callada parece ser algo placentero, nada molesto, tranquilizador.

Imaginemos un partido de fútbol donde nadie gritara, o un concierto donde nadie coreara, o un teatro donde nadie aplaudiera, o un mercado ambulante donde nadie jaleara precios y mercancías. Donde la multitud, casi invisible de tanto inaudible no interfiriera en nuestros propósitos. ¿Cómodo, verdad?… O ¿terrorífico?

La frase convoca además cierta aspiracionalidad en quien la lee, si te preguntan: ¿Qué prefieres ser ruido en la calle o mayoría silenciosa? Contagiada por ese placer displacer de quien enuncia la frase y su poder mediático, es un pez gordo, probablemente muchas personas, unas 25 al día, se sintieran inclinadas a decir: -mayoría silenciosa, por supuesto.

Ahora bien. Veámos la definición de ruido que nos proporciona el DRAE: en su primera acepción se trata de: “Sonido inarticulado, por lo general desagradable”. Sigue con: “Litigio, pendencia, pleito, alboroto o discordia”. “Apariencia grande en las cosas que no tienen gran importancia”. “Repercusión pública de algún hecho”. Y “en semiología, interferencia que afecta a un proceso de comunicación”.

Si atendemos a la definición canónica nos quedamos con una idea bastante peyorativa del ruido: sonido inarticulado, desagradable, discordia, sin importancia y capaz de interferir y afectar al proceso de comunicación. Vaya, ¡qué horror!

Para desarticular esta forma de entender no sólo el ruido sino el mundo y en defensa de ambos citaré a John Cage: «Dondequiera que estemos lo que oímos es fundamentalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante» Silence. John Cage (1912-1992)

Así que bueno, parece ser que el ruido no está fuera, en la calle, sino en la mente poco formada de quien es incapaz de apreciar en él matices fascinantes. Es decir, el ruido puede entenderse desde esta perspectiva como una categoría conceptual situada en el interior de quien escucha.

A continuación, modificando la cualidad del ruido, está el sustantivo “calle” que no hace sino apellidarlo, hacerlo aún más insoportable. Según el DRAE la «calle» en una población es definida como: “la vía entre edificios o solares y el exterior urbano de los edificios.”

Atención porque ahora la cosa se pone interesante, en su sexta acepción “calle” es definida como: “El público en general, como conjunto no minoritario que opina, desea, reclama, etc.”

Con lo que el “ruido de la calle” podría referirse al ruido fascinante de un público no minoritario, que opina, desea y reclama bajo el balcón de la Generalitat Valenciana, en número de miles, a diario, y esto es un apunte contextual, circunstancial, del personaje.

Luego ya tenemos un subtexto, resulta que la antítesis: “ruido de la calle” versus “mayoría silenciosa” queda trastocada. En lo que no se dice parece haber sin embargo una consciencia clara de que el ruido emana de un público no minoritario, y esto pone en entredicho la mayoría a la que se opone, al menos en la frase, y la consecuente perturbación del enunciatario, su profunda incomodidad, incluso en ese afán de minimizar el riesgo, porqué no decirlo, su terror.

La minoría elidida en “calle” se oponía a “mayoría” como “ruido” a “silenciosa”. Ahora que ya sabemos que calle y mayoría son cuantitativamente similares, es decir, mayoritarias lo que las distingue es lo cualitativo: la calle es el suburbio, el espacio entre edificios y solares. Por el contrario la mayoría no se sabe donde está.

Presumiblemente en lugares amables, no intersticiales, no de tránsito, en casita, en las instituciones o trabajando. En silencio. Aunque es adelantar resultados, la frase conclusiva apunta la idea de que la mayoría son “personas”. Me pregunto en este sentido, en el marco de la antítesis excluyente, qué consideración le merece la fuente de la que emana el ruido de la calle: ¿animal o maquinal?

La otra gran cuestión del subtexto es el silencio. El orgullo expresado por este silencio. Si el ruido pesa el silencio alivia al enunciatario. Pero, ¿porqué iba una mayoría a ser silenciosa?

Noelle Neuman expresó en “La espiral del silencio” una idea que recojo. Las personas somos seres sociales y tenemos miedo al aislamiento, por ello cuando poseemos una opinión sobre algo intentamos identificar las ideas predominantes. Si nuestra opinión coincide con la de mayoría nos sumaremos a ellos y si no, caeremos en la espiral del silencio hasta que nuestra opinión cuente con una posición grupal suficientemente respaldada, entonces si no hemos perdido la convicción por el camino, nos atreveremos a defenderla. Por eso es vital para el poder establecido que los medios de comunicación trabajen forjando opiniones públicas que les sean favorables, y dinamitando la educación y la disensión, esta demostrado que a medio plazo esta es una gran forma de control social.

La perversa cuestión que plantea el enunciado es entonces: ¿por qué la mayoría, si es mayoría, es silenciosa? El silencio puede ser gratificante, tranquilizador para el enunciatario, pero ¿lo es para quien lo guarda? Veámos la clarificadora definición del silencio: “Abstención de hablar. Falta de ruido. Falta u omisión de algo por escrito. Pasividad de la Administración… Toque militar que ordena el silencio. Pausa musical…”

El silencio en occidente se ordena. El silencio es pasividad, es falta, es omisión. Guardan silencio los muertos y los presos, las monjas de clausura y los bosques quemados. Una mayoría que guarda silencio ¿lo guarda por miedo? ¿por contricción? ¿por verguenza? Y esto, ¿es como para ufanarse?

En defensa del silencio tal vez el enunciatario practica el Zen y se refiere a esto: “La parsimonia de las frases de las personas más avanzadas que practican el Zen refleja un hecho neurofisiológico básico: el impulso de charlar simplemente desaparece. Cuando se experimenta, el mundo se convierte en el modo de operar, la experiencia sustituye el hablar de ello insustancialmente.”

Es decir, -mientras unos hacen ruido, hablan o escriben, otros actúan.

Y para finalizar está la gradación que el Tweet establece. Que es donde se expresa la posibilidad que una persona de este país tiene de ser respetado, respetada, entendido, entendida, escuchado y escuchada como tal, como persona, sin privilegios.

Para el enunciatario esta gradación comienza de menos a más y se inicia con una metonimia: “el ruido de la calle”. La persona como sujeto es elidida y tomada por el ruido desagradable que produce. La persona (desagradable) no existe.

El segundo estadio lo constituye la “mayoría silenciosa” otra figura retórica en que la persona no posee cualidades individuales y es sustituida por el grupo al que pertenece y la observancia de una actitud pasiva. Aquí la persona existe sólo como colectividad desactivada: el silencio no parece ser peligroso.

El tercer estadio lo constituyen al fin 25 personas al día. Personas activas. Ahora sí, personas que pagan una cuota económica para que sus deseos no sean interpretados como ruido. Me pregunto cómo se llegará a gozar según esta escala de individualidad, nombre, apellidos y privilegios.

El caso es que un discreto análisis textual del Tweet puede llevarnos a conjeturar que todos conocemos a muchas personas que desearían ser escuchadas, tantas como razones tienen a miles quienes a diario jalean entre necesitados e indignados el balcón presidencial. Y que esta aspiración legítima, dejar de ser considerado ruido y ser escuchado, dignificado como persona, podría ser una buena razón para afiliarse. Como también lo es para negarse a ello, incluso para avergonzarse de hacerlo, a sabiendas de que el resto se queda en la calle, a la luna de Valencia.

El bien individual enfrentado al bien común, esa vieja tragedia humana.

La cuestión es que esta antítesis con un tono entre aterrado y triunfalista, no es la figura retórica que un presidente responsable y capaz debería utilizar para hablar con respeto de las personas, todas las personas, a las que se supone que se debe, como gobernante, sean o no afines a su ideología. Porque de lo que habla el tweet, sobre todo, es del trágico estado de salud de su conciencia democrática. Llamadme ingenua, pero es algo que no está claro que como empleado a sueldo, se le deba permitir.

«Dondequiera que estemos lo que oímos es fundamentalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante»

EPÍLOGO DE CORTESÍA

El subtexto del tweet analizado, es decir «el iceberg de lo no-dicho» del que hablaba Hemingway, podría dar lugar a un hilarante diálogo como el de este fragmento de Borat. En lo que atañe especialmente al pelo como ruido, a las categorías y a los consejos finales. Feliz visionado y si no entendéis la relación, pues entonces, a por el análisis.

TREMENTINA LUX

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