{"id":589,"date":"2009-01-09T11:16:08","date_gmt":"2009-01-09T11:16:08","guid":{"rendered":"http:\/\/trementinalux.com\/Blog\/?p=589"},"modified":"2011-04-29T11:16:31","modified_gmt":"2011-04-29T11:16:31","slug":"viajes-breves-y-otros-viajes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trementinalux.com\/Blog\/viajes-breves-y-otros-viajes\/","title":{"rendered":"VIAJES BREVES Y OTROS VIAJES"},"content":{"rendered":"<p>30 de diciembre 2008<br \/>\nAdela y su marido tienen una furgoneta. En realidad es de \u00e9l. Adela la odia, pero nunca se lo ha dicho. Adela querr\u00eda tener otro coche, un utilitario peque\u00f1o con el que poder hacer cosas, tal vez grandes, en su vida. Ellos tienen un ni\u00f1o y diecisiete a\u00f1os de vida en com\u00fan, de los cuales han pasado tres subidos a esos asientos altos y algo inc\u00f3modos de la furgoneta gris. No sabemos mucho m\u00e1s. Sabemos que Adela, esa ma\u00f1ana, la del 31 de diciembre quiso ir a la capital y le fastidi\u00f3 coger la furgo, con la tapicer\u00eda envuelta en una bruma de polvo de yeso y moquetas sucias en los asientos traseros.<\/p>\n<p>1 de enero de 2009<br \/>\nLangenhagen, Hannover. Mika y Anna Lenna han madrugado y salen muy pronto de su casa mientras todos duermen. Hace fr\u00edo, mucho, nada m\u00e1s salir juegan a tirar vaho por sus bocas, como si fumaran, y se r\u00eden. Llevan gafas de sol y se dirigen con sus maletas a la estaci\u00f3n m\u00e1s cercana. Han cogido sus ba\u00f1adores, quieren casarse bajo el sol y pasar la luna de miel en \u00c1frica. Caminan durante una hora edulcorados por la ilusi\u00f3n. Podemos imaginar que el camino est\u00e1 nevado y aunque tratamos de escuchar sus voces no entendemos de que hablan durante el trayecto, pero son felices, es un gran inicio. Suben al tranv\u00eda que les acerca a la estaci\u00f3n central de tren y all\u00ed, antes de poder llegar al aeropuerto su conducta levanta las sospechas de los revisores. Mika y Anna Lenna son detenidos, con cari\u00f1o, imaginamos, y conducidos de nuevo a su dulce hogar. Mika tiene 6 a\u00f1os, Anna Lenna 5.<\/p>\n<p>5 de enero de 2009<br \/>\nSuena el m\u00f3vil, estamos llegando a Valencia. Oscar se alegra de hablar con Pedro, atravesamos un t\u00fanel, el de la estaci\u00f3n del Cabanyal, no escuchamos lo que dice. Sabemos que ahora vive con sus padres en la capital. Sin que sea alarmante parece no ser habitual. Oscar lleva una mochila y ropa de trabajo, parece un yesaire. La conversaci\u00f3n se entrecorta por el sonido grutesco del subterr\u00e1neo. Le habla de ella, primero afirma t\u00edmidamente: -no estamos bien, s\u00ed t\u00edo\u2026 Luego se atreve un poco m\u00e1s, con iron\u00eda: -he tenido un \u201cbuen\u201d regalo de navidad\u2026 al fin le dice: -s\u00ed, el d\u00eda 31, lo dice con sorna, como debi\u00f3 de dec\u00edrselo ella, a\u00f1o nuevo, vida nueva\u2026 Dice: -yo estaba bien, no pensaba que estuvi\u00e9ramos tan mal, pero ella\u2026 al parecer ella no pensaba lo mismo, fue a coger la furgoneta y ah\u00ed sali\u00f3 todo. Diecisiete, se oye que llevaban diecisiete a\u00f1os juntos. A Oscar no se le nota demasiado afectado, s\u00ed contrariado, pero no parece, pese a todo, nada grave. Tal vez es porque habla con otro hombre y no muestra sus sentimientos, tal vez simplemente es porque como dice, no se lo cree, porque: -estoy esperando que me diga algo definitivo.<\/p>\n<p>6 de enero de 2009<br \/>\nSam abre el regalo con una contagiosa histeria. Es un paquete mucho m\u00e1s alto que \u00e9l, apenas puede manejarlo. El a\u00f1o pasado su madre le abr\u00eda los regalos. \u00c9l, disfrutaba m\u00e1s de los montones de papeles y cintas de color bajo los que se enterraba para desaparecer. Lo abre, s\u00ed, ya lo ha abierto, ha rasgado el papel con su nombre, -Sam, le ha dicho ella, -es para t\u00ed. Sam no sabe leer a\u00fan. La caja tiene dos ventanas de celof\u00e1n  por las que se transparenta un tren. Es un tren de vapor, bueno, en realidad es de pl\u00e1stico y va a pilas. La m\u00e1quina es azul y tiene dos vagones cromados, uno de falso carb\u00f3n y otro vac\u00edo, de mercanc\u00edas. Este vag\u00f3n abierto a la imaginaci\u00f3n es el que Sam ir\u00e1 rellenando con poliesp\u00e1n, fresas y restos de turr\u00f3n, aleatoriamente. Las v\u00edas montadas forman un c\u00edrculo que los adultos atraviesan para llevar las copas de cava a la cocina y despedirse, porque est\u00e1 justo a la entrada, en el recibidor. Sam ha aprendido a apretar el bot\u00f3n del mando a distancia, hace sonar un villancico y acelera en las curvas, \u00e9l baila y pide a los adultos que encarrilen de nuevo el tren cada vez que, siervo de su histeria infantil, \u00e9ste descarrila. Todos aborrecen al final del d\u00eda el villancico y sortean las v\u00edas ya con los ojos cerrados, aunque con una sonrisa.<\/p>\n<p>8 de enero de 2009<br \/>\n8:20  de la ma\u00f1ana. Llego tarde al tren. Corro para cogerlo. He so\u00f1ado con osos polares disecados y aves migratorias, eso me hace pensar que tal vez no debiera correr para coger ning\u00fan tren, y cuando me subo, en el momento en que me agarro con fuerza a la maneta cromada pienso: -una nunca sabe si se corre para coger el tren de la muerte y si m\u00e1s valdr\u00eda dejarlo pasar, sin tanto af\u00e1n por subirse, sin que subirse sea motivo de alivio, a fin de cuentas, \u00bfqu\u00e9 importa llegar tarde a los sitios?.<\/p>\n<p>Recorro los vagones por dentro. Est\u00e1n llenos de gente y llego as\u00ed hasta el primero. Los intersticios entre vagones se mueven mucho, el suelo de acero es inestable y en ellos duele el exterior, estamos a 2\u00ba. Me siento, a\u00fan no leo. \u201cDeath and the Maiden\u201d de Schubert  suena en el hilo musical. Pienso, miro por la ventanilla pero en realidad estoy visualizando las l\u00e1pidas de Marguerite Duras y Beckett, hay una pulsi\u00f3n po\u00e9tica algo oscura en el d\u00eda de hoy, sin que pueda identificar su procedencia.<\/p>\n<p>Atravesamos el t\u00fanel del Cabanyal, hacia la Malvarrosa. El tren de pronto suena, est\u00e1 pitando, pita cada vez con m\u00e1s insistencia y al final es un sonido constante, como de alarma. El cuarteto de Schubert  sigue sonando en el hilo musical. Sigue sonando incluso cuando el tren impacta con algo. Algo muy contundente que se quiebra ha chocado contra la m\u00e1quina. Lo que sea se fractura y el impacto se reparte por todo el vag\u00f3n, por delante, a los lados, haciendo tambalear por un instante la dudosa seguridad del monstruo. Y suena sordo, toc, toc, como un madero descomunal que se hubiera partido en dos, o en tres, no lo se. El tren frena, en seco y para. El tren se para, en la nada y la nada tiene vallas muy altas por donde ning\u00fan ser humano en su sano juicio pasar\u00eda. Pienso, empiezo a pensar que a un madero no se le avisa. No quiero pensar, aunque lo cierto es que la certeza se asoma a las alquer\u00edas blancas. La playa est\u00e1 ah\u00ed, inmutable, las hormigoneras hacen su camino a lo lejos, el d\u00eda levanta la penumbra de la noche, la temperatura en el interior es constante y los violines siguen a lo suyo.<\/p>\n<p>La prensa no ha dicho nada. Lo dijo el revisor, a las 8:45: &#8211; una persona se ha arrojado a las v\u00edas. Nunca hab\u00eda imaginado cual ser\u00eda el sonido de un cuerpo humano golpeando un tren de cercan\u00edas. Al parecer todos nosotros, los viajeros, pasamos aquella ma\u00f1ana por encima de su cad\u00e1ver, formamos parte del arma que asesta el golpe. Todo el tren lo hizo. Cuando el maquinista sali\u00f3 de la cabina sus pupilas estaban fijas en el cruce de las v\u00edas, en el \u00fanico punto, el de la inevitabilidad, que no podr\u00e1 dejar de ver durante toda su vida. Los dem\u00e1s no vimos nada, protegidos, preservados, aislados, desinformados de la tragedia, ajenos a ella, en ese demonio encarrilado en un c\u00edrculo perfecto. Y no sabemos nada, no conocemos la historia, ni el desenlace, ni los nombres, ni los porqu\u00e9s. Tan s\u00f3lo llegamos tarde a nuestra cita, y Schubert, como un villancico macabro, sigui\u00f3 sonando apaciblemente el resto del viaje, inhumanamente, dir\u00eda yo, hasta el final.<\/p>\n<p>TREMENTINA LUX<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>30 de diciembre 2008 Adela y su marido tienen una furgoneta. En realidad es de \u00e9l. Adela la odia, pero nunca se lo ha dicho. Adela querr\u00eda tener otro coche, un utilitario peque\u00f1o con el que poder hacer cosas, tal vez grandes, en su vida. 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