{"id":2137,"date":"2013-02-22T12:43:56","date_gmt":"2013-02-22T12:43:56","guid":{"rendered":"http:\/\/trementinalux.com\/Blog\/?p=2137"},"modified":"2019-03-25T13:59:54","modified_gmt":"2019-03-25T13:59:54","slug":"el-muso-la-musa-y-el-postre-de-chocolate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trementinalux.com\/Blog\/el-muso-la-musa-y-el-postre-de-chocolate\/","title":{"rendered":"El muso, la musa y el postre de chocolate*"},"content":{"rendered":"<p><em>\u201cDos personas se conocen, dos artistas. Conectan. ELLA le dice a \u00c9L: \u2013Aspiro a inspirarte. \u00c9L le dice a ELLA: \u2013Ya lo haces. Al despedirse, ELLA le dice en tono de confesi\u00f3n: \u2013En realidad eres mi muso. \u2013Me gusta. Dice \u00c9L: \u2013Suena a postre de chocolate.\u201d<\/em><\/p>\n<p><strong>El arte y la inspiraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Cuando un mortal crea algo que le transciende, eso que sale es incontrolable. Esto es as\u00ed, aunque se controle la t\u00e9cnica, y el discurso y las formas. Lo que sale se emancipa de quien lo ha creado. Si esa autonom\u00eda de la obra es inc\u00f3moda, a\u00fan lo es m\u00e1s el hecho de que la obra pueda decidir no salir nunca al exterior. A eso que puede salir o no, tan fr\u00e1gil, lo llamamos arte.<\/p>\n<p>La inspiraci\u00f3n es el nombre que le damos al catalizador que permite a una persona cambiar de estado, licuarse, mezclarse con lo que hace y crear arte para los dem\u00e1s. El arte como energ\u00eda que conmueve y nos conecta.<br \/>\nDigamos que si inspiraci\u00f3n y talento no copulan la ausencia de arte puede producir la muerte del mundo, como dec\u00eda Hesiodo. De todo aquello por lo que merece la pena vivir, de nuestra propia humanidad. <\/p>\n<p>De este linde entre la pulsi\u00f3n de vida y la pulsi\u00f3n de muerte es de donde nace el arte. Y no tiene explicaci\u00f3n alguna. Y produce terror no saber c\u00f3mo alguien se adentra en el Hades, como Orfeo, y regresa vivo para contarlo. Y sobre todo cual es la llave que permite a un mortal abrir y cerrar ese paso entre monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Por eso lo m\u00e1s parecido para explicar a este proceso vibrador, pasional, ingobernable y profano, es decir: est\u00e1 enamorado.<\/p>\n<p><strong>La musa como partenaire art\u00edstica<\/strong><\/p>\n<p>La \u201cmusa\u201d es un juguete del entendimiento. Un instrumento de violencia simb\u00f3lica dulce, innegable y eficaz. Que las musas existen es obvio, haberlas, haylas. Y existen porque inspirar a quien se admira puede ser no solo excepcional, sino org\u00e1smico para la propia personalidad. Mientras no la destruya.<\/p>\n<p>La \u201cmusa\u201d es un estereotipo que desactiva socialmente el poder creador de la mujer concreta. Y la estruja y la exprime a ella y a su talento, sin posibilidad de otro reconocimiento que \u00e9ste, hasta sus \u00faltimas consecuencias. <\/p>\n<p>A lo largo de la historia del arte occidental, la musa seria no es una inspiradora puntual sino profesional. Posee cierta belleza, talento, inteligencia, fortaleza interior, paciencia y sensibilidad. En muchas ocasiones la musa es musa y artista en ciernes, hasta que deja de ser ambas cosas y fenece en la vindicaci\u00f3n o el maridaje. Pero sobre todo la musa ama el arte y al artista que lo produce a trav\u00e9s de \u00e9l, espejo en el que por ende ella se reconoce.<\/p>\n<p>Escapar de este rol categ\u00f3rico que tanto placer y displacer produce es para las mujeres reales, artistas generalmente hipotecadas, un esfuerzo sobrehumano, infinito, sis\u00edfico, que ha llevado a muchas de ellas a suicidarse en su vida y en su arte, es decir, a renunciar a su vida y a su carrera por humedecer el barro de otro creador. Es el caso de Elizabeth Siddal, Jeanne H\u00e9buterne o m\u00e1s sangrantemente, Alma Mahler a quien su marido ten\u00eda prohibido componer, y Camille Claudel,  una de las parejas de Rodin. <\/p>\n<p>Las hijas de Mnem\u00f3sine, la memoria, partenaires art\u00edsticas de grandes o peque\u00f1os hombres de carne y hueso, siempre y sin excepci\u00f3n son traicionadas por la memoria oficial que las presenta al mundo, pese a todo, como musas terrenales, meras herramientas al servicio de la estimulaci\u00f3n del imaginario del otro. <\/p>\n<p>Ese es el papel al que puede aspirar en la construcci\u00f3n social de la realidad, siempre que el otro no usurpe en vida la autor\u00eda de sus obras, como fuera el caso de Luc\u00eda Moholy, o que sus obras se desvanezcan misteriosamente tras su muerte como sucediera con las de Marianne von Werefkin y Artemisia Gentileschi, que inspirada por el odio utiliz\u00f3 el arte como terapia y venganza triunfal, pero eso es otra historia.<\/p>\n<p>Las musas terrenales se han convertido as\u00ed, cuando su presencia no era en exceso perturbadora, en objetos pretextuales para un arte creado desde la mirada masculina  y dirigido a satisfacer, fundamentalmente, el goce esc\u00f3pico de otros hombres. Es decir, a complacer al menos a unos pocos aldeanos.<\/p>\n<p>Es el caso de Simonetta Vespucci, musa oficial no s\u00f3lo de Boticelli sino de buena parte del renacimiento italiano, de las amantes-mujeres de Picasso, Marie-Th\u00e9r\u00e8se Walter, Dora Maar, Olga Koklova, de Mar\u00eda Teresa L\u00f3pez, la \u201cmujer morena\u201d, de Antoinette von Wattenwyl, la primera esposa de Balthus, ese pintor religioso de ni\u00f1as puras, de Lee Miller, de Emilie Fl\u00f6ge, Adele Bloch-Bauer o Mizzi Zimmermann, habituales m\u00e1s o menos plat\u00f3nicas de Klimt. Ya lo dec\u00edan las Guerrilla Girls, \u00bfpor qu\u00e9 la mayor\u00eda de las mujeres en los museos est\u00e1n desnudas?<\/p>\n<p>En este c\u00edrculo vicioso la idea de la \u201cmusa\u201d aglutina todos esos atributos que la hacen misteriosa, inalcanzable, tel\u00farica, inexplicable, como el mismo acto creador. A mitad camino entre la diosa, la virgen, la madre y la mujer fatal, la musa re\u00fane todos los estereotipos de la feminidad en uno. Y produce en la misma medida miedo y fascinaci\u00f3n. Sobre todo cuando no es et\u00e9rea, ni pasiva, como Simonetta o las prostitutas de Baudelaire, sino que est\u00e1 encarnada en una peligrosa artista que ama y es amada.<\/p>\n<p>En una palabra: la musa terrenal es sobre todo socialmente temida. Y sobre ella se deposita el odio, la envidia y los celos de un p\u00fablico y unos colegas de profesi\u00f3n siempre excluidos de esa comuni\u00f3n. Voyeurs impotentes del resultado del delirio privado, m\u00edstico y aur\u00e1tico que se produce en la presunta c\u00f3pula triangular entre el arte, la musa y el artista inspirado. <\/p>\n<p>Por eso los bi\u00f3grafos suelen exhibir abiertamente toda su misoginia degradando a la musa. Raro es que las musas terrenales reciban muestras de agradecimiento.<\/p>\n<p><strong>El muso como artista y a veces, partenaire<\/strong><\/p>\n<p>Yo soy mujer, pinto, y creo en los musos de carne y hueso. Son hombres capaces de crear y estimular la creaci\u00f3n ajena. Son inspiradores, ellos y su arte, o la mezcla real de ambos. En esto entra Eros. Pero hist\u00f3ricamente los musos no existen y quiz\u00e1s por ello, porque no saben c\u00f3mo comportarse, siempre est\u00e1n m\u00e1s a la altura de un postre de chocolate que de su hom\u00f3nima, la musa. <\/p>\n<p>Las musas suelen alimentar, apoyar, animar. Los musos suelen aparecer y desaparecer. Incluso suelen comprometer la existencia de la artista. El arte que de esto se deriva nace ligado a la necesidad de entenderse a una misma, ser\u00eda el caso de los diarios in\u00e9ditos de Ad\u00e8le Hugo, o de satisfacer de nuevo el goce masculino, de mantener el v\u00ednculo con el muso, que va y viene a placer import\u00e1ndole un pepino el bienestar mental de la artista y el desarrollo de su arte. <\/p>\n<p>As\u00ed le pas\u00f3 a Scherezade durante mil y una noches, a \u202aKaren Blixen\u202c con el cazador Denys Finch Hatton en \u00c1frica, a Dominique Aury mientras escrib\u00eda \u201cHistoria de O\u201d, a Marina Tsvietaieva carta tras carta a Rainer Maria Rilke, a Frida Kahlo cuando intentaba llamar la atenci\u00f3n de Diego el sapo, incluso a \u201cIrma la Douce\u201d cuando estimulaba a golpe de relato la impotente imaginaci\u00f3n de Lord X. Es decir, que tiene bastante que ver con el sadismo y el masoquismo, con la presencia y la ausencia, con el abandono y la completud, con lo que somos y con lo que nos falta. Con el sexo y la muerte.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se puede inferir un poco tramposamente que a lo largo de la historia el muso es como un padre esquivo, cari\u00f1oso pero con cosas m\u00e1s importantes qu\u00e9 hacer, y la musa como una madre-amante atenta. V\u00ednculo de apego ambivalente frente a v\u00ednculo de apego seguro. <\/p>\n<p><strong>Y entonces el arte, \u00bfqu\u00e9 pinta aqu\u00ed?<\/strong><\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es que el arte en este tipo de relaciones se convierte en un objeto m\u00e1gico que propicia el encuentro. Las obras nacidas al albor de este entusiasmo son elementos rituales arrojados a la arena de la batalla afectivo-creativa. Fetiches intelectuales que conducen a un cl\u00edmax pseudo-sexual en medio del fragor de un combate mortal y amoroso en el que la incertidumbre, la sugerencia, el desasosiego y el \u00e9xtasis siempre est\u00e1n presentes. <\/p>\n<p>El arte es la forma en la que se comunican los artistas que se aman en \u00e9l. Aparecen para el otro-la otra en el arte, se piensan en \u00e9l, se satisfacen en \u00e9l. Y eso engancha.<br \/>\nSiguiendo estos razonamientos el arte que se deriva del amparo de una musa no nace para satisfacerla a ella en primera instancia, sino al propio artista, a los colegas y a las exigencias de la profesi\u00f3n, t\u00edpico de una identidad masculina construida de forma grupal. <\/p>\n<p>Poco le importaba a Dante que Beatriz admirara sus obras, o a Dante Gabriel Rossetti que Lizzie se quedara p\u00e1lida al verse pintada muerta una y otra vez. La idealizaci\u00f3n es un modo estrat\u00e9gico de aproximarse a la mujer real cuando el poder de esta sobre el acto creador, aterra. Los Surrealistas lograron ser maestros en esto, en cosificar e instrumentalizar el papel de la mujer concreta.<\/p>\n<p>As\u00ed, enmarcado por las pautas del amor rom\u00e1ntico heterosexual, podr\u00edamos generalizar diciendo que el arte inspirado por las musas se sit\u00faa en el terreno de lo p\u00fablico, mientras que el arte inspirado por los musos, suele ahogarse en el terreno de lo confesional y lo privado. Y que esto redunda en el cl\u00e1sico y perverso sistema social atrapado en el binarismo de g\u00e9nero, un feo asunto.<\/p>\n<p><strong>Y para finalizar, final feliz<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, en ocasiones estas fronteras se revientan y ser musa se convierte en una digna profesi\u00f3n compatible con el \u00e9xito propio. Es el caso de Lou Andreas-Salom\u00e9. Mujeres excepcionales con la suficiente fortaleza interior, inventiva y aguante como para establecer relaciones en serie con uno o varios artistas necesitados de cuidado exterior, Nietzsche, Freud, Rilke\u2026. Musas escritoras de memorias que nos han legado valiosos testimonios de este savoire faire, mujeres cuya mayor obra es sin duda el artista en s\u00ed.<\/p>\n<p>En muchos casos la musa baja de las alturas y se convierte en pareja, esposa, del artista cruzando la m\u00e1s peligrosa de las fronteras, pasando del eter al domos. Es el caso de Gala, de Yoko Ono, de Zelda Fidgerald, Lee Krasner y Sof\u00eda Berhs, por ejemplo, que acab\u00f3 transcribiendo las obras de Tolstoi tantas veces como hijos suyos pari\u00f3, trece, que se sepa. De ninguna de ellas hemos o\u00eddo hablar especialmente bien hasta que la historia contributiva feminista se ha hecho cargo de investigar su papel activo en la construcci\u00f3n del mito, un poquito m\u00e1s a fondo.<\/p>\n<p>Y por fin est\u00e1n esas gloriosas excepciones como Marguerite Duras, Sidonie -Gabrielle Colette, Isabelle Eberhardt o Virginia Wolf, que supieron inspirarse de muso en muso y de musa en musa, sin quedar nunca atrapadas por el espejismo. Y por supuesto paladines de la causa del muso, aunque sea en la ficci\u00f3n, como el adorable Vizconde de Valmont pegado hasta la muerte a las suelas de la Condesa de Merteuil.<\/p>\n<p>Tal vez, sentadas las bases para que cada cual adopte libremente el rol que mejor le convenga siendo plenamente consciente de ello, convenga acabar reflexionando si la idea de la musa-muso no ser\u00e1 precisamente un fetiche freudiano, en la l\u00ednea de lo que ya dec\u00eda Colette: <\/p>\n<p><em>\u201cEs posible que con el deseo de pintar la flor, se inicie en el pintor, la tentaci\u00f3n de lo imposible.\u201d\u2026\u201d Sucede a los m\u00e1s grandes de entre ellos \u2013 a los m\u00e1s grandes solamente- escapar a la humildad, olvidar la obra maestra perfecta que les sirve de modelo, buscar en si mismo, la flor que no existe.\u201d\u2028<\/em><\/p>\n<p>TREMENTINA LUX<br \/>\nDiciembre de 2012<\/p>\n<p>*Gracias a Ana Sospedra y Alfredo Ru\u00edz por invitarme a escribir este texto para colaborar en el Llibret de la Associaci\u00f3 Cultural Falla Pla\u00e7a de Jes\u00fas con motivo del proyecto \u00abDespr\u00e9s de la desena musa\u00bb. Gracias tambi\u00e9n a los autores\/as de la edici\u00f3n por llevarla a cabo con tanta profesionalidad. La imagen que acompa\u00f1a el texto lleva por titulo: \u00abLa Sombra, boceto para el origen de la pintura seg\u00fan Plinio el Viejo\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cDos personas se conocen, dos artistas. Conectan. ELLA le dice a \u00c9L: \u2013Aspiro a inspirarte. \u00c9L le dice a ELLA: \u2013Ya lo haces. Al despedirse, ELLA le dice en tono de confesi\u00f3n: \u2013En realidad eres mi muso. \u2013Me gusta. 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