{"id":85,"date":"2010-08-26T23:50:40","date_gmt":"2010-08-26T23:50:40","guid":{"rendered":"http:\/\/trementinalux.com\/Blog\/?p=85"},"modified":"2014-02-08T09:58:21","modified_gmt":"2014-02-08T09:58:21","slug":"tutto-e-niente-sicilia-niente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trementinalux.com\/Blog\/tutto-e-niente-sicilia-niente\/","title":{"rendered":"TUTTO E NIENTE. SICILIA NIENTE"},"content":{"rendered":"<p><strong>Es el camino que lleva al final. Al cementerio.<\/strong> All\u00ed indica parcheggio, dice catacumba dei Cappuccini. El calor podr\u00eda derretir a los muertos, solo aqu\u00ed podr\u00eda darse esto, la exhibici\u00f3n de los cuerpos sin que la muerte los separe. El sol. Fiori, leo, en un toldo verde. Cierro los ojos. As\u00ed es como escribo, como veo, a esa hora, las cuatro de la tarde, agosto, Palermo. Aparco. Ese hombre, que no estaba, est\u00e1 cuando abro los ojos, me echa su aliento por la ventanilla pide dos euros, no s\u00e9 de donde ha salido, le doy uno, me se\u00f1ala los ojos, tengo dos, dice, para ver la m\u00e1quina y yo no puedo mirarlo entero, tanto rato, es la fotofobia.<\/p>\n<p>Camino, el suelo de piedra, irregular, la entrada, sombra, es confuso, me gu\u00eda la indolencia. Dos, delante de m\u00ed, dos. Son salobres, el sexo los ha bronceado, italianos, hacen turismo de interior, vienen a conocerse hondo, se untan en la cola subrepticiamente, por debajo de la mesa de las limosnas. Est\u00e1n goz\u00e1ndose frente al capuchino que con su h\u00e1bito blanco cobra por los muertos, por su mostraci\u00f3n. Los vivos tambi\u00e9n se exhiben, los miro, miro su lubricidad ajena al camino que lleva al final.<\/p>\n<p><strong>Entro tras ellos, esos dos, hombre \u00e9l, mujer ella, muy convertidos en eso, en su genitalidad.<\/strong> A \u00e9l lo llamaremos Lorenzano a ella Rosamunda. Sus manos oscilan en las caderas del otro, en la espalda, resbalan por las v\u00edas de sal que el J\u00f3nico abri\u00f3 en sus venas, sus risas inundan el eco de la gruta encalada, bajando, bajando, \u00bfTi piace?<\/p>\n<p>El calor ha cedido dentro, en las profundidades sin aire, la luz ya no es as\u00ed, cegadora. Abro los ojos, veo mejor, poco a poco, hay escaleras, luz blanca de ne\u00f3n endeble, se acostumbra la pupila y el o\u00eddo a la sordina y la penumbra, razones de la duda que procuran paz.<\/p>\n<p>No fotos, leo esto en un cartel. Y entonces, la imagen: todos esos cad\u00e1veres palermitanos, ah\u00ed, clavados en las paredes con sus cr\u00e1neos torcidos por el clavo. Son muchos, dicen, m\u00e1s de ocho mil. Est\u00e1n secos, abiertas y oscuras sus cuencas orbitarias y sus bocas, como se abren las ventanas en las noches de verano. Mir\u00e1ndote y habl\u00e1ndote como te miran los vecinos desde ese otro mundo privado, secreto, en lo alto, mundo intestino al que no puedes acceder.<\/p>\n<p><strong>Est\u00e1n vestidos, eso queda, sus harapos de terciopelo, de raso, de organza, de rica seda.<\/strong> En sus manos guantes, en sus dedos no hay dedos sino amasijos de cordel. En sus tripas esparto, seres enrollados en la ropa que constri\u00f1e y sujeta su esqueleto algo ondulado por la rabia, rabia de morir.<\/p>\n<p>Se ondulan todos an\u00e1rquicamente, un pie cae sobre un cad\u00e1ver, un cad\u00e1ver sobre otro, no se tocan, bailan su baile de noche y al alba, posan de nuevo, quietos, quietos, quietos, atrapados en su lo que fueron, en la ropa con la que los amortajaron. Pienso en ello, en el pantal\u00f3n ce\u00f1ido que Lorenzano lleva esta tarde, en el bikini que Rosamunda se pondr\u00e1 ma\u00f1ana, tan guapa en la spiaggia de Sampieri, tal vez sea su mortaja. Miro eso que veo, los miles de muertos momificados ah\u00ed, obscenos, en Palermo. Miro sin creer. Verlo creyendo no es posible. Solo es posible la abstracci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay tantos como vivos en un concierto, como vivos en una playa siciliana, como vivos en las calles adoquinadas, en las tiendas de souvenirs, en la barra de los festivales, en la cola de las entradas, en las piscinas, en la agenda del movil, hay tantos\u2026<\/p>\n<p><strong>Rosamunda est\u00e1 lamiendo un gelato en la secci\u00f3n de hombres. <\/strong>Lo mordisquea mirando a Lorenzano que la mordisquea a ella. Y se siente el hambre, un alarido quieto de hambre entre las tumbas. Yo, que los sigo de lejos, siento en los tobillos un remolino de humedad que agita los anaqueles y se les acerca, un ascenso polvoriento de miasmas que anhela posesi\u00f3n, y se escucha algo, un sollozo largo, quiz\u00e1s a los beb\u00e9s corruptos envidiar esa lengua, carnosa a\u00fan, que lame la gota que se derrite. Pero es la carne lo que quieren, de lo que tienen hambre, una horrible envidia de la carne de Rosamunda, pulida, bronceada, prieta, h\u00fameda, joven, de su lengua y de sus globos oculares, brillantes y sagaces, a\u00fan en movimiento.<\/p>\n<p>Lorenzano y Rosamunda van desencajando bocas a su paso, pisan las losas con su alegr\u00eda informe, atraviesan la secci\u00f3n de los profesionales, la de los sacerdotes, la de los infantes. Llegan entonces ah\u00ed, a la secci\u00f3n de las v\u00edrgenes. Y se paran, en el centro, arrimados a la reja. Vergine, dice \u00e9l, jocoso, incr\u00e9dulo. Callan por un instante, ella da un paso hacia delante, asoma la cabeza entre los barrotes, aspira, las observa y le devuelve una mueca a Lorenzano. Ah\u00ed, estupefactas, colgadas y rid\u00edculas est\u00e1n en ese altar inmundo mujeres de anta\u00f1o carne que no conocieron carne. Muertas con el himen intacto, clavadas con sus respetables vestidos blancos de organza y sus diademas de n\u00e1car, con ese letrero imp\u00fadico que las taxonomiza, vergine.<\/p>\n<p><strong>Lorenzano repite, vergine, susurra, vergine&#8230;<\/strong> Con malicia su mano se desliza por el lomo de Rosamunda, por debajo de la minifalda, busc\u00e1ndole la organza y debe de encontrarla, porque Rosamunda gime, cierra los ojos, introduce m\u00e1s y m\u00e1s las mejillas entre los barrotes y se abandona, ondula su cuello, como clavada de placer en esa sala. Inmortal. Y ellas, las v\u00edrgenes, la miran, no sabr\u00eda decir como, pero la miran, v\u00edctimas de su carne vac\u00eda, de sus pechos de esparto y su vagina de cuerda, apretadas al fin por los dedos diestros del embalsamador. S\u00ed, la miran, y me voy, es el precio de la mirada.<\/p>\n<p>Fuera el capuchino recoge los souvenirs, guarda hasta ma\u00f1ana las fotos autorizadas de lo que hay dentro, de la nada. Abulta tanto la nada ah\u00ed\u2026Cierran. Les pido fuego, a Rosamunda, a Lorenzano, en el parcheggio, al sol que se apoya sobre nosotros. Ella se busca el mechero en la cintura, entre la falda y la piel, no lleva bolsillos, no lo encuentra, se toca la pelvis, se toca, se toca m\u00e1s, cae arena al suelo, tambi\u00e9n cal, tambi\u00e9n deseo. Lorenzano sonr\u00ede y en su mano juguetea el fuego, vergine, me dice, vergine, me susurra y me ofrece la vasta llama, todav\u00eda caliente, s\u00ed.<\/p>\n<p><strong>Solo quien no conoce la muerte puede perder el tiempo buscando la decepci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>SICILIA 2010<br \/>\nTREMENTINA LUX<\/strong><br \/>\n<strong>Continua leyendo sobre Sicilia en \u00abTutto. Siclia Uno\u00bb<\/strong> <a href=\"http:\/\/trementinalux.com\/Blog\/tutto-sicilia-uno\/\" title=\"TUTTO. SICILIA UNO\">AQUI<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es el camino que lleva al final. Al cementerio. All\u00ed indica parcheggio, dice catacumba dei Cappuccini. El calor podr\u00eda derretir a los muertos, solo aqu\u00ed podr\u00eda darse esto, la exhibici\u00f3n de los cuerpos sin que la muerte los separe. El sol. Fiori, leo, en un toldo verde. Cierro los ojos. 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